Papeles Perdidos

LETRAS EN 360º

¿Quién quiere ser una estrella de la autoedición?

Por: Virginia Collera14/06/2012

Ben Galley
Ben Galley, todo un veterano de la autoedición. www.bengalley.com

Cierto. El éxito no lo es todo. El éxito no es sinónimo de felicidad pero, así las cosas, vamos a olvidarnos de sensatas recomendaciones durante un rato y seguir las instrucciones, cortesía de The Guardian, para convertirnos en el próximo fenómeno editorial. Quien no sea tan ambicioso, puede limitarse a leer la lista de los mejores libros para impresionar a las chicas -según The Paris Review-, reflexionar sobre la pujanza del creacionismo en Corea del Sur o tratar de responder a la pregunta: ¿Por qué Mónaco no tiene poetas que le escriban?    

REINO UNIDO

The Guardian ha elaborado el decálogo que todo escritor en ciernes debería leer y seguir: 

1. Elige el libro, el género y el título adecuados

Evita la ficción literia, los libros infantiles o los de temática esotérica: en esos campos sigue siendo más recomendable acudir al editor de siempre. Ahora triunfan los géneros populares respaldados por grandes comunidades online: fantasía, erótica, chick-lit y thrillers. Ah, y a la hora de titular conviene tener unas nociones de SEO para que los buscadores te encuentren fácilmente.   

2. No apuestes todo a Twitter y a Facebook 

Ben Galley, escritor de éxito que autoeditó su primer libro a los 22 años, cree que todo autor debe tener una página web. Él tiene la suya y, además, ofrece sesiones de asesoramiento para escritores noveles por Skype, teléfono o presenciales.

3. Busca ayuda en el crowd-sourcing

Aunque no lo parezca, a los lectores les importa, y mucho, la factura del libro, así que no es mala idea confiar al crowd-sourcing la revisión del manuscrito o el diseño de la cubierta, como hizo Galley. 

4. Asume riesgos

Todo vale para conseguir visibilidad. Rachel Abbott consiguió que su libro Only the Innocent escalase hasta el número 1 de los más vendidos en Amazon por las buenas críticas que cosechó enviando peticiones de reseñas a influyentes blogueros.

5. Regala tu libro

Es una de las mejores estrategias de marketing. Aunque sólo tiene razón de ser durante un tiempo limitado.

6. Haz un uso inteligente de las redes sociales

Por ejemplo, una herramienta como Tweet Adder te permite saber qué usuarios siguen a escritores del mismo género que el tuyo.

7. Habla, nada de spam 

Los tweets promocionales deben estar limitados a uno por hora -según Michael Hicks- o cinco al día -según Ben Galley-. Sí, reconocen, tener una legión entusiasta de seguidores lleva su tiempo. Paciencia.

8. Trabaja, trabaja, trabaja

Las horas robadas al trabajo, la familia y el sueño no terminan cuando se publica el libro. El marketing es insaciable (aunque conviene seguir dedicando más tiempo a la escritura que a la promoción).

9. No te olvides de las librerías de toda la vida

Sobre todo si el libro versa sobre un tema local.

10. Apunta alto

¿Un superventas de la autoedición debe aceptar ofertas convencionales teniendo en cuenta que sus ingresos por derechos de autor serán considerablemente menores? A. ¿Por qué no? Todavía se venden más libros físicos que digitales. B. Siempre se puede imitar a John Locke, el autor del millón de e-books, que ha firmado un contrato de distribución con Simon & Schuster para que sus libros lleguen a las librerías de Estados Unidos y Canadá sin ceder el control editoral sobre su obra.

Bonus: todo escritor que quiera autoeditarse debe tener talento para el marketing digital y suerte, mucha suerte, porque la mitad de los escritores que se lanzaron a la autoedición en 2011 ganaron menos de 397 euros, según Taleist. (vía The Guardian)

Ahora bien, si uno es de ambiciones más modestas, en (¿el consultorio?) The Paris Review aconsejan qué libros leer (o, al menos, pasear) para impresionar a las chicas. El reto: que el portador de los libros en cuestión parezca a sus ojos intelectual a la par que sexy. La respuesta: querido A., tu amigo no debe avergonzarse de sus gustos y debe tratar de encontrar a alguien que lo quiera como es. Pero, por si acaso, aquí va la lista: Historia de la locura en la época clásica de Michel Foucault, The Power Broker de Robert Caro, cualquiera de Zizek, Los hermanos Karamazov de Dostoievski, El lamento de Portnoy de Philip Roth, cualquiera de Haruki Murakami, Éramos unos niños de Patti Smith... (vía The Paris Review)

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La reina que perdió un marido y conservó una cabeza

Por: Tereixa Constenla14/06/2012

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Giles Tremlett tiene algo a favor para trazar un retrato desapasionado de una reina, cuya vehemencia alteró la historia: es agnóstico. Catalina de Aragón (1485-1536) pasó a la posteridad con trazos gruesos y deformes. “Más que de la nacionalidad del biógrafo, su visión ha dependido siempre de la religión de los historiadores. Para los católicos es una santa y para los anglicanos, una papista además de mentirosa”, afirma Tremlett, autor de una nueva biografía sobre la infanta española que reinó en Inglaterra y se enfrentó a los deseos del mayor decapitador de cabezas conyugales que ha reinado en Europa, Enrique VIII.

Hay otro aspecto que también equilibra la balanza. Tremlett es un británico que reside desde los noventa en España, como corresponsal de The Guardian. Está al tanto de lo mejor y lo peor de ambos mundos, también de la polarización con la que se ha abordado la figura de la hija de los Reyes Católicos. “Siempre había tenido a Catalina por una persona tímida, pasiva y piadosa, pero Shakespeare la pinta como una mujer fuerte y orgullosa en una de las escenas más impactantes de su obra Henry VII”. Le intrigó ese desajuste y, tras una investigación en archivos ingleses, españoles e italianos, está convencido de que la reina se parece más al retrato literario de Shakespeare que al de muchos historiadores. “Quería corregir la injusta percepción de ella como víctima pasiva de su marido cuando, realmente, tuvo un papel importante en la política inglesa y europea de entonces. Ella sabía perfectamente lo que hacía y tomaba sus decisiones teniendo siempre en cuenta cuáles podrían ser las consecuencias para ella, para Inglaterra y para España”, sostiene el autor de Catalina de Aragón. Reina de Inglaterra, publicado por Crítica.

Catalina de Aragón fue educada para casarse con un heredero, una pieza más en la política matrimonial de los reyes Isabel y Fernando, todopoderosos monarcas de la época. Pese a las rigideces protocolaria y religiosa, las infantas recibieron una formación notable de la mano de Beatriz Galindo y de tutores italianos. “Eran muy cultas, bastante más de lo que se esperaba de la mayoría de las princesas europeas que eran tratadas como moneda de cambio por sus padres”, señala Tremlett. Sabía latín, conocía a los humanistas (acabaría siendo amiga de Luis Vives e impresionando a Erasmo), pero en aquella corte poderosa y nómada –se sucedían los viajes en mula y caballo-, también se empapó de un atmósfera intolerante, donde los autos de fe se habían convertido en espectáculos públicos.

Catalina-de-aragon-ebook-9788498923766En la Alhambra, tras la expulsión de los reyes nazaríes, vivió los años más estables de su infancia y adolescencia. El biógrafo contrasta la luminosidad y belleza del palacio granadino con el Londres oscuro y hediondo que encontró la infanta, cuando llega para casarse con el heredero del trono, el príncipe Arturo, en 1501. Lo que sucedió entre ambos tras la boda se convirtió a la postre en un asunto capital, al fallecer el príncipe de Gales y convertirse en la prometida de su hermano y sucesor, Enrique.

Los ocho años que mediaron entre ambas bodas fueron tenebrosos por la falta de dinero, motivada por el pulso entre dos avaros: su suegro, Enrique VII, y su padre, Fernando de Aragón, que se resistía a enviar la dote para los segundos esponsales. Catalina vendió tantas joyas y vajillas que “ya no podía costearse sus elevadas necesidades”. El tormento finalizó súbitamente con el fallecimiento del rey inglés. Su hijo de 16 años decidió casarse de inmediato con su cuñada Catalina, de 23. “En comparación con su boda anterior, hubo cierta clandestinidad en la unión”, destaca el biógrafo. Sin embargo, tras ella llegó la fiesta. Catalina y Enrique vivían felices entre justas, torneos, fiestas y encuentros nocturnos. Pero la reina también tuvo un papel político: medió entre España e Inglaterra –dinamitado tras sucesivas traiciones de Fernando el Católico-, llegó a encabezar una ofensiva militar contra los escoceses mientras su marido hacía la guerra contra Francia y gobernó como regente. En 1516, tras varios abortos y bebés fallecidos, nació María, la única hija de la pareja.

767b548ca015bf1444032d462bd17981_1MCatalina decidió hacer la vista gorda ante los devaneos sexuales de Enrique cuando comenzaron a llegar a sus oídos. Gestionó sus celos mejor que su hermana Juana hasta que al rey no le bastaron los escarceos. Tras 18 años de matrimonio –con su popularidad en aumento- Enrique VIII, deseoso de tener un heredero varón y un placer abierto con una sofisticada dama de su esposa llamada Ana Bolena, decidió plantar sobre la mesa la anulación del matrimonio por un problema de conciencia: ¡se había casado con la viuda de su hermano!

“Si Catalina hubiese aceptado el divorcio”, explica Giles Tremlett, “o el Papa se lo hubiera permitido, Enrique habría seguido siendo un católico muy fiel”. Sin la feroz resistencia de la española, es dudoso el nacimiento de la iglesia anglicana. El biógrafo opina que, como mínimo, no sería “tal y como existe hoy día con la reina de Inglaterra todavía como su jefa suprema”. Y aunque Catalina rozaba el fundamentalismo religioso –“no le habría importado morir como mártir”- , Tremlett niega que estuviese desequilibrada. “Era muy tozuda y algo perfeccionista. Su actitud impresionó a muchísima gente y asustó tanto a Enrique que no se atrevió a hacer lo que luego haría con sus otras mujeres (o sea, matarla)”.

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