Por: Winston Manrique Sabogal08/08/2012
La tormenta, de Adalbert Stifter, ilustra el relato El ciclón, de Hermann Hesse, de quien mañana se cumplen 50 años de su muerte.
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"Mediaban los años noventa, y yo hacía servicio de meritorio en una fábrica de mi ciudad natal, que aquel mismo año había de abandonar para siempre. Tenía alrededor de dieciocho años y nada sabía de lo hermosa que era mi juventud, pese a disfrutarla diariamente y sentirla en torno mío como el pájaro siente el aire. A las personas mayores, que nunca pueden recordar los años en detalle, me basta indicarles que el año de mi relato nuestra región fue azotada por un ciclón o vendaval de una violencia que ni antes ni después se ha conocido en la región. Fue aquel año. Dos o tres días yo me había clavado un formón en la mano izquierda. La mano quedó perforada y se inflamó, tenía que llevarla vendada y no podía acudir al taller.
Recuerdo que durante todo aquel fin de verano nuestro angosto valle estuvo bajo el influjo de un increíble calor sofocante y que a veces una tormenta seguía a otra durante días. Había una inquietud febril en la naturaleza que a mí solo me afectó en forma sorda e inconsciente, pero de la que guardo recuerdo en algunos pormenores. (...)
Una mañana abandoné nuestra casa y salí a corretear, con un libro y un pedazo de pan en el bolsillo. Siguiendo los hábitos de mi niñez, fui primero, por detrás de la casa, a ver el jardín, que aún estaba envuelto en sombras".
La adolescencia se ha ido y el muchacho aún no se ha enterado. Pero está a punto de hacerlo. De descubrir y comprender que lo que él llama la patria de su infancia ya es recuerdo, porque ahora mismo está dando los primeros pasos en la edad adulta, y luego se irá de aquel valle para "hacerse un hombre". Sobre este tránsito esencial en la vida de todas las personas, de iniciación y aprendizaje, escribió un cuento magnífico Hermann Hesse (Alemania, 1877-Suiza,1962) titulado El ciclón.
A ese nostálgico y alegre adiós de la adolescencia, a la vez que ilusionante y temerosa bienvenida de la madurez los invito a ir hoy en Veranos literarios. Y lo hago con este relato de Hesse para rendirle homenaje en el cincuentenario de su muerte, 9 de agosto de 1962. Un recuerdo al poeta, narrador y ensayista alemán y una evocación del periódo que describe y sobre el cual reflexiona en unas pocas páginas escritas en 1913 que guardan algunas de las claves literarias de su obra, y de enseñanza para nosotros. En este cuento se muestra el triunfo del adiós a la adolescencia y la búsqueda del Yo a través de la libertad y la comprensión. Ese es uno de los motivos, además de la belleza de la creación literaria, por el que he elegido El ciclón: Hesse antes de ser el prestigioso Hermann Hesse, pero poco después de trabajar como librero (con inclinación a los libros de filosofía y teología, por ejemplo), en los albores de su carrera como escritor y tras su decisivo viaje a Oriente. Hesse, mucho antes de obras tan importantes como Demian (1919), El último verano en Klingsor (1920), Siddhartha (1922), El lobo estepario (1927) y El juego de los abalorios (1943).
Allí, en la historia de aquel muchacho de 18 años transcurrida en un solo día, el Nobel alemán (1946) despliega su sensibilidad estética y preocupaciones por la existencia, la calidad humana y la manera de enfrentarse a la vida, a través de un cuadro impresionista. Hesse logra que los lectores acompañemos a ese muchacho en su excursión, entremos en su jardín, paseemos con él por el campo, veamos lo que el joven ve, sintamos lo que él siente, reflexionemos sobre lo que él piensa. Y, sobre todo, consigue que recordemos nuestros propios episodios de iniciación mientras somos testigos de cómo el muchacho crea, vive y afronta sus futuros recuerdos y nostalgias:
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