Por: Winston Manrique Sabogal04/04/2012
Niños jugando, de Winslow Homer.
Con William Wordsworth continúo la sección Poemas en red que empecé la semana pasada en Miércoles de Libros, de la edición online de Cultura, de EL PAÍS. Un poema, un fragmento o unos versos en novedades literarias que hablarán por sí solos, y que ustedes podrán comentar. Hoy he elegido un fragmento muy evocador que escribió el fundador del Romanticismo inglés recogido en el poemario 'La abadía de Tintern'. La obra ofrece una nueva traducción y prólogo de Gonzalo Torné, editado por Lumen.
Aunque Poemas en red surge en la sección de Cultura online, cada miércoles, tendrá su reflejo en este blog con el fin de que entre todos comentemos algo sobre el poema o el poeta elegido, y convirtamos este espacio en un pequeño refugio de la poesía. Ya lo inauguramos celebrando el Día Mundial de la Poesía el año pasado (post ¿Qué es la poesía?) y este el 21 de marzo (¿Para qué sirve la poesía?). Ahora, sí, Wordsworth:
ODA: INSINUACIONES DE INMORTALIDAD DE TEMPRANA INFANCIA
IX
¡Júbilo! ¡En tus rescoldos
todavía hay algo que vide,
y la naturaleza aún recuerda
aquello que fue tan fugitivo!
Pensar en nuestros años pasados despierta en mí
una bendición perpetua: que no se dirige
hacia lo más digno de veneración:
el regocijo y la libertad, el credo simple
de la infancia, cuando se mueve o descansa,
con la esperanza recién desplegada todavía agitándose en su pecho:
no es por todo esto que yo elevo
mi canto de agradecimiento y alabanza;
sino por esas obstinadas interrogaciones
sobre el sentido y las cosas fuera de nuestro alcance,
porque lo que se desprende de nosotros, se desvanece;
por los miedos confusos de una criatura
que se desplaza por mundos que todavía no se han realizado,
instintos elevados ante los cuales
temblaba nuestra naturaleza mortal
culpable, sorprendida;
por esos primeros efectos,
esos recuerdos imprecisos
que, fuesen lo que fuesen,
no han dejado de ser la fuente de luz de nuestros días,
la luz maestra de cuanto alcanzamos a ver;
que nos sostiene y acoge, y tiene poder suficiente para
convertir nuestros ruidosos años en instantes del ser
del silencio eterno; verdades que despiertan
para no morir nunca;
¡que ni la apatía, ni los esfuerzos excesivos,
ni el hombre ni el muchacho,
ni todo cuanto está enemistado con la alegría
puedan suprimirlo ni destruirlo por completo!
Que durante las estaciones de clima más sosegado
aunque estemos alejados, tierra adentro
tengan nuestras almas una visión de ese mar inmortal
que nos trajo hasta aquí,
puedan en un instante viajar allá,
y ver a los niños jugar cerca de la orilla,
y oír a las poderosas aguas correr eternamente.
* William Wordsworth (1770-1850). Poema recogido en el libro La abadía de Tintern (Lumen), que recoge una selección de algunos de los mejores poemas breves y menos difundidos, y ahora editados por Lumen en una nueva traducción a cargo de Gonzalo Torné.
Obra de Winslow Homer.
Abro los comentarios de los lectores con la opinión de quien firma como 'Obvio' en la sección de Cultura online: "En el bachillerato anterior se leían poemas así y los alumnos los seguían porque los disfrutaban. Pensemos que el Romanticismo es la época literaria que más gusta a los adolescentes y jóvenes por representar estados de ánimo que les son familiares por las turbulencias de los cambios hacia la madurez, pero el Romanticismo no abandona la racionalidad, que combina con las emociones, algo que hoy parece pasado de moda. Dudo que ahora se puedan leer y comprender poemas así".
Puedes ver aquí el post ¿Para qué sirve la poesía?
Puedes ver aquí el post ¿Qué es la poesía?
comentarios 3








Publicado por: felizísima fortuna 04/04/2012
EL ESPLENDOR EN LA HIERBA
“Pues aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
aunque nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,no debemos afligirnos, pues encontraremos
fuerza en el recuerdo,
en aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre,
en los sosegados pensamientos que brotaron
del humano sufrimiento
y en la fe que mira a través de la muerte,
y en los años, que traen consigo las ideas filosóficas.
Gracias al corazón humano, por el cual vivimos,
gracias a su ternuras, a sus alegrías, y a sus temores ...
la flor más humilde, al florecer, puede inspirarme
ideas que, a menudo, se muestran demasiado profundas para las lágrimas".
William Wordsworth