Por: Guillermo Altares06/02/2012
Rimbaud abandonó la poesía con poco más de 20 años, pero siguió escribiendo cartas a lo largo de toda su vida. Esas misivas han sido minuciosamente analizadas por sus biógrafos y críticos, como cualquier otro material que permita reconstruir la vida de aquel precoz muchacho de Charleville que acabó dedicándose a montar caravanas en el Cuerno de África. Como ocurre con Shakespeare, los cazadores de pistas de Rimbaud son capaces de dedicar años a encontrar una redacción escolar en latín perdida. A diferencia de su poesía, las cartas no son ni brillantes ni enigmáticas, pero, sobre todo las africanas, son una lectura apasionante, una especie de novela de aventuras por entregas relatada por un héroe derrotado y huidizo. Ese personaje, el aventurero que fleta caravanas de armas (algunas de sus misivas contienen las cuentas de aquellas expediciones en las que transportaba por ejemplo 1.750 fusiles y 14 fusiles para elefantes) tenía que cruzarse alguna vez con Hugo Pratt. El resultado lo editó recientemente en España Gallo Nero: un volumen que reúne dibujos del creador de Corto Maltés con una selección de cartas africanas.
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