Papeles Perdidos

Avance literario

El brillante combate póstumo de David Foster Wallace

Por: EL PAÍS14/11/2011

FosterWallacexVicenteEl Rey Pálido, es la novela póstuma de David Foster Wallace (1962-2008) cuyo primer capítulo te ofrece hoy, en exclusiva, Babelia y su blog Papeles perdidos. Se trata de uno de los escritores estadounidenses más influyentes de su generación. Respetado y admirado por colegas como Jonathan Franzen, Zadie Smith o George Saunders, representaba la superación del posmodernismo y del realismo sucio, renegaba de la ironía por su poder corrosivo y reivindicaba abiertamente la función moral de la literatura. Quizá por eso impactó tanto su suicidio. El rey pálido, que lo edita en España Mondadori, llegará a las librerías este jueves 17 de noviembre. El primer capítulo lo puedes ver en este mismo enlace o en la sección de Avance literario de la columna de la derecha del blog. Ahora, un acercamiento al escritor y su obra, de la mano del escritor y crítico de Babelia Sergio Rodríguez Prieto.

Ilustración de Fernando Vicente

 

 

Por SERGIO RODRÍGUEZ PRIETO

El suicidio de David Foster Wallace hace ahora tres años desencadenó uno de los procesos de beatificación literaria más rápidos de los últimos tiempos, razón más que suficiente para que la aparición de “El Rey Pálido” genere cierto escepticismo entre sus lectores. Sin embargo, habría que ser muy ingenuo para no ver que Wallace conocía perfectamente el papel consagrador de la muerte, y que dentro de su agenda post mortem figuraba su publicación, ya que antes de colgarse ordenó como pudo las cajas, maletas y discos duros con los fragmentos de esta obra maldita que le había traído de cabeza durante más de una década.

De ahí que en este caso el problema de la edición póstuma no sea tanto de carácter moral como técnico, ya que el resultado final de una obra incompleta depende en gran medida de la edición llevada a cabo por el testaferro literario. Y en este sentido el criterio de Michael Pietsch, el hombre detrás de nombres como Moody, Sedaris o Leyner y co-artífice del bombazo literario que en su día supuso La Broma Infinita, ha puesto sobre la mesa de novedades algo más que un ataúd con un bonito cadáver.

FosterWallaceportadaA algunos les bastará con disfrutar de la última oportunidad para dejarse arrastrar por ese estilo ya familiar y la nostalgia que produce saberlo para siempre perdido. Pero a quienes quieran ir más allá, a aquellos que se propongan seguir buscando claves para entender en su conjunto un legado literario tan ambicioso y original, las páginas de El Rey Pálido les ofrecen mucho territorio donde excavar. No es casual que Wallace empezara a tomar notas al poco de terminar La Broma Infinita; mientras una analizaba el entretenimiento, las drogas y el deporte de alta competición, la otra se mete de lleno en el aburrimiento, el trabajo y la administración tributaria, para indagar en el lado más rancio de la burocracia, mostrar su lado humano, y encontrarle incluso una dimensión épica.

Consciente de lo arriesgado que era el proyecto, Wallace intentó durante todo el tiempo que peleó con el texto introducir elementos que lo amenizasen. Pero los temas de su novela seguían y siguen siendo nada menos que el tedio, la rutina, los impuestos… y para colmo son abordados con esa exhaustividad obsesiva que caracteriza su escritura. El resultado es a ratos brillante y a ratos sencillamente asfixiante, en especial cuando el lector se ve sepultado por una avalancha de datos fiscales y procedimientos contables descritos con una minuciosidad de pesadilla.

Sin embargo, lo que prevalece es la impresión de estar asistiendo al combate de un gran escritor contra un tema demasiado complejo, casi inabarcable, igual que en su “Bouvard” Flaubert se enfrentó con la estupidez humana y acabó cayendo en el intento. En este sentido se podría llegar a decir que hay obras póstumas y obras asesinas. Y cuando la literatura se convierte en una lucha a muerte por nombrar lo innombrable, lo único que nos queda es sentarnos a admirar cómo el autor, acorralado por el monstruo, despliega sus mejores y peores artes, aquellas que le hacen perdurable y reconocible y que, en el caso de Wallace, toman la forma de notas kilométricas a pie de página, monólogos frenéticos y diálogos elípticos que se superponen en distintos planos narrativos, slang intercalado con tecnicismos impronunciables o descripciones hiperreales que replican a la perfección un colocón de ansiolíticos.

Lo importante labor de Pietsch ha consistido en presentar El Rey Pálido como una novela incompleta compuesta de fragmentos completos, coherentes y con un valor intrínseco, ya que los capítulos largos -varios pasan de cincuenta páginas y un par se acerca al centenar- se sostienen perfectamente como relatos independientes. Y como suele suceder con toda novela en curso, son sus personajes y no la trama lo que ha alcanzado un mayor grado de desarrollo, lo cual representa una oportunidad única para ver al Wallace más maduro haciendo lo que mejor sabía hacer, transformar las rarezas de sus freaks en grandezas de dimensión trágica. Ahí quedan Claude Sylvanshine y esos superpoderes psíquicos para procesar datos irrelevantes, o David Cusk, víctima de ataques de transpiración compulsiva, o el funcionario jedi Shane Drinion, un auditor soporífero cuya capacidad de concentración le hace levitar sobre la silla. Y entre todos ellos una peculiar estrella invitada: el propio autor, David Wallace, que hace aparición en el papel para poco después hacerse desaparecer de la vida real. Como si él mismo fuera sólo eso, un personaje atrapado en las páginas de una novela sin terminar.

 

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20 Comentarios

Publicado por: bien quang cao 14/11/2011

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Publicado por: Coach Factory Online 14/11/2011

Foster es el primer apellido, sino el segundo nombre de pila, lo que en inglés se llama 'middle name'. Si quieren referirse a él citando solamente apellido, entonces escriban Wallace. Si no, escriban David Foster Wallace.

Publicado por: precarisimo 14/11/2011

Gracias, Sergio. Seguiré tus recomendaciones

Publicado por: Coach Outlet Online 14/11/2011

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Publicado por: MARIPIFIA 14/11/2011

@Aprende a seducir - Todos alguna vez hacemos alguna pifia. Qué se le va a hacer...

Publicado por: Aprende a seducir 14/11/2011

Mierda, el anterior comentario no iba aquí, borrarlo si queréis, lo quería hacer en la entrada del tocino y el chocolate.

Publicado por: Aprende a seducir 14/11/2011

Sin ánimo de tocar las narices, ¿en serio a alguien puede gustarle semejante aberración? Y mira que por separado son 2 comidas exquisitas (cada una a su manera y su momento), pero así, qué manera de joderla.
Todos los secretos para seducir mujeres haciendo click encima de mi nombre.

Publicado por: Sergio Rodríguez Prieto 14/11/2011

Hola Precarísimo,
Como veo que has seguido de cerca a DFW y que el tema te interesa, échale un vistazo a esta entrevista; aunque es un poco larga su lectura merece la pena. En ella explica muy bien su postura ante la ironía:
http://www.dalkeyarchive.com/book/?fa=customcontent&GCOI=15647100621780&extrasfile=A09F8296%2DB0D0%2DB086%2DB6A350F4F59FD1F7%2Ehtml
También hay dos entrevistas colgadas en el podcast de bookworm, el programa de la emisora KCRW dirigido por Michael Silverblatt, en las que trata el tema. Y a mi entender una de las conclusiones del ensayo que citas -"E unibus pluram"- es precisamente que el exceso de ironía en algunos de los escritores asociados con el posmodernismo ha tenido un efecto corrosivo, al imponerle al escritor una toma de distancia -fomentada por la cultura de la pantalla- que evita el compromiso moral y su conexión con la realidad (por eso le mete tanta caña a Leyner). En el volumen de ensayos "Hablemos de langostas" -si te gusto "algo supuestamente divertido" este no te defraudará- hay un texto muy revelador sobre Dostoievsky en el que Wallace da una definición palmaria de lo que considera "importante" en la obra y actitud de un escritor, de ahí que renegase de los fuegos de artificio, aunque él mismo admitía que su propia escritura caía de vez en cuando en alardes estilísticos. Ya se sabe, quien esté libre de pecado...

Publicado por: eduardo 14/11/2011

El comentario de Rosita me ha hecho sonreir. No conozco a Mora, pero dan ganas de abrir una investigación; literaria, claro.

Publicado por: SIMONP 14/11/2011

Me lei La Broma Infinita hace un par de años. Lei el otro dia en El Pais que quizas es el libro con el titulo mas honesto que existe y no puedo estar mas de acuerdo. Cuando lo acabe no sabia si me habia gustado o no. Lo acabe (que no es poco) y me acuerdo de la historia (por decir algo) y sus personajes de vez en cuando, cosa que no pasa con muchos libros, asi que supongo que quizas si que me gusto. Ahora bien, ¿me quedan fuerzas para adentrarme otra vez en esos submundos irreales? Aun no lo se.

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