Por: Babelia Mundial de Fútbol26/06/2010
Rafael Gumucio sigue la selección de chile.
A los chilenos no se nos da la alegría. Tan cerca de Brasil, al lado mismo de Argentina y no sabemos celebrar si no estamos completamente borracho, golpeando si es posible faroles y carabineros. Nuestra especie de carnaval, la fiesta de independencia del 18 de septiembre, siempre deja tras de si una estela de muertos en la carretera, de borrachos abrazados a las algas de un río, mujeres golpeadas hasta morir, numerosos presos en las comisarías vomitando en los rincones mismos del calabozo. Si no sabemos celebrar, es porque no tenemos en general porque hacerlo. Cuartel olvidado del imperio español, famoso por una guerra interminable con los indios, nos hemos felicitado siempre por ser serios, es decir tristes. Nos hemos complacido en conmemorar derrotas que luego son victorias: El desastre de Rancagua, la sorpresa de Cancha Rayada, el combate naval de Iquique.
Estas ansias sin fin de fiesta, estas ganas infinitas de celebrar no iban a permitir que la realidad aguara la tomatera. Chile en la pantalla jugó un poco peor de lo que suele jugar, multiplicando las patadas y las imprecisiones. La elegancia ofensiva de la que hace alarde Bielsa quedó en cuestión cuando Chile se quedó con 10 y España con 10 que parecían 12 o 13. Daba lo mismo, no importaba nada, los editorialistas, los lideres de opinión (llamados aquí opinólogos) habían decretado que aquí partía una nueva era. Poco importaba que esta partiera casi igual que en el mundial anterior, calculando los puntos, mendigando resultados, contando con la valentía final de Honduras para clasificar. La energía acumulada tenía que estallar fuera cual fuera el resultado. Teníamos que ganar incluso si perdíamos. La vuvuzela mental tenía que chillar, y chilla a esta hora precisa en la ventana misma de mi departamento. ¿La derrota? ¿La acumulación de tarjetas amarillas? ¿La escasez absoluta de oportunidad de goles? Una forma extrema, una forma final de recordarnos que somos los que somos: El país al final de todo que tiene que perder, que sabe perder, que debe, que espera perder incluso para ganar. El país que ha tenido esta extraña maldición--que es quizás, a la luz de la historia latinoamericana un privilegio--de celebrar, de disfrutar, las victorias parciales. Las victorias parciales, las únicas que duran, las únicas que importan, las únicas que cuenta después de todo.
Rafael Gumucio, escritor chileno, autor de "La deuda
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Publicado por: Eduardorrr 26/06/2010
La verdad es que no entiendo como un periódico del nivel de "El País" puede tener un columnista tan mediocre y carente de talento y juicio. Basta con escuchar el programa de radio que tiene en Chile, un nivel tan bajo al punto del desagrado máximo al escuchar. La columna, una muestra barata de intentar llamar la atención de un publico al que Gumucio cree ávido de estupideces. Gumucio, no en un diario serio, por favor!