Por: Elisa Silió22/07/2012
Francesc Miralles se salta el modelo Romeo y Julieta en Oblivion, una historia de amor marciana y melancólica
"Es díficil no empaparte de lo que ocurre a tu alrededor y no plasmarlo en tu escritura. El barcelonés Francesc Miralles (1968) no ha hecho nada para evitarlo en su nueva novela juvenil, Oblivion. Un cielo tras otro (La Galera), primer volumen de una trilogía. “He tenido muy presente la crisis. Mientras escribía, empecé a conocer a mucha gente que se había quedado sin trabajo y quise retratar el momento actual”. La debacle económica, además, considera que da fuerza a la historia de amor. “Cuando no tienes nada a lo que agarrarte, todo es un desastre y no hay esperanza, que de repente te surja un amor marciano que vive en un universo happy te hace olvidarte de todo eso”.
El protagonista de Oblivion es Sasha, un adolescente de La Graciosa. “Me alucinó mucho la sociedad de la isla, tan apartada de todo, incluso de Lanzarote. Son setecientas personas, todo el mundo se conoce. El 98% del territorio es desértico, parecen vivir en Marte”. Los padres envían a Sasha a Madrid para cursar estudios y vivir con su tío soltero, pero, al llegar, nada es como imaginaba. Su tío, arruinado y enfermo, vive en un camping abandonado en Aranjuez – “quería trasmitir ese sentimiento de desolación en un sitio cercano a Madrid pero en las afueras”- y le ha matriculado en un colegio privado que no puede permitirse. Pronto, con su tío hospitalizado, se queda solo en el camping pero en su vida se cruza una chica solitaria y estrambótica. “Quería una historia de dos soledades que se encuentran y de viajes mentales”, sostiene el líder del grupo Nikosia.
“Tengo una visión del amor muy femenino. No he sido el típico que se iba a las discotecas. Era enamoradizo, escribía cartas a las chicas y poemas. Eso es justo lo que no le gusta a las chicas jóvenes, que lo que quieren es un macho ibérico y cuanto más gamberro mejor”, se ríe Miralles, autor de las serie tétrica Retrum, publicada en ocho idiomas. Su manera de novelar el amor es contenida. “Es un romanticismo que, por la extrañeza de la situación, se convierte en casi lacónico. Me gusta más que las chicas sean más fuertes que los chicos”. Periodista y traductor, Miralles escribe artículos para El País Semanal y es integrante de Nikosia. Una banda de dream folk que en los últimos tiempos ha puesto música a las novelas juveniles de Rocío Carmona (Gramática del amor), Sonia Fernández-Vidal (Quantic Love), Care Santos (Esta noche no hay luna llena) y Esther Sanz (El jardín de las hadas sin sueño), y, por supuesto a Oblivion.
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