Por: Winston Manrique Sabogal20/03/2010
Ufff... Eso es lo primero que me sale cuando alguien me pregunta cualquier cosa sobre los premios o concursos literarios. En España hay casi diez cada día. Y ahora es bonanza de premios, a sabiendas de que como en los cafetales siempre están expuestos a que les caiga la roya. Son como una especie de mal necesario. Ya sabemos que su transparencia suele estar en duda, un elemento muy literario por otra parte, y algunos son denostados o no gozan de buen prestigio. Pero también que son un incentivo para los autores. Y todos, o casi todos, querrían tener alguno, sobre todo al comienzo de sus carreras porque gracias a ellos pueden seguir escribiendo, y en algunos casos nosotros seguir disfrutando de buenas lecturas. Por otro lado, las editoriales los aprovechan como un reclamo para vender más, pero también es verdad que gracias a esas ventas pueden publicar a otros autores minoritarios y necesarios. Mejor dicho, aquí se ajusta a la perfección un dicho muy popular de Colombia: El que reza y peca empata. ¿O no?
En España, como ya he mencionado, hay casi diez premios cada día. Más de 3.500 al año, según la web premiosliterarios.com. Se pueden dividir en tres ligas o categorías: los 19 del Ministerio de Cultura o institucionales, ahí entran el Cervantes y Príncipe de Asturias, a obras publicadas o autores consagrados, los de las editoriales sobre inéditos (pero que suelen recaer en autores reconocidos, por aquello de vender y poco apostar) y, claro, comunidades y ayuntamientos que buscan una pátina de prestigio cultural otorgando alguno (de los cuales han vivido y viven un buen número de escritores). Siempre estamos en bonanza de premios, la prueba son los muchos sitios o webs donde se informa de ellos, la Wikipedia da cuenta de unos 150, por ejemplo. Y no hay que olvidar que como dijera José Donoso: "Es muy probable que los premios literarios hayan sido creados por algún demiurgo sarcástico para subrayar las carcajadas con que el tiempo se venga de las certidumbres".
Un ejemplo de que los editores no están del todo atentos al pulso literario en español es el reciente premio Biblioteca Breve, de Seix Barral, al argentino Guillermo Saccomanno por El oficinista, rodeado de halagos y frases que ya desearía para sí cualquiera de los escritores clásicos (como en cada entrega de cualquier premio, claro). Lo positivo es que se ha promocionado o redescubierto para el mundo hispanohablante a un autor reconocido en su país, pero por otro lado surge la pregunta: ¿Si es tan bueno, como es posible que nadie,salvo en Argentina, se haya dado cuenta de este escritor de 62 años que lleva más de media vida dedicado a escribir?
Y hoy con la llegada de la primavera otra bonanza de premios: se espera el anuncio la próxima semana del Alfaguara y del Azorín, y más adelante del Anagrama de Ensayo. Además de la entrega que se hará el próximo 23 de abril del Cervantes, esta vez al gran poeta mexicano José Emilio Pacheco. Además, recientemente, han llegado a las librerías los ganadores de los premios de invierno como el Nadal, Tusquets, Lengua de Trapo, Biblioteca Breve, Primavera y Café Gijón. Y acaban de abrir inscripciones el Casa América, el Planeta y La otra orilla, por citar unos pocos. Es un no acabar. Pero nos gusten más o menos los premios, estemos o no de acuerdo siempre con los ganadores, y a pesar de las muchas sombras y mala fama que puedan tener, creo que son un mal necesario. Porque incluso sobre las sospechas que pueda recaer en algún ganador hay que recordar la frase de Cervantes, que resume este mal necesario, al dejar una puerta abierta al optimismo de hallar en los concursos un buen libro: "En las justas literarias, conténtate con llevarte el segundo premio, porque el primero casi siempre se lo lleva el favor o la gran calidad de la persona".
(La ilustración es de Enrique Flores)
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Publicado por: Javier hermana 20/03/2010
Javier Hermana: picaste en el anzuelo.