Cuando murió Néstor Kirchner publiqué -en Newsweek, donde entonces escribía- esta columna sobre el tema. Me gusta la idea de revisarla hoy, justo dos años después, para ver qué cambió y qué no desde entonces.
Me preguntaba por qué la muerte, en nuestra tradición, siempre es mujer: la huesuda, la parca, esa vieja con su guadaña y su capucha. Nunca hemos imaginado a la muerte como un hombre: no hay mejor prueba del poder masculino que esa imagen dibujada en nuestra idea del mundo. Estos días, esa mujer se apoderó de todo: de pronto todo un país pensó en la muerte. Todo un país, durante dos, tres, cuatro días, se embebió de la presencia de la muerte: con ahínco, con rabia, con alivio, con displicencia o con dolor un país se sumió en una muerte.