Por: Ángela Molina27/02/2010
Una segunda muerte, la de Oiticica. Aquel fuego originado en la casa familiar, en Río, a causa de un cortocircuito, había reducido a cenizas una obra radical y única. Pero no su memoria. Y aunque Hélio Oiticica nunca estuvo interesado ni en los museos ni en los coleccionistas (vendió muy poco a lo largo de su vida) allí, inmaculadamente almacenadas, permanecía para historiadores y curadores el trabajo de una figura central de las prácticas experimentales, antecedente del arte social y relacional contemporáneo: las pinturas de geometrías abstractas y relieves, de su fase neoconcreta; los Bólides; los Parangolés (prendas de ropa que creaban sobre el cuerpo complejas arquitecturas); maquetas para laberintos irrealizables, cine expandido, dibujos, anotaciones, fotografías; por no mencionar la obra de su padre, el fotógrafo experimental y entomólogo José Oiticica Filho.
Durante las semanas que siguieron al desastre, miembros del gobierno criticaron a la familia por no haber querido donar las obras al Centro de Arte Hélio Oiticica (curiosamente, el argumento había sido que el museo, ubicado en el downtown de Río, no cumplía las condiciones de seguridad que exigían). Para muchos artistas latinoamericanos, el incidente era profundamente político: con la venta de las mejores colecciones del país a instituciones extranjeras, el arte experimental de aquellos años sólo era posible verlo en Europa y Norteamérica. Hoy, la Tate Modern de Londres es, con sólo ocho piezas, la institución que más obras de Oiticica atesora. Es por eso que tanto conservadores como familiares ven indispensable la recuperación y reconstrucción de la mayor parte de las piezas quemadas, a partir de notas, planos y archivos digitales que todavía existen.
¿Cómo se harían las ediciones y cómo estarían fechadas? ¿Por cuánto y a quién se venderían?. ¿Se entenderían como obras de arte, documentos, copias para la exhibición, o simplemente mercancía para las subastas?, se pregunta la historiadora Irene V. Small en la revista Artforum. En el espíritu de estas cuestiones estarían las interpretaciones sobre la verdadera naturaleza de su trabajo, ya que Oiticica rechazaba el objeto autónomo de la cultura del museo. En su lugar, creaba work-actions, objetos para ser tocados, manipulados, habitados, consumidos… deteriorados por el público y posteriormente re-creados por las instituciones. Es la existencia póstuma de las réplicas la que hoy preserva la memoria de los originales.
Lo que no cabe duda es que la obra de Oiticica fue en muchos casos fetichizada. Para Small, el incendio pudo haber sido el fuego liberador que habría sacado el trabajo de Oiticica de su jaula material.comentarios 2









Publicado por: xlpharmacy 27/02/2010
Me parece excelente la apreciacion que haces en el post. La verdad estoy deacuerdo con el comment anterior se le podira llamar modernismo a todo esto.