Como suelo escribir en esta pantalla virtualmente hispana sobre la Argentina, argentinos me llaman vendepatria. Más que insulto es expresión de deseo: creer que habría compradores. Pero hoy, en lugar de
cipayo, voy a ser español o gallego o maturrango, que también es lo mío. Lo
soy, de un modo caprichoso: mi padre fue español, sus padres lo fueron. Mi
madre es argentina; sus padres fueron rusos y polacos –judíos, por supuesto. Yo
nací en Argentina y he vivido varias veces en España.