Papeles Perdidos

Segundas oportunidades

'El astillero', de Juan Carlos Onetti

Por: EL PAÍS28/09/2012

ElastilleroOnettiPor J. ERNESTO  AYALA-DIP

Sucede a veces que una novela nos relata una historia que no acabamos de entender bien. ¿No la entendemos porque no está bien contada? Puede que sea por ello la mayor parte de las veces. Pero excepcionalmente no entendemos la historia que se nos cuenta paradójicamente por lo irreprochablemente bien escrita que está. La inteligibilidad de una novela no siempre estriba en su escritura, ni siquiera tiene que ver con ella. Sucede a veces que no entendemos una historia que se nos relata porque es imposible entenderla de ninguna de las maneras posibles de contárnoslas. No hay posibilidad de transparencia. La escritura a lo sumo asiste impotente a esa indescifrable masa de palabras enfilando con todo su empeño hacia algo de claridad en medio de la más absoluta oscuridad. Esa oscuridad de la historia nada tiene que ver con la claridad del estilo. Tiene que ver con el hecho de que la realidad a veces sencillamente es esa: su ininteligibilidad.

Hago este pequeño introito porque esta semana me pareció que darle una nueva oportunidad a El astillero, del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994), era darle oportunidad no sólo a una forma de novelar sino a una forma muy personal, y agregaría casi  inaugural de la ficción en el contexto lingüístico del castellano, además de señalarnos un modo  de insuflarle sentido existencial. El astillero se publicó en 1961, la década en la que convivían el realismo y la denostada por Ernesto Sábato “nouvelle roman”. Onetti ya había publicado Para esta noche (1943) y La vida breve (1950), novela donde nace la mítica ciudad de Santa María. Para cuando se publica El astillero, sus lectores ya reconocen en la novela una  poética anclada en Kafka, Hamsun, Joyce, Céline y Faulkner, sobre todo Faulkner, mucho Faulkner. En 1964, la novela que se completa con una segunda parte titulada Juntacadáveres (aunque esta obra, su autor la escribió casi paralelamente a El astilleRO). Si hay que buscar un paradigma en la obra del escritor uruguayo, un paradigma literario de la desolación del hombre contemporáneo (y probablemente de la desolación humana en términos absolutos), ese no puede otro que El astillero. El narrador omnisciente es también un narrador testigo, esa omnisciencia cercana que relativiza, cuando no cuestiona, en cierta manera esa prepotente inhumanidad de la que hace siempre gala la tercera persona. El uso de este punto de vista no es inocente. Ese narrador testigo que autoriza la intromisión de otras versiones de lo relatado, coquetea con el uso del plural y hasta no duda en echar mano de la deducción cuando sus oídos escuchan diferentes versiones. A ello me refería más arriba cuando hablaba de no entender, empezando por no saber si hemos llegado a un final o a otro, que también cabe esa posibilidad en nuestra novela. No se entiende la vida solo porque la vivamos. Sabedor de eso, Juan Carlos Onetti cifra en su novela la imposibilidad de un conocimiento o intelección total de la realidad. Consciente de ello, Onetti selecciona sus materiales narrativos: sintetiza espacios y tiempos. Es lo que algún especialista en su obra ha llamado “concentración retórica”. El paso de la realidad real a la mítica. A partir de La vida breve y consolidada plenamente en El astillero, la narración y todos los dispositivos narratológicos se encargan de una tarea metafísica: las cosas se vuelven esenciales, las voces se multiplican en busca de alguna verdad irrefutable, las reglas de la verosimilitud se hacen más porosas, más afines, más necesitadas de distintas versiones acerca de lo vivido o de lo que se está  viviendo. El punto de vista, las voces, la ambigüedad en las estrategias de supervivencia (de Larsen, por ejemplo, al llegar a Santa María para gestionar el astillero en su hundimiento definitivo o en su restauración), la subjetivación de la mirada sobre el mundo físico y sensible,  todo conduce a la construcción de una poética de la distancia, del desapego, de la indiferencia existencial.  

He vuelto a leer El astillero y renuevo aquella lejana sensación que sentí cuando la leí por primera vez: lucidez ante la inutilidad de la vida, una idea casi vertiginosa de la muerte y esa otra luminosa poética de la incertidumbre y la relatividad que apunta tan directamente al corazón cartesiano de los relatos unívocos. No hay una próxima primavera para Larsen. Su alma, mezcla de los nihilistas de Roberto Arlt y Camus, dibuja ese paisaje devastado y carente de sentido intrínseco, que hubiera dicho Kant. Recuerdo una frase de algún cuento de Onetti: "También la vida es una idiotez complicada". Pero en esa idiotez, la escritura y la compasiva ficción que nos protege o nos salva hacen que seamos simplemente, como pidió un día el mismo Onetti, cada minuto de esos sucesos que no provocamos con nuestra voluntad. Démonos, pues, una oportunidad como lectores.

 

comentarios 9

9 Comentarios

Publicado por: Yo sólo sé que no sé nada 28/09/2012

Una prueba de literatura: De autores vamos hoy http://www.dwaroo.com/Play_Quiz.aspx?Gid=1720

Publicado por: Elena 28/09/2012

Sr. Zalles. le cito: «es hora de volcar la página y leer a.... » Qué tontería. Cada cual lee -- en última instancia -- lo que le da la gana no importa cuánto y lo que insistan libreros, editoriales, presupuestos limitados e ilimitados, maestros, amigos etc., etc. Por favor, sería el colmo.

Publicado por: rolando fenollosa 28/09/2012

Cuando Heidegger se palpa las ropas metafisicas advierte que el ser en camino del ser, que camina en paños menores y contra reloj. El ser-para-la-muerte investiga, (en el mejor de los casos), a sabiendas de q su tiempo se cumple, quiza antes de q su encuesta haya logrado siquiera formular las preguntas y contrastarlas, y tal vez haya de morir asediado de incertidumbres. (Husserl decia q la filosofia siempre se encuentra en una etapa incoativa.) Una informulada intencion aguija a los mejores, y ellos se consumen entre dudas y entre parentesis, se desazonan, emplazados y en capilla, balbucean, "asi como las manos van al ente, lo constituyen; asi hay q volver de el, deshacer lo andado, desconstruirlo —o destruirlo, Abbau— por fidelidad al ser."

Onetti descubre q la angustia esencial del ser para la muerte se da en el sudamericano, en algunos sudamericanos, con tres peculiaridades: 1. El verdadero gusto de la precariedad lo da la caducidad, q no es un plazo, sino una condicion humana, menuda faena. 2. El sujeto sanmariano (nosotros) se sabe dividido para siempre de vosotros, los muchachos y las muchachas, (a cuya corrupcion asiste ironico: a las bravatas trasnochadas de alguno; al deterioro del eterno virginal q tantos personajes femeninos alienados hasta el extremo anuncian con ropas
inapropiadas, simbolicas, vindicando tercamente una condicion de doncella sobrenatural definitivamente instala en la edad perfecta q justifica los oscuros tratos q tejieron su genealogia. Doncella detenida en el fulgor de la plenitud de los tiempos, bajo la especie de la gloria.)

Y para siempre dividido de vosotras, las mujeres, a quienes la relojeria interna diseña un amorfo proposito q en la forma del matrimonio no cabe sin sacrificio, y que considera y adopta otras formas decadentes. La armas formidables de esa logica ceden un resquicio, q la propia logica determina. Por ese resquicio las abordamos, compelidos, sí, por las hormonas, pero conscientes de ello, tambien. El nosotros sanmariano sabe q trata con animales eternos tripulados por.criaturas contingentes, la caducidad de cuyo animal eleva su destino a la dignidad humana, suburbana y envilecida, si en Buenos Aires, fracasada y disgustada y amargada, si de vuelta en Santa Maria. En Santa Maria, en vano se airean quimeras inviables, en vano se empecina Larsen en imponer letreros y alegar cargos industriales, en fingir despachos y gerencia y subdirecciones, en aceptar ofensas y pasar hambre. Por eso escribimos. Larsen no es de los nuestros, santamaria cria tambien un sub-burgo animal, con hambre, amor, sisa, bebes, sangre, vomitos y una institucion dominical abominable: el Chamamé.
¿Será este el punto 3? La diligencia burguesa construye, no sin peripecias q anota la historia, construye viviendas y fabricas, con trabajo y para trabajar, hasta llegar a la culminacion de su anhelo europeisimo, provincianisimo, rencorosisimo: el estado: comerciante e industrial y prestamista de grado superior. Y la universidad: la educacion superior. Que dice por boca del existencialista q el tiempo se acaba, uno descarta cursos de accion inautenticos, y no acaba de dar con la propia verdad, se viene la muerte, urge no dar pasos en falso, la educacion superior agoniza. entre dudas.
El mundo pasa de largo, somos ser-para-la-vejez, y luego vejeces cara a la muerte. Sobra empezar a poner ladrillos, un hombre despierto sabe esto sin maestros, e incluso con ellos. Habra un sentido para la vida, pongamos. Entonces la sensata vida vacia de sentido a la carne, que es estrictamente inmanente, y de una inmanencia expresiva. Nacemos, caducamos, morimos. No hay tarea del ramo de la autenticidad, para el hombre. La mas digna es mantener la mirada en las cosas, el hombre despierto observa, y traslada al projimo trabajos especulativos. (En Onetti se da una continuidad observar — saber — escribir, que escoge y clasifica. Se da la clase, se dan afinidades de clase. Esos happy few, buenos observadores, o bien informados, o anomalos escritores, se profesan hostilidad, sin embargo; y, si la actitud lo merece, por amarga, o infantil, o agresiva, condescienden a la piedad.) Que la vida este llamada al sentido, deciamos, condena a la carne. El heroe carnal comunica por conducto carnal con la mujer. (¿habra parentesis con mas justificado passim?) La mujer circula la vida, se somete a cualquier estado de cosas desde donde pueda impulsarla. Recurre a los mecanismos mas abyectos, carga con la piedras de sisfo, perpetua a Zoe. No es ajena a la caducidad ni a la extincion de la carne, las aprovecha. No contempla, hace. El enemigo espejo, q al heroe presenta un desolador espectaculo, para ella representa un útil. La reproduccion, q asegura una posteridad de carne omisible, y una cantidad de mamifero y de vida, de biomasa sapiens, para ser precisos, en cuyos principios de conservacion e incremento biomasico rige una logica bien averiguada en todo ser vivo; la reproducion comunica ambos orbes. (No se tenga en poco el coito, q sea puntual no implica q sea tambien instantaneo. Su etimologia esboza la compañia, y cuando el co-ire se pone fino — en "coeunda" pienso—, ya refleja la compañia durando, si es q perifrasticamente no la determina.)

Publicado por: Willy Ochoa 28/09/2012

"La realidad a veces sencillamente es esa: su ininteligibilidad". Recuerdo esta impresión al inicio de la lectura: no se entendía mucho de qué trataba la novela, qué ambiente impreciso y nebuloso era ese. Creo que entiendo en qué sentido dices que la realidad es a veces ininteligible. Pero la pregunta que me hago es si la novela es un ejercicio de Onetti por hacerla inteligible. O acaso sólo quiere mostrarla así: sin sentido ni propósito. Creo que se dan las dos situaciones. Quiere mostrarla sin sentido, porque así la percibe, pero intuye que debe haberlo, y su forma de luchar por encontrarlo es escribiendo la novela. Y quizás al final algo se nos hace inteligible, algo nos reconcilia con nosotros mismos. Saber y entender la indiferencia del mundo respecto de lo que llevamos dentro, y contemplar a la vez cómo los hombres (Larsen) son seres que persisten y que son movidos por la percepción de una trascendencia.

Publicado por: Alberto A. Zalles 28/09/2012

En Europa y España se ha hecho un lugar común hablar de Onetti, Vargas Llosa o García Marquez. Dar una nueva "oportunidad" a un gran escritor, no me parece original.
Es hora de volcar la página y leer a: Daniel Alarcón, Cristina Peri Rossi, Sergio Ramirez, Mario Bellantín, Roberto Bolaño....

Publicado por: Blog Como PERDER PESO 28/09/2012

----Un GRAN consejo para PERDER PESO. Video GRATIS: http://.sn.im/24qm736

Publicado por: Elena 28/09/2012

Buen artículo. Pero ya había leído, con fruición y fascinada, el increíble "Viaje a la ficción" de Mario Vargas Llosa. Sin embargo, disfruté leyendo de nuevo sobre Onetti.

Publicado por: Armando Gascón Lozano 28/09/2012

Coincido con Scagliola. Y si aquel tiempo vivido por Onetti fue malo, la degradación de Uruguay hoy, está bien ocultada en la prensa española -Soledad Gallego Díaz muy oronda de entrevistar a Mujica y Topolansky jamás se ha referido a los pibes chorros asesinos impunes, con 13 años !
Para banalidad de la vida que te asesine un niño cuando estás en un bar comiendo una pizza, eso aún no pasaba cuando Onetti escribió El Astillero, aún no se vivía en un país como hoy donde matan y mueren por una botella de cerveza. Hoy no es Larsen, hoy es Tombstone, pero sin el sheriff.

Publicado por: rICARDO SCAGLIOLA 28/09/2012

Es un comentario válido. Pero desde Uruguay se puede hacer otra lectura: es el deterioro y la caída de un país que durante algún tiempo llamaron (mal) "la Suiza de América". Más allá de lo narrado, el conjunto de El Astillero, es una gran metáfora del deterioro progresivo y luego el derrumbe de un país progresista (en el mejor sentido de la palabra). No sé si en España se entenderá esto.

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