Por: Virginia Collera04/02/2013
Fuente: Leonard John Matthews / powertochange.com
En muchas librerías las memorias del ciclista Lance Armstrong ya reposan en las estanterías de ficción, su nueva ubicación tras su entrevista-confesión con Oprah Winfrey. Pero eso no es suficiente para dos californianos que han demandado tanto a Armstrong como a Penguin y Random House, las editoriales que publicaron sus libros. Ambos buscan justicia porque se sintieron "estafados, engañados y traicionados". En China, sorprendidos a la par que exultantes se sienten los editores de Finnegans Wake de James Joyce, cuya primera edición se ha convertido en un inesperado best-seller. Empezamos.
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Sigmund Freud dijo: “La mendacidad es lo que hace que las autobiografías merezcan la pena”. Evidentemente, Rob Stutzman y Jonathan Wheeler no comparten la opinión del padre del psicoanálisis y la semana pasada presentaron una demanda colectiva contra Lance Armstrong y las editoriales Penguin y Random House alegando que “fueron engañados por los demandados y compraron los libros de Armstrong bajo la falsa creencia de que eran obras de no-ficción veraces y sinceras”. Ian Crouch aprovecha la oportunidad para escribir en The New Yorker sobre qué debemos esperar de un libro de memorias. Armstrong escribió dos con ayuda de la periodista de The Washington Post Sally Jenkins: Mi vuelta a la vida: Cómo gané el tour después de superar el cáncer y Vivir cada segundo (ambos publicados en España por RBA). En ellos hay párrafos como el siguiente:
“El dopaje es un hecho desafortunado en el ciclismo y en el cualquier otro deporte de resistencia. Inevitablemente, algunos equipos y ciclistas consideran que es como las armas nucleares: tienen que pasar por ello para ser competitivos dentro del pelotón. En mi caso nunca lo vi así y después de pasar por quimioterapia la idea de meter cualquier sustancia extraña en mi cuerpo me provocaba repulsión”.
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