Martín Caparrós

Yo, gorila cipayo zurdito mercenario

Por: | 08 de marzo de 2012

Abandono-perros-animales-2
Hoy voy a escribir sobre algo que no tiene por qué importarle a nadie: yo. Y voy a ser, por una vez, muy franco: no sé qué hacer. Me siento, como pocas veces en mi vida, pegajoso, incómodo, entrampado. Enredado en una situación donde no sé qué hacer.

La síntesis es casi fácil: me veo en medio del fuego que se cruzan los sectores más poderosos del país. Por un lado, los ricos nacionales e importados que siempre disfrutaron la economía de la Argentina; por otro, la máquina peronista setentona –ya va a cumplir setenta años– que controla desde hace tanto su política.

Suelen estar aliados, y todavía mantienen muchas lazos. Pero ahora se ladran porque el peronismo quiere recuperar parte del poder del Estado y algunos de los más ricos están tan mal acostumbrados que no quieren soltar nada –y arguyen, con cierta razón, que ese poder del Estado no se usa como debería.

En cualquier caso los dos bandos –con sus matices y sus diferencias internas, por supuesto– coinciden en querer presentar la realidad como si ellos fueran todo, lo único que hay: a ambos les sirve pretender –tácita, enérgicamente– que sólo se puede discutir entre esas dos formas –no muy distintas– de administrar el capitalismo de mercado. A ambos les conviene postular que todas las posibilidades del presente y el futuro argentinos se reducen a ponerse del lado de Clarín y las cerealeras y ciertos bancos o del lado de Fernández y las mineras y contratistas y otros amigos de lo ajeno. A  ambos les sirve proclamar que si no estás con uno de ellos estás con el otro –de ellos. Mecanismo que llega a la cumbre en el argumento peronistacéntrico de que si uno critica ciertas medidas oficiales está haciendo lo mismo que Morales Solá, Grondona, Spichicucci. Que todos los que están contra mí son la misma mierda es una vieja táctica de cualquier poder: unificar para descalificar en masa. El kirchnerismo, obediente, la aplicó: esa idea de que existe tal cosa como “la oposición” es uno de los logros de su aparato relator. No hay ni tiene por qué haber una; son proyectos muy distintos, y oponerse no debería definirlos. Ya lo quisiera el ínclito gobierno, pero su sombra no es tan larga: no alcanza para hacerme pensar con Alfonsín o Macri o De Narváez o Binner. Yo no quiero estar con unos o con otros –porque no estoy con ninguno de ellos–, y no resulta fácil.

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Es cierto que a veces parece que criticara más al gobierno peronista que a los grandes ricos tradicionales y sus pobres representantes políticos. Supongo que hay razones. Por un lado, es el gobierno el que produce la mayor parte de los hechos sobre los que se puede pensar y/o decir algo; pero además no necesito, como otros, sobreactuar la crítica a la corpo o la opo o la derecha en general porque no acabo de empezar a hacerla. Llevo –a diferencia de muchos kirchneristas– años y años en ese menester. De algún modo la doy por sobreentendida: la he dicho tantas veces, y la distancia me parece obvia. Con el gobierno no es lo mismo, porque a menudo dicen cosas que yo podría suscribir; el problema es lo que hacen.

Entonces, a veces, por mis críticas al gobierno, la derecha no presidencial me cree disponible y me ofrece espacios, alianzas que no quiero. No quiero firmar solicitadas con las plumas tradicionales de los grandes diarios, no quiero pedir libertad de prensa para los que nunca la respetaron ni legalidad para los que siempre se la pasaron por el forro, no quiero reclamar garantías jurídicas para los “inversores” ni libertades para los “mercados”. Envidio a quienes saben en qué “valores democráticos” basan sus amonestaciones. No son los míos. Por eso no quiero, siquiera, que mis críticas puedan asimilarse a esos sectores, y no siempre lo consigo. No sé si prefiero el insulto abusivo al aliento de quien creo lejano. Es cierto que en el bando de los que más me pelean tengo muchos amigos y, en principio, más coincidencias que en el de los que a veces me halagan. Hay tardes en que eso me hace preguntarme si estoy equivocado. Me lo pregunto, lo pienso; creo que no.

(Una de las grandes confusiones de estos tiempos confusos, sin metas ni proyectos, es aquello de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos; con ese silogismo siniestro algunos nacionalistas argentinos y casi peronistas se sintieron muy cerca de Adolf Hitler; con el mismo, el partido comunista se alió con el embajador americano contra Perón en 1946.)

Me siento, en síntesis, atrapado entre los que hablan de justicia y se dedican a acumular podercito, y los que los atacan en nombre del respeto a las instituciones; los que dicen que quieren un capitalismo en serio en nombre de los que pelearon contra el capitalismo y los que dicen que quieren un capitalismo en serio en nombre de los que inventaron el capitalismo y lo reinventan con cada cierre del mercado.

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Pero tampoco debo -ni puedo- hacerme cargo de lecturas, decisiones ajenas. Un tipo me dice en tuiter “sabelo, los que te leen ahora no son los mismos que te leían antes”. Sé que en casos es así y, de algún modo, lo siento: a veces lo siento. Pero no por eso dejo de creer que sucede porque muchos de esos “que me leían antes” se entregaron a –seamos piadosos– los cantos de sirena oficialistas. Claro que me gustaría que me siguieran leyendo; sin duda no me gustaría hacer lo que tendría que hacer para eso: no lo haría.

Como triste consuelo me aparece la idea de que muchos de los que ahora me putean van a decir, en unos años, ah tenías razón –como pasó otras veces, disculpen que lo diga: son esas cosas que uno no debe decir, pero lo creo. Mientras tanto algunos pelandrunes resultamos un grupito –patético– de iluminados de segunda: gente tratando de que más gente se dé cuenta de lo que creemos saber. Que cuando choca un tren o dictan leyes antiterroristas o reprimen a los pobladores de Famatina y Tinogasta decimos ves, yo te lo dije, eso es lo que es este gobierno; que cuando sale en los diarios que la Gendarmería nos espía o que el vicepresidente hace negocios turbios o que la presidenta descalifica a los maestros nos sonreímos pensando y ahora qué van a decir y nos da, dentro de la preocupación, un trocito de gusto culposo. Es una mierda, y es una sensación que ya conozco: ahora todos cuentan los noventas como una larga cruzada unánime, esos tiempos en que estábamos todos unidos contra Menem porque “estar contra Menem era fácil”; se olvidan –intentan olvidar, que es la primera condición de su Memoria– de que éramos muchos menos que todos: los apoyos, los números del peronismo en el poder eran más o menos los mismos que ahora, e incluían, sabemos, a buena parte del aparato gobernante. Supongo que dentro de diez años también la van a contar así. Y no lo digo –espero– por puro delirio: estoy convencido –modestamente convencido, si esto es posible– de que así será. Pero, mientras tanto, es duro.

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“Lo bueno que yo le veo a este gobierno es que si lo corren por izquierda, responde”, dijo un comentarista de este blog, y preguntó: “¿Qué posición tomará Caparrós si en el inicio de las sesiones Cristina decide mandar un proyecto de regulación, estatización y nacionalización de la explotación minera? ¿Apoyará la medida, o se quejará porque no se hizo antes?”. “Cristina”, sabemos, no lo hizo, pero la pregunta era buena por pertinente, porque este gobierno suele tomar tarde medidas con las que yo habría estado de acuerdo. Y me gustaría poder contestarla por la positiva: ah, por fin, qué suerte. En cambio tiendo a contestar por la suspicacia: ¿por qué, si durante tantos años hicieron lo contrario, ahora hacen esto? ¿Qué se esconde? Es triste pero puedo, faltaba más, justificarme: enunciar distintos casos en los que medidas que me parecían deseables dieron resultados perfectamente indeseables.

Mi relación con este gobierno peronista puede sintetizarse en muy pocas palabras: tras nueve años de mirarlos de cerca no creo que sean de izquierda, no creo que quieran una sociedad como la que yo querría; creo que están tratando de emprolijar y hacer viable y perpetuar un orden social muy injusto. Y que, para eso, de vez en cuando toman alguna medida con la que estaría de acuerdo sino fuera porque, en general, la desnaturalizan con su práctica. No es mucho más que eso: nada grandioso, nada heroico. Pura viveza criolla. La épica posibilista de este gobierno opositor.

Creo que lo que no soporto es precisamente eso: que digan lo que podría decir pero hagan lo contrario: que desvirtúen malversen malbaraten un discurso con el que querría estar de acuerdo –y que, después de ellos, va a quedar descalificado por unos cuantos años: va a ser muy difícil volver a hablar de cuestiones tales como la redistribución de la riqueza y la igualdad, rebajadas por tanto manoseo.

Pero también sé que, como creo lo que creo, cuando analizo lo que hacen le busco las pulgas –y en general es muy fácil encontrarlas, pero mi actitud me molesta. Es cierto que estoy empeñado en ver la mitad vacía del vaso porque creo que estos señoras y señores no quieren llenarlo. Pero, más allá de mis razones, sé que mi mecanismo es reductor, mecánico, levemente injusto. Me incomoda.

Y encima debo confesar –a mi pesar, en mi contra– que cuando veo a la señora presidenta perorando con su tono cada vez más Su, riendo chistecitos internos, repartiendo ironías mal armadas, extremando la historia personal, hablando de lo linda que era la vista desde su cuarto de sanatorio del Opus Dei o llorando en los momentos indicados, no la soporto. Me irrita más allá de la razón y busco en lo que dice más pulgas, puntos flacos. Me pasa lo mismo que, últimamente, cada vez que andaba por “Palermo Hollywood”: no podía parar de compararlo con ese barrio tranquilo y amable de cuando iba a la escuela República de Cuba, años sesentas; me pasaba el paseo detestándolo y decidí dejar de ir. Pero no puedo dejar de pensar sobre lo que hace el gobierno, y lo sigo haciendo de ese modo molesto.

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Me gustaría cambiarlo; no lo logro. Lo cual podría explicar la saña de los ataques kirchneristas. Eso, y que algunos supusieron, por mi historia, que sería de los suyos, y algunos incluso creen que fui kirchnerista y lo dejé; no es así: desde el principio preferí pensar en función del presente y el futuro, no de pasados míticos y relatos dudosos. En cualquier caso, me atacan con denuedo y, a menudo, me tiran con pavadas, a veces incluso por deporte, por costumbre. Ejemplo tonto de un tuit de hace unos días, de una tal selene:  “Me leí todos los diarios. Bardié a caparrós. Boludié en fbk. Me quedan aún 6 horas acá adentro del trabajo :( ”.

Alguna vez he tratado de pensarme como parece que me ven algunos  –más o menos– jóvenes –más o menos– militantes: un viejo garca que supo tener ciertas ideas o ideales, que hasta hizo alguna cosa con ellos pero ahora se entregó, capaz que por la guita, quizá porque todos claudican. Me interesa la imagen: estoy seguro de que yo mismo la debo haber aplicado a varios –aunque no recuerde uno preciso– cuando el joven militante era yo. Y, sin embargo, me veo tan lejos de esa descripción acusatoria.

Pero más lejos todavía me veo de la más frecuente: que escribo lo que escribo por mercenario y por vendido. ¿Vendido a quién? ¿Quién se supone que me paga? Nunca precisan: Magnetto, las corporaciones, la derecha, España –son casi universales. Ya que lo dicen tanto, voy a ser claro: no trabajo para ninguna empresa argentina. Mi único empleo, ahora, es este blog, donde gano mucho menos que lo que ganaba el año pasado por un trabajo semejante en Newsweek, y sólo un poco menos que un cobrador de peaje con cinco años de antigüedad. No tengo más; el resto son mis novelas, mis crónicas.

Nada me habría resultado más rentable que hacerme kirchnerista; me alcanza con ver lo mucho que ganan tantos colegas que lo hicieron. Si hay algo en mi vida que me hizo perder plata fue no apoyar a este gobierno. No sólo plata: mi vida habría sido tanto más agradable si hubiera tenido apoyos, un grupo de pertenencia, ciertas prebendas, menos insultos, la posibilidad de pensar que estaba participando de algo, la chance incluso de creer, algunas noches, que era algo que valía la pena. Si no lo hice –y no lo hago– fue porque realmente no pude –y no puedo–: porque no consigo pensar que estén construyendo una sociedad más parecida a la que yo querría, a la que creo necesaria. Es una lástima –y además me cuesta muy caro.

Por suerte, el epíteto mercenario suele venir acompañado con otro de esos que resucitaron estos últimos años: cipayo. Cipayo es una palabra fuerte, cargada de sentidos, oxidada: más allá del origen, que casi nadie conoce, es una apelación a lo más cerril del nacionalismo. Y si hay algo que me separa definitivamente del peronismo es esa careta patriotera que se ponen cada vez que quieren disimular algo –justo después de entregarle el petróleo a la California en 1952, a la Panamerican en estos años. Pero no porque sea falsa: sólo porque es nacionalista.

(Por no hablar de cuestiones como la que intenté sintetizar en un tuit que decía que lo que no soporto es que me insulten con errores de ortografía: sin la menor altura. O con esa pretensión arrasadora que ejemplifica, por ejemplo, el que me puteó porque escribí la palabra “atónito”. Era, dijo, una marca de mi altanería: usás palabras raras, papá, hablá más fácil. La burricie como política cultural es de una tristeza que recuerda demasiado al libros no –y que, por suerte, no todos los peronistas sostienen.)

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Son minucias. Si los insultantes supieran cuan poco me afecta que me digan cipayo o pelotudo y cuánto, en cambio, cuando me contradicen con un argumento que merece una segunda reflexión, harían un esfuercito. Pero lo realmente malo, para mí, es que no sé qué hacer. Estoy en medio de una pelea en que no veo cómo sería ganar: una pelea entre dos grandotes que quieren cosas parecidas, y nada de lo que yo querría. Y la pelea recrudece, las puteadas vuelan, los amigos se enojan, la vida se complica, se nos va: se gastan infinitas energías en chimangos. Lo he dicho muchas veces: no estoy en contra de los enfrentamientos; creo que hay veces en que vale la pena pelearse, enfrentar: cuando algo importante está en juego. Esta vez, insisto, no lo encuentro. El gobierno peronista no va a cambiar nada decisivo en la vida de millones que lo necesitan; un eventual gobierno de su oposición boquipapa menos todavía –y no aparecen alternativas de algún peso. Por eso, tanta pelea por tan poco me parece pura pérdida.

Pero, al mismo tiempo, es lo que hay, la Argentina que toca; por eso no sé qué hacer. Me gustaría poder situarme en ese debate con una causa y pensar que lo que hago contribuye. Me gustaría compartir las convicciones de algunos amigos que te dicen que en sus doscientos años de historia la Argentina nunca cambió tanto y que estamos construyendo un país justo mientras sus jefes se llenan de oro y sus pobres votantes siguen sobreviviendo con un mendrugo universal por hijo; me gustaría aunque más no fuera compartir las de otros que defienden la libertad de expresión de los que se la guardan, las empresas que tienen el suficiente dinero como para imprimir diarios, irradiar radios, televisar programas. O, cuantimenos, pensar con los que dicen que lo que importa es la verdad y siempre buscan el mismo tipo de verdades porque es obvio que, como todos, tienen una ideología que les hace pensar que ciertas verdades valen la pena de ser impresas y otras menos. No por nada, sólo porque les interesan menos.

Una causa. Me gustaría tener una causa precisa, valiosa, valerosa: la causa popular, la causa democrática, la causa nacional, la causa justa. Pero mis causas no encuentran su lugar en el debate y no sé qué hacer y me da el desespero, y más cuando recuerdo que hay tantas personas a las que todo esto –que a algunos nos parece tan central– les importa tres pitos. Entonces me siento todavía más afuera, y no sé qué es peor.

Digo: no sé qué hacer, y es mi problema. Escribir sobre política consiste en dar la impresión de que uno escribe sobre cosas que importan a muchos. Esto, en definitiva, a quién le importa.

(Aunque si usted, mi querido lector, llegó hasta aquí, es porque vio en estas palabras algo familiar, algo que lo interpela, algo que lo preocupa. La seguimos).

Hay 329 Comentarios

un recuerdo que nos une. 20 de junio de 1955...bombardeos sobre plaza de mayo. yo, un niño que iba a un taller de ceramica y teatro, en la calle cordoba. estaba en la terraza de la vieja casona y no podia ver nada. de pronto, unos fuertes brazos me alzaron y me permitieron ver el humo y los aviones. eran los brazos de tu padre. su cuñada, tu tia, vicky rosemberg,era compañera mia del taller. asi pude ser testigo de ese enfrentamiento entre argentinos.

pasaron muchos años. ahora son tus dedos, la prolongacion de los brazos de tu padre, los que escriben lo que escribieron. los que me siguen permitiendo subir mi altura y percibir este nuevo enfrentamiento, por suerte sin bombardeos pero si con desgarramientos.

la historia tiene continuidad....

gracias por ser quien sos, gracias por ser como sos


eduardo

Anoto un desacuerdo, que me pareció casi una pamplina: esto del lector calificado. O la reflexión acerca de quién te lee hoy vs quiénes te leían antes y el leve pesar que te provoca.
Huelo una actitud un poquitín K (sin ofender).
Yo soy de los que leían a Verbitsky y ya no lo hago.
saludos!

Te queremos mucho y queremos seguirte leyendo, siempre.

A Martin y a quienes se sientan en su situacion, les recomiendo una terapia de activismo en movimientos sociales. Alli la boludez K/antiK o Clarin/678 no tiene tanta trascendencia porque al final de cuenta los K y "la opo" estan de la vereda de enfrente del pueblo en multitud de temas y ocasiones.

Desde los movimientos sociales (activismo gremial, estudiantil, ambiental, vecinal, solidario) luchamos por reivindicaciones justas y necesarias, no por estar "a la izquierda de". Si, hay algo de "ingenuidad apolitica" en estos movimientos, pero la ignorancia y falta de experiencia es una mejor base de la que partir que el dogmatismo y el patriotismo de partido. Alli esta el futuro, y quien se da cuenta de eso, no puede ser otra cosa que optimista.

La verdad que Ud. dice muchas verdades, y realmente logra exponer un alto grado de independencia periodística en su relato. Lo único, que también deja en evidencia, son sus largos períodos de ausencia dentro de la Argentina, habla como si no conociera a los Argentinos, como si Ud. no fuera uno más. Lamentablemente, todo lo que nos pasa es pura y exclusivamente culpa nuestra, somos los Argentinos los que sistemáticamente votamos gobiernos corruptos y participamos de ellos; y mientras no reconozcamos quienes somos y como actuamos, jamás lograremos un cambio. Lo que Ud. dice, no es más que una utopía del pensamiento liberador, claro que es fácil opinar de esta manera, de hecho seguramente la mayoría piense así… pero ya vemos, Ud. mismo reconoce su pequeña (o casi nula) participación activa en nuestro país ¿Que podemos esperar del resto que tiene mucha menos educación y medios para poder expresarse?
En fin, lo que intento decir, es que la culpa no la tienen los gobiernos, sino los que votamos a sus componentes; es por esto, que mientras sea así, prefiero a quién defienda los intereses y derechos de la Argentina más allá de los modos que se utilicen, de los cuales probablemente estemos de acuerdo que no sean los más apropiados.
Sería de gran agrado una devolución de su parte.

Mopi querido, es tan difícil no coincidir contigo... Sigo sorprendida de escuchar y de leer a mis viejos amigos tan contentos con los "K". A mí también, algo me huele raro. Veo situaciones inmediatistas que no permiten avizorar un futuro menos negro que el que planteas. Pero, igual que tú, suelo ser pesimista y veo las cosas desde afuera. México no brinda mejores posibilidades para verlas de otro modo. Sin embargo, no logro entender la pasión de quienes antes se decían de izquierda (y que se siguen identificando como tales), no peronistas, y que hoy en día consideran que el proyecto actual es lo mejor que podía haberles pasado. Es cierto, muchos encontraron curro en el estado, y seguramente consideran que están contribuyendo a solucionar la pobreza estructural (dejando de lado la intelectual y la posibilidad de recuperar espacios de industrialización, ni hablar de sustituir el monocultivo)... No obstante, en la capital, bastón tan preciado de la cultura, gobierna la derecha más recalcitrante... No me considero una iluminada. Sé que tampoco lo piensas de ti. Pero España nos muestra un camino que seguramente los argentinos, los de afuera y los de adentro, no queremos transitar, ya lo hicimos y nos fue mal. Si de casualidad alguna vez lees esto, contéstame, será muy grato volver a leerte en directo. Un abrazo gigante y otro gracias que se suma al resto...

Recién, leí tu nota, y por momentos, me pareció, estar leyendo a Lanatta, (esta comparación, por ahí suena odiosa, o quizás pobre de reflexión) pero alguna de tus pensamientos me parecieron coincidentes, es así o estoy totalmente equivocado; ahora bién, en caso de no estar equivocado: ¿en que se diferencian en lo ideológico? Yo también, no se donde ponerme, en esta especie de locura colectiva que no admite matices.

eso hasta que te entregas a la causa peruana. Después sólo queda cada día probar una causa en un lugar distinto. Y sino, lo mejor, haz tu propia causa.

Siempre me desiluciona a los tantos que salen a comentar como respuesta a esta pieza de periodismo, que guste o no a la gente, es genuina y respetable. Siempre salen a contestar, a juzgar... Donde estaban todos ustedes ayer, cuando la nota aun no existia? Que triste, que lo unico que se sabe hacer es reaccionar, en vez de actuar, de crear una voz y un futuro propio. Si, a la gentusa que escribio comentarios, le digo.

Tu confusión realmente confunde, no se cual de los calificativos te cabe mejor. Con algunas de las críticas hacia el gobierno coincido pero es que has sido tan versátil, demasiado poetico en tus posturas, un tanto histrionico como la presidenta, cursi en usar terminos como pamplinas (si nos hablás a los argentinos, decí macanas es mucho más significativo, Yo creo que debieras hacer una autocrítica tal vez no desaprovechas los espacios de la derecha y es bastante evidente. Tal vez te sedujeron los cantos de sirenas, ellas cantan para todos y cada cual elije el tono...En síntesis me gusta como escribís pero en el tema político no me resultás un referente.

coincido con vos en varias cosas, no en que las alternativas hay que esperarlas; hay que ir haciendolas, es dificil, pero ese es el desafío; la mayoría de los personajes y organizaciones que hicieron historia, no esperaron que algo les aparezca, vamos entonces por hacer realidad la opción-oposición anticapitalista, para lo que nos queda de vida y para nuestros hijos

Me encanta lo que escribis y como lo escribís, me sentí muy identificada con tus palabras, si alguna vez querés sacar fotos para tu libro encantada!

saludos- Rosanna

Siento una gran ansiedad, temor y angustia ante lo expresado, termine la lectura y siento dentro de mi una gran necesidad de liberar en un grito todo esto. Me desespera el pensar que las cosas no vayan a cambiar, que estemos destinados como Nación a siglos y siglos de lo mismo, espero con ansias algún día esto pueda cambiar, espero algún día sentirme feliz de pertenecer. Muchas gracias.

De acuerdo, Caparrós, con el mensaje básico: lo difícil de buscarse un lugar en el debate político de la Argentina actual, donde la opinión es clasificada (en 1 de 2) antes de ser escuchada.
Algunas observaciones:
1) Lamento que abraces en varias ocasiones a la falacia de la argumentación ad hominem: "no quiero, siquiera, que mis críticas puedan asimilarse a esos sectores". Pues bien, es posible que sobre algunas cosas los ricos y poderosos de siempre tengan razón, a pesar de que vos y yo estemos de acuerdo en que jamás habría que involucrarse, "aliarse" -por decirlo de algún modo- con ellos. Decir que tienen razón sobre X o Y no implica eso. La inversa -desde el gobierno contra la oposición- es la misma.
2) Lamento que veas tan negro y condenado el panorama de la actividad del actual gobierno. Las mineras, las concesiones de explotación de la plataforma, la ley antiterrorista, las paritarias docentes, la tácita aceptación de la posibilidad de una reforma constitucional para la re-re, la restricción a los libros... Todas cuestiones nefastas. Sin embargo, muchas otras cosas se han hecho con un valor importantísimo y el viejo cuento de la intelectualidad crítica parece impedirles a muchos la referencia, como si criticar y elogiar fueran en sí mismas exhaustivas y mutuamente excluyentes: controles a exportaciones e importaciones, reestatización de Aerolíneas y de las jubilaciones, juicio a los militares, eso que vos llamás "mendrugo universal por hijo". Es verdad, una cosa son las legislaciones y otra la aplicación de ellas (Aerolíneas es un ejemplo paradigmático), pero -otra vez- una cosa no quita la otra.
3) Relacionado con esto está lo de "Llegó, pero tarde." Si entendemos lo anterior, entonces no puede ser que siempre todo llegue tarde, en el sentido de cuando ya no sirve. Hay cosas que se pueden manejar aún, y que no están condenadas al fracaso de antemano. Tarde es mejor que nunca, y si el ciudadano común obtiene algo, aunque con los políticos llenándose los bolsillos, pues bien, quizás eso sea mejor que sin que nadie gane nada, que los de siempre ganen todo.
4) El tono del artículo tiene mucho de lo que le criticás a los discursos de la presidente, pero pasa, porque en tu caso no es una práctica habitual.
Por lo demás, la causa sigue ahí: que las medidas loables sean cada vez más y las otras se reduzcan, que se reduzcan también esos llenados de bolsillos, que se achique la difusión sistemática de mentiras, que se mire cada vez más al laburante de bajos recursos y menos al gran empresario. Todo como cuestión de grado, porque los absolutos son imposibles. Y esas reducciones y acrecentamientos son de todos modos dificilísimos, pero son la causa. Y esa causa no es más lejana e inalcanzable hoy que lo que fue hace 10, 20, 30, 80, 150 años.

Creo que, además de lo que describís visceral y francamente, seguís situado en tus principios anclados dentro de tu propia integridad varios decenios atrás. El mundo cambia y el país forma parte de ese mundo que cambia. Otra premisa tuya es que este Gobierno sea peronista, mientras que a mí me gusta porque —precisamente— no lo veo peronista. Finalmente, me gustaría que pudieras tener una vista, una perspectiva más comprehensiva de la realidad. Lo que describís, lo hacés firmemente con tus zapatos en Buenos Aires y me gustaría que te pusieras zapatillas neuquinas (como yo) o zapatillas de otras provincias, diferente de CABA, BA, y SF. No te lo quiero decir reprochándotelo; quiero contribuirte a que realmente no peques como los notables periodistas y notables políticos que miran y ven estacionados en en el Río de La Plata. Es una invitación. No es una crítica. Y un último detalle: cuando Montoneros hizo percha la fábrica de aires acondicionados S....y (que en 1953 produjo el primer acondicionador de aire fabricado en América Latina), lo hicieron creyendo que el nombre era extranjero y la suposición fue que el capital de la empresa, también era extranjero. Así como "no todo lo que reluce es oro" supongo que todo lo que aquí calificás como "del mismo barro" tampoco sea precisamente lodo. Un abrazo.

Martín yo creo que si decidiste publicar lo que te pasa es porque, en algún punto, sospechas que a muchos nos pasa lo mismo. Los mismos ridículos que te critican por usar palabras poco comunes como atónito también te criticarán por agorero cuando decís (como yo y como muchos) que de acá a diez años vamos a mirar para atrás a este período y lo que vamos a sentir es vergüenza, así como nos pasa con la década menemista, con la guerra de Malvinas y con la infinita lista de nuestras hipocresías. Pero, como siempre, criticar o definir los negativos, los no quiero, los no me gusta, es mucho más fácil que definir lo que sí queremos y lo que sí nos gusta, me gustaría sugerirte, invitarte a escribir sobre eso. Decís que este gobierno no quiere una sociedad como la que vos (y yo) querrías; decís que crees (y creo) que están tratando de emprolijar y hacer viable y perpetuar un orden social muy injusto. Pues entonces me gustaría que hiciéramos el intento entre muchos de definir lo que sí querríamos. Eso es constructivo, si nos queda energía y si nos quedan huevos quizás esa se la gran tarea.

Martín, me pone contento saber que no soy el único que siente las cosas que describís. Aprovecho para mencionar también el artículo sobre los ¿por qué? ella debía o no presentarse en las elecciones. Hoy se confirman tantos de tus escritos. Te mando un fuerte abrazo y en diez años, si estamos, nos reiremos del 54% diciendo: yo no, yo no lo vote.

Después de tantos comentarios no se si llegarás al mio (y después de leer 300 es entendible!). Es la primera vez que participo de esta manera en un blog y lo hago porque siento la necesidad de expresarte mi admiración por tu trabajo y de reivindicar tu lucidez contra algunos de los comentarios que más que opiniones son faltas de respeto. A veces se confunden opinar con decir cualquier boludez de puro desinformados, faltos de ideas o llenos de odio. Creo que hay muy poca gente coherente con su discurso y lo suficientemente honesta intelectualmente como para hacerse planteos y replanteos como lo hacés vos. Lo que escribís en esta entrada se parece mucho a lo que siento yo por este gobierno que día a día me desilusiona más. Que dicen una cosa y hacen otra. Que nos quiere convencer de que son otra cosa pero son lo mismo, o peor, porque se creen dueños de la verdad. Un gobierno que permite que diputados y senadores se aumenten un 100% sus sueldos cuando hay médicos y maestros que luchan en las calles hace meses por un 15 o 20% escalonado, es amoral. Un gobierno que nos quiere hacer creer que la corpo es el culpable de todos nuestros males, nos toma de estúpidos. El problema es que yo paso por estúpida y me indigno mientras otros corren peor suerte mendigando en las calles o recorriendo hospitales para que los atiendan mientras el hijo de un político regala pasajes de avión a sus amigos, los viáticos que cobró el papá y no va a usar. En fin, no quiero darme manija y revolver injusticias que conocemos todos. Simplemente quiero decirte que lo que expresás acá nos pasa a muchos (consuelo de tontos, quizás) pero quería contarte que lo que vos escribís en cada nota me hace ver las cosas de otra forma, reflexionar, sacudir mis propias ideas y volver a pensar. No es común que pase esto en una época en la que ser K parece que es "cool" entonces todos tienen un discurso prefabricado, vacío de convicciones y real análisis. Aunque te puteen, está bueno que exista gente como vos que diga lo que piensa, aunque no quede bien ni caiga simpático, aunque todo lo que digamos y sintamos viviendo según las leyes de un sistema capitalista sea contradictorio.
Por otro lado, te cuento que leí muchos de tus libros y me encantan. Tenés una visión muy particular de las cosas. Un día en la vida de Dios me pareció genial!
Te felicito y seguí generando polémicas que algunas de la reacciones que generás en los demás son muy divertidas! Y no le hagas caso a uno que dijo por ahí que vendas tu notebook para darle de comer a los pobres (ojalá fuera tan fácil). Seguí escribiendo!! Saludos desde Córdoba

Gracias. Había olvidado lo reconfortante que era la sensación de leer a alguien que escribe - palabras más, palabras menos - lo que uno piensa. Y mucho más, lo que uno siente.

Martin, soy un joven psicologo y siempre simpatice con el kirchnerismo. Siempre quise aferrarme a esa esperanza. Pero, mi formación psicoanalitica no me permite enrolarme, con la ceguera epica que se instalo en los ultimos años.
Admiro a los criticos como vos. Es facil dormirse en el entusiasmo despues de tantas crisis, pero vos como otros, siguen mostrando los agujeros y eso esta muy bien.
Querés una causa? Aunque sea por ahora, la lucha contra la burricie como politica cultural. Causa gracia ese binarismo y chatura tan de moda. Que la causa hoy en día sea contra esa clase de idiocia ( y hablo clinicamente) que propone pensar con cuatro o cinco palabras.
Cuando los veo discutir a los ultra con argumentos tan lineales, me recuerda a ese "palermo hollywood" del que hablas. Pequeños burgueses haciendo malabares con tres conceptos. Son casi cómicos. Siga molestando Caparrós!
Un abrazo grande!!

Está bien, Martín. Pero mientras vos y muchos otros dudan o no están convencidos, hay un gobierno que está haciendo lo mejor que puede (o lo que quiere), para hacer una sociedad un poco más justa. Es reformismo, es capitalismo salvaje disfrazado o como quieras llamarlo, pero es mejor que Menem, que Videla, que Alfonsín y que cualquier gobierno (excepto el peronismo original) de la historia del país y de toda América latina. Mientras vos y otros dudan, hay miles de personas a las que sí les está cambiando la vida: a los homosexuales que se pueden casar y adoptar, a los peones rurales que hoy tienen leyes que los protegen, a los jubilados que tienen dos aumentos anuales... No son nada al lado de todo lo necesario para vivir en ese país que te gustaría, pero ese país que te gustaría no existe en ninguna parte del mundo, en ningún momento histórico. Las banderas que se levantan hoy -incluso cuando sea sólo desde la retórica- pueden ser acciones concretas en el futuro. Los militantes kirchneristas no son todos camporistas que viven de las dádivas del gobierno; hay pibes que despertaron a la política gracias al kirchnerismo, pibes que se enteraron de que existía "la corpo" y que el periodismo ocultaba verdades y hacía visibles otras por la misma razón, pibes que están en el kirchnerismo porque ven que sus reformas -aunque insuficientes- existen y ayudan a acercarnos un poco al país que vos querés. Entiendo que a vos no te alcance. A muchos de nosotros -criados en pleno menemismo- nos parece alentador. Lo único que deseamos es que se nos respete nuestra oportunidad para creer. Y tener interlocutores como vos, que nos permiten abandonar ese extremo incómodo en donde te ubican los que sólo saben insultar, los que "no la aguantan" o los que no son capaces de entender el valor de la duda. Abrazo.

Martín, noto sinceridad en tus palabra, algo poco usual en estos tiempos bipolares, o quien sabe si siempre haya sido así cuando se trata de cuestionar al Poder. Porque en mi humilde opinión, es eso lo que atraviesa tu artículo, lo complejo que resulta confrontar con los Poderes, cualquiera sea su signo, desde la sinceridad, desde el riesgo o el hecho patente y real de quedar solo.
A ver, entiendo, y en algunos casos, comparto tus críticas, que creo yo es la verdadera función del intelectual. Pero una cosa es el análisis intelectual y otra el político, y es ahí donde tamizo las mías. Quiero decir, empezaría por pensar que un político que aspira al cambio real, -no a las entrevistas periodísticas- es básica y necesariamente un estratega, un jugador que no repara en los modos de lograr sus objetivos. Y es entonces cuando, tal vez, uno, sino justifica, si comprende muchas de sus razones, como por ejemplo los tiempos en que se impulsan ciertas medidas o el uso político de ciertas causas. Por eso razón, nunca sería militante de ninguno de ninguno de ellos. Pero también por esa razón, puedo reconocer sus logros concretos, al margen de como los hayan obtenido. Tal vez, ahí radique la encerrona. Un análisis de un intelectual crítico, nunca podrá ser complaciente, pero el punto de vista político, puede llegar a hacernos comprender los fines y sus necesarias causas. Si, el “posibilismo épico”, pero no en un mal sentido, sino el de entender lo difícil que es cambiar el statu quo. Y en este sentido, me interesa retomar lo que señalas sobre si, en el fondo, ese cambio no es más de lo mismo. Personalmente pienso que no, sería largo explicarlo acá, pero aunque así fuera, existe una cuestión dialéctica. El solo surgimiento de una antítesis posibilita una síntesis, y aunque más no sea por eso, pienso que existen esperanzas.
Pero nuevamente, este sería un análisis político. Y el tuyo, el de un intelectual crítico. Altamente necesario. E imagino cuan difícil. En todo sentido. Y es que es no es tan fácil como parece dilucidar cuando se trata de pulgas y cuando de reyes desnudos. Pero no hay dudas que algunos de tus argumentos son irrefutables, que creo necesario atender, aunque no nos guste escucharlos.
Con todo, tengo algunos reparos a ciertas críticas que señalas.
Una practica, es siempre una desnaturalización de una idea. Alcanza con pensar en la Justicia o la Educación, para darnos cuenta.
No creo que se busque perpetuar un orden social injusto. En todo caso, hay una gran incertidumbre mundial sobre como arribar a un orden social justo, y de lo que se trata es de intentar una mejora, algo modesto, pero amplio en relación a las políticas que llevaron adelante los gerentes de la colonia, que tanto daño nos hicieron.
Especialmente, no concuerdo con el gusto culposo del “yo te lo dije”. Tarde o temprano, siempre tendrán razón quienes cuestionen al Poder. Eso es un dato fáctico, no tiene por qué dar ningún gusto. Creo que se

Martín, noto sinceridad en tus palabra, algo poco usual en estos tiempos bipolares, o quien sabe si siempre haya sido así cuando se trata de cuestionar al Poder. Porque en mi humilde opinión, es eso lo que atraviesa tu artículo, lo complejo que resulta confrontar con los Poderes, cualquiera sea su signo, desde la sinceridad, desde el riesgo o el hecho patente y real de quedar solo.
A ver, entiendo, y en algunos casos, comparto tus críticas, que creo yo es la verdadera función del intelectual. Pero una cosa es el análisis intelectual y otra el político, y es ahí donde tamizo las mías. Quiero decir, empezaría por pensar que un político que aspira al cambio real, -no a las entrevistas periodísticas- es básica y necesariamente un estratega, un jugador que no repara en los modos de lograr sus objetivos. Y es entonces cuando, tal vez, uno, sino justifica, si comprende muchas de sus razones, como por ejemplo los tiempos en que se impulsan ciertas medidas o el uso político de ciertas causas. Por eso razón, nunca sería militante de ninguno de ninguno de ellos. Pero también por esa razón, puedo reconocer sus logros concretos, al margen de como los hayan obtenido. Tal vez, ahí radique la encerrona. Un análisis de un intelectual crítico, nunca podrá ser complaciente, pero el punto de vista político, puede llegar a hacernos comprender los fines y sus necesarias causas. Si, el “posibilismo épico”, pero no en un mal sentido, sino el de entender lo difícil que es cambiar el statu quo. Y en este sentido, me interesa retomar lo que señalas sobre si, en el fondo, ese cambio no es más de lo mismo. Personalmente pienso que no, sería largo explicarlo acá, pero aunque así fuera, existe una cuestión dialéctica. El solo surgimiento de una antítesis posibilita una síntesis, y aunque más no sea por eso, pienso que existen esperanzas.
Pero nuevamente, este sería un análisis político. Y el tuyo, el de un intelectual crítico. Altamente necesario. E imagino cuan difícil. En todo sentido. Y es que es no es tan fácil como parece dilucidar cuando se trata de pulgas y cuando de reyes desnudos. Pero no hay dudas que algunos de tus argumentos son irrefutables, que creo necesario atender, aunque no nos guste escucharlos.
Con todo, tengo algunos reparos a ciertas críticas que señalas.
Una practica, es siempre una desnaturalización de una idea. Alcanza con pensar en la Justicia o la Educación, para darnos cuenta.
No creo que se busque perpetuar un orden social injusto. En todo caso, hay una gran incertidumbre mundial sobre como arribar a un orden social justo, y de lo que se trata es de intentar una mejora, algo modesto, pero amplio en relación a las políticas que llevaron adelante los gerentes de la colonia, que tanto daño nos hicieron.
Especialmente, no concuerdo con el gusto culposo del “yo te lo dije”. Tarde o temprano, siempre tendrán razón quienes cuestionen al Poder. Eso es un dato fáctico, no tiene por qué dar ningún gusto. Creo que se

Desde la otra vereda te digo que sigas. Posiblemente me agruparías en la "derecha", soy de esos "nuevos lectores" que casi te gustaría que no te leyeran.

Por un lado, tenés la crisis de todo donatista autoconsciente. ¿"Que le vas a hacer"? No te gusta mancharte con el barro de la realidad en cierto punto. Claro que te metés de lleno en temas horribles, pero el centro de tu identidad, ese si que no te lo toquen. Está bien, porque de ninguna otra manera podrías seguir viendote la cara, o mejor dicho, no te sentirías tan bien viendotela.

De todas formas tu funcion, es vital, porque cuando se termine el ciclo de este gobierno, previsiblemente en algun caos, tu postura será necesaria para que los perdidos se aglutinen en torno a algun ideal que se mostró no corrompido, impoluto.

Cuanto mas te vituperan, mas te van a alabar, y todo esto sin entrar en el lado psicologico de este juego.

Como todo creyente, el camino en el desierto es horrible y lo que te hace vivir, lo que te dignifica ante tus ojos. Deberias darles las gracias a Cristina, que te dio la oportunidad de testearte realmente. Menem era facil resistir para tu temple, pero Cristina era mas dificil. No sea que te testeen con nuevo Arbenz en breve.

Abrazo,

Ok mi amigo... por que no hacemos un partido y cambiamos las cosas? Cuando digo un partido no hablo de fútbol... aunque no estaría mal un picadito con asado :)
Desmembrar el actual y su red de corrupción infinita, instalada ya en la genética de la gran mayoría de los coterraneos, no nos llevaría a nada bueno... por que como bien decís... no hay nada potable el la opo... Asi que hay que poner las cabezas a funcionar rápido ... ya que va a ser muy difícil y extenso en el tiempo sacar la MIERDA de la política argentina...
En su defecto dejemos que el devenir de los acontecimientos fluya actué sobre la realidad ... Hagamos reuniones masivas de cabezas que quieren que esto cambie, cerremos los ojos mientras recitamos el mantra "queremos un lindo país realmente igualitario donde la salud, educación, el alimento y el alojamiento no sea un lujo para algunos"
"Que la frase -ROBAN PERO HACEN- produzca diarrea quien la pronuncie"
"Quienes ocupen los cargos sea gente patriota, proba, inteligente y capacitada para el puesto que ocupa"
Pueden sugerir algunas frases mas...
Aprovechemos !!! Aun no cobran impuestos por pensar, tampoco por reir !! :)
:)

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Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de España. Su libro más reciente es la novela Comí.

El País

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