Papeles Perdidos

Mundial Sudáfrica / Honduras

Cuando nos meten un gol a los centroamericanos

Por: Babelia Mundial de Fútbol16/06/2010

EDUARDO HALFON sigue a la selección de Honduras

Los guatemaltecos seguían dormidos y los semáforos seguían titilando amarillos y pude llegar en nada al centro de la ciudad. El día apenas clareaba. Tras dar unas vueltas finalmente encontré una cafetería abierta sobre la décima avenida, frente a una gasolinera llena de autobuses extraurbanos que se alistaban para zarpar a distintos pueblos del país. Uno decía Flores, otro Honduras-líder-del-hexagonal Huehuetenango, otro Cobán. Estacioné. Al salir del carro, se me acercó un niño en piltrafas y descalzo y con un bulto negro en las manos. Tardé en descifrar que sostenía un cachorro, que quería vendérmelo. Le dije que no, que gracias, y entré rápido a la seguridad de la cafetería. Era pequeña y muy oscura y olía a desinfectante. Pero allí, en alto, colgado del techo, estaba el viejo televisor, y logré ver los rostros solemnes de los once jugadores chilenos cantando su himno. En las paredes había un par de listones blancos y celestes, pero no entendí si en honor a la bandera hondureña o guatemalteca o salvadoreña o todas a la vez. Las mesas de plástico estaban ocupadas con gente desayunando, sus canastos y tanates echados en el suelo: quizás viajeros esperando la salida del autobuses que los llevaría a sus pueblos. Todos miraban el televisor. Varios aplaudieron tras el himno hondureño.

Yo aún estaba de pie, perplejo, medio dormido, desubicado, hasta que un señor me dijo que me sentara con él, que le sobraba una silla. Le agradecí y me senté a su lado justo cuando empezaba el partido. El señor tenía el pelo grisáceo, engominado, el rostro moreno y lampiño. Comía huevos rancheros y tomaba café sin dejar de mirar el televisor. Y yo, viéndolo a él, sentí una ráfaga de algo. Quizás de náusea, quizás de cansancio, quizás de incredulidad. No entendía qué hacía yo allí, a esa hora de la mañana, viendo un partido de fútbol. Yo, que nunca madrugo. ¿Y para qué? ¿Para ver un partido de fútbol en una cafetería del centro de la ciudad? ¿Para encontrar algo, cualquier cosa que decir, algún cuento que contar aquí? Pero los cuentos no se encuentran, mucho menos cuando se buscan, y jamás a esa hora de la mañana. Por suerte llegó una señorita amable y sonriente y me dejó un tazón de café, muy ralo, muy ácido, pero que de inmediato me hizo sentir mejor o al menos no tan perdido. ¿Usted es de España?, me preguntó el señor, su voz ronca, su mirada siempre hacia arriba, siguiendo la acción del juego. Le dije que no, que era de Guatemala. Ya, dijo, es que no parece, y luego llamó a la misma señorita para que se llevara su plato vacío y le trajera más café. Hubo un alboroto: casi anotan los chilenos. El señor encendió un cigarrillo pese al rótulo colgado en la pared justo atrás de él, que lo prohibía. Afuera en la calle sonó la bocina de un autobús, quizás avisando su próxima partida, pero adentro nadie se movió. Yo seguí tomando café, en silencio, despabilándome poco a poco, escuchando los murmullos de la gente, sus silbidos, sus gritos de ánimo y sus porras tibias y sofocadas para una selección hondureña más valiente que talentosa, con mucha más fe que técnica, y acaso más perdida en el césped de Mbombela que yo en aquella sucia cafetería del centro. De pronto hubo chiflidos: gol de los chilenos. A mi lado, el señor encendió otro cigarrillo con la colilla del anterior. Sacudió unas cenizas de su barriga. Mire usted nomás, susurró indignado mientras ambos mirábamos las múltiples repeticiones en cámara lenta de lo que sería la única anotación del partido. Cuando nos meten un gol a los centroamericanos, dijo suspirando, nos lo meten con el culo.


* Eduardo Halfon (Guatemala 1971). Sus libros más recientes son La pirueta y El boxeador polaco (ambos en Pre-Textos).

comentarios 11

11 Comentarios

Publicado por: J-mP , (no C) 16/06/2010

Pues no, Skippy. La G y la J no son la misma letra ni la misma persona.
Eso de distinguir no es lo tuyo. Seguramente que G se expresa mucho mejor.
Pero mira poniéndose una a tu altura, lo de la patada en los hígados , pues vale, te la ganaste.
Eso de "loco" y tal, es de muccha bajeza moral. Eres perverso, tio.

Publicado por: Skippy 16/06/2010

Pobrecito G/J, que sos la misma persona. Nadie te ha insultado, pero si querés sentiros ofendido, allá vos. Por cierto, ¿el mal inglés es un insulto delictivo? Y el mal castellano, e.g., "insulto delictivo", es una patada en los hígados. No tenés ni idea, loco. Cuánta razón tiene V. Quejarse de puro vicio, la muy extendida enfermedad mental del siglo XXI. Lo admito: no tengo agallas, porque no soy pez.
Por cierto, hablando de fútbol, que es de lo que se trata, me da que Honduras pagará los platos rotos cuando enfrenten a España. Siempre aparece una cabeza de turco cuando es preciso...

Publicado por: V 16/06/2010

Nadie te extrañara, G. Eres 1 en 1 millón. Te quejas como si hubieras pagado por entrar aquí.

Publicado por: J 16/06/2010

Por que tiene que meterse Skyppy con C, y menos en este blog?
Si quiere insultarle que le pida una comunicación particular, a ver si tiene agallas. El mal ingles ES UN INSULTO DELICTIVO.
Personaje SKippy, no sirve ni para enemigo.
Que nadie le haga caso.

Publicado por: J 16/06/2010

Futbol 10- literatura 0.
Intereses populares y...culturales
que bonicos G y SKYPPY uno
contesta con ironia cariñosa y el otro
agresivamente se lo copia.

Publicado por: Skippy 16/06/2010

No una, sino dos entradas, G. No has resistido la tentación. Attention-deficit disorder, perhaps? I rest my case.

Publicado por: Marcos 16/06/2010

Pienso como G: me gustan mucho los apuntes del mexicano y los del español. El resto, flojitos.

Publicado por: g. 16/06/2010

El caso es que me aburro con estos post. Qué le voy a hacer. Pero, skippy, me alegra que a ti te gusten, en serio.

Publicado por: g. 16/06/2010

En eso estoy, skippy querido y amado, ¿te quieres venir conmigo, mi cielo?

Publicado por: Skippy 16/06/2010

Mas G. querido, ¿qué te detiene? Hazlo sin miedo, libérate. Suéltate el pelo y disfruta de tu más preciado don, la libertad de no leer Papeles Perdidos.
Tú sí puedes.

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