No defendían sus dineros como hace
cuatro años; algunos eran los mismos, otros no, y todos salieron a decir que no
toleran ciertas conductas del gobierno. Yo acuerdo con muchas de sus críticas y,
aún así, creo que no era mi marcha: es más que probable que no comparta con muchos
de los movilizados del 13-S casi nada, que nuestras visiones del mundo y sus
políticas estén alejadísimas; también es probable que haya unos cuantos con los
que sí. Fueron muchos miles: la idea de su homogeneidad
es otro de los trucos del relato oficialista: que eran todos de los barrios
caros, que eran todos de clase media alta, que no pisaban el pasto para no
mancharse, que estaban bien vestidos –enunciado, por supuesto, por
gente de clase media alta que vive en barrios caros, que suele “vestir bien” y
no pisar el césped. Pero es una reducción: había mucho más que eso. Porque la
convocatoria fue dispersa, porque una de las particularidades del gobierno
kirchnerista es que algunos de sus actos pueden producir reacciones semejantes
en personas muy diferentes, porque las consignas de la noche eran más que
variadas.