Papeles Perdidos

Segundas oportunidades

El indómito corazón de 'El gran Meaulnes', de Alain-Fournier

Por: EL PAÍS11/11/2012

Fournier_meaulPor J. ERNESTO AYALA-DIP

Una mañana de verano de 1905, un joven pasea a orillas de Sena. De pronto ve a una mujer que le llama poderosamente la atención. Esa mujer era la belleza personificada. El joven se le acerca e intenta, si no cortejarla sí saber todo lo que pudiera sobre ella. La bella mujer sólo le contesta que se llama Yvonne Quièurecourt. Y así como apareció, desapareció, en un abrir y cerrar de ojos. El joven se llama Henri Alban Fournier. Tiene diecinueve años. Pero nosotros lo conoceremos siempre como Alain-Fournier, el autor de El gran Meaulnes.

Cuando leí esta novela por primera vez, todavía no se sabía dónde estaba enterrado su autor. Se sabía que había muerto en 1914 a los veintisiete años, en Les Éparges, muy cerca de Verdún,  en acción de guerra. Al año siguiente de publicar su única novela. Recién en 1991 se descubrió su cuerpo enterrado en una fosa común alemana. Además de su consagrada novela (que dicho sea de paso se publicó el mismo año que “Las cuevas del vaticano, de André Gide y Por el camino de Swan, de Marcel Proust), Alain-Fournier dejó una novela inacabada, textos poéticos y un importante epistolario, entre el que se encuentra el que mantuvo con el escritor Jacques Rivière, cuñado suyo dado que estaba casado con su hermana Isabelle, a la que dedica “El gran Meaulnes.

Debo decir, antes que nada, que comparto absolutamente con el escritor francés Frédéric Beigbeder la extrañeza  que le causa las similitudes entre El gran Gatzby y El gran Meaulnes. No solamente el título, que no deja de ser bastante notoria, sino también el uso de un narrador fascinado por el protagonista empeñado en un amor imposible. Con buen criterio Beigbeder se pregunta si Scott Fitzgerald no  habría leído antes de escribir su novela a Alain-Fournier. El relato falsamente autobiográfico de su narrador es en el fondo una especie de elegía a la pérdida de la pureza esencial, que decía un crítico argentino en los años setenta. Me interesa ahondar en otra idea de Beigbeder: dice el autor de “13,99 euros, que El gran Meaulnes es un canto al amor unilateral. Y que en cuanto el amor se hace correspondido, se convierte en una lata. Yo pienso lo mismo, aunque con un matiz. Es verdad que amar, al fin y al cabo, es amar el amor del otro. Sobre todo eso. Comprobar que somos amados, para decirlo brutalmente, “nos pone”. Sentimos saciada nuestra enfermedad egocentrista. Pero Meaulnes ama como se ama en los sueños. Por ello tiene la novela de Alain-Fournier ese aire de encantamiento casi surrealista. De encuentro y desencuentro doliente y a la vez mágico.  

El gran Meaulnes es una novela de iniciación. Se convoca en sus páginas el amor absoluto, no solamente en la persona de su heroína Yvonne de Galais, sino en todas las Yvonne que le depare su desconocido destino aventurero. La obsesión del amor como motor vital, como ebriedad de la carne y el espíritu. Se le rinde tributo incluso cuando muere, porque fue un día algo palpitante a lo que se le guardará infinita memoria. Alain-Fournier plasmó en su libro inmortal una alegoría de la experiencia amorosa. Recabó en sus recuerdos de adolescencia, la materia de su límpida y tenue trama. Trasladó su experiencia provinciana y lo hizo dibujando todos sus perfiles y aristas: la tierra, el color de las estaciones, la fiebre del verano, los diminutos ruidos de la noche y su silencio. Al amparo del simbolismo fin-de-siècle,  Alain-Fournier no transige con el realismo. Y sin embargo escribe una novela de aventuras, aunque en el fondo sea en realidad una novela de aventuras espirituales. Agustín Meaulnes terminará encontrando lo que durante toda su adolescencia buscó desesperadamente. Una vez alcanzado lo que parecía imposible para él, se nutre de nuevos deberes de su corazón indómito.  Partirá de nuevo hacia nuevas aventuras. Las heridas y el éxtasis de nuevas búsquedas que arrastrará consigo y así hasta el fin de sus días. Fantasía y realidad a partes iguales, El gran Meaulnes les parece a algunos estudiosos, no sin razón, la novela más lírica de Truman Capote, Otros voces, otros ámbitos.

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comentarios 6

6 Comentarios

Publicado por: Alfonso Antón 11/11/2012

Una novela de un adolescente sin realidad,que vive en un mundo gris y que huye sin motivo a la fantasía por su imposibilidad de sumergirse en el mundo. Reivindicada en ocasiones aisladas como un clásico no se ha consolidado del todo como tal. Curiosamente yo viví una historia paralela, una chica que me gustaba en una amistad superficial era adicta a esta novela. Uno se imagina a gente pálida,muy introvertida y cerrada en casa como lectores de esta novela,pero lo más curioso es que no es así.

Publicado por: AURISTELA 11/11/2012

Precioso remanso, J.Ernesto.

Publicado por: ANTONIO LARROSA 11/11/2012

El siglo pasado fué el mejor de la literatura mundial, ahora solo podemos leer alguna mediocridad entre la basura que por doquier se escribe.

Clica sobre mi nombre

Publicado por: Felipe Rojas 11/11/2012

Sobre el autor, un antiguo poeta chileno contaba

LOS DOMINIOS PERDIDOS

A Alain-Fournier

Estrellas rojas y blancas nacían de tus manos.
Eran en 189... en la Chapelle d'Anguillon,
eran las estrellas eternas
del cielo de la adolescencia.
En la noche apagaste las lámparas
para que halláramos los caminos perdidos
que nos llevan hacia un laúd roto y trajes de otra época,
hacia una caballeriza ruinosa y un granero de fiesta
en donde se reúnen muchachas y ancianas que lo perdonan todo.

Pues lo que importa no es la luz que encendemos día a día,
sino la que alguna vez apagamos
para guardar la memoria secreta de la luz.
Lo que importa no es la casa de todos los días
sino aquella oculta en un recodo de los sueños.
Lo que importa no es el carruaje
sino sus huellas descubiertas por azar en el barro.
Lo que importa no es la lluvia
sino su recuerdos tras los ventanales del pleno verano.

Te encontramos en la última calle de una aldea sureña.
Eras un vagabundo de barba crecida con una niña en brazos,
era tu sombra -la sombra del desaparecido en 1914-
que se detenía a mirar a los niños jugar a los bandidos,
o perseguir gansos bajo una desganada llovizna,
o ayudar a sus madres a desvainar arvejas
mientras las nubes pasaban como una desconocida,
la única que de verdad nos hubiese amado.

Anochece.
Y al tañido de una campana llamando a la fiesta
se rompe la dura corteza de las apariencias.
Aparecen la casa vigilada por glicinas, una muchacha
leyendo en la glorieta bajo el piar de gorriones,
el ruido de las ruedas de un barco lejano.

La realidad secreta brillaba como un fruto maduro.
Empezaron a encender las luces del pueblo.
Los niños entraron a sus casas. Oímos el silbido del titiritero que te llamaba.
Tú desapareciste diciéndonos: "No hay casa, ni padres, ni amor:
sólo hay compañeros de juego".
Y apagaste todas las luces
para que encendiéramos
para siempre las estrellas de la adolescencia
que nacieron de tus manos en un atardecer de mil ochocientos
noventa y tantos.

Publicado por: malaparte 11/11/2012

Nunca es tarde para leer El gran Meaulnes, todos dejamos atrás la cáscara del niño que fuimos. Compartido aquí:
http://goo.gl/sOzQI

Publicado por: Nely 11/11/2012

http://nelygarcia.wordpress.com. Escribir sobre ese tema aunque sea algo repetido, siempre resulta interesante. Estoy de acuerdo en que el amor, es un sentimiento que nos invade y no necesita ser correspondido.
http://www.facebook.com/pages/Nely-Garc%C3%ADa/368054793274553?ref=hl
http://www.facebook.com/nely.garcia.3557

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