Papeles Perdidos

segundas oportunidades

Nellie Campobello, una niña en la revolución mexicana

Por: EL PAÍS04/05/2013

Por EDMUNDO PAZ SOLDÁN

Diego-rivera-sueño-deuna-tardedominical-enla-alamedaSueño de una tarde dominical en la alameda, de Diego Rivera.

Leí a Nellie Campobello (1900-1986) en mi primer año de universidad en Berkeley y no supe más de ella. Quedaron los otros autores de ese curso sobre la revolución mexicana y sus consecuencias –Juan Rulfo y compañía-, pero ella, más allá de algún trabajo académico, fue prácticamente olvidada. Hace un par de semanas saqué de la biblioteca Cartucho, el libro que había leído de ella, y me sorprendí: la fuerza de esa prosa se mantenía intacta, al igual que sus imágenes elocuentes.  

Nellie-campobelloSi la literatura es, entre otras cosas, encontrarle una perspectiva nueva a una historia conocida, estos relatos de la revolución mexicana son por demás originales. En  Cartucho, un libro de corte autobiográfico, Campobello adopta la mirada de una niña en las postrimerías de la revolución, y la niña nos hace ver una lucha que no está ni en Azuela ni en Martín Luis Guzmán ni en los otros grandes narradores de ese período. La narradora dibuja perfiles rápidos y precisos, como el de Elías Acosta, un soldado que regalaba balas a los niños y “se ponía a hacer blanco en los sombreros de los hombres que pasaban por la calle”, y los de tantos muertos abandonados en las calles de Chihuahua, como Zequiel y su hermano: “tenían los ojos abiertos, muy azules, empañados, como si hubieran llorado. No les pude preguntar nada, les conté los balazos…”. Muchos de esos relatos nacen de la madre de la niña, que admira a Pancho Villa y le transmite esa admiración; para la niña, Villa nació con la revolución, “antes nunca existió”. Villa es el bandido que defiende a los pobres, un caudillo capaz de llorar después de un discurso sobre la dignidad de los campesinos; sus hombres, admirados por las “buenas e ingenuas” mujeres del Norte, son “los centauros de la sierra de Chihuahua” (la edición original, de 1931, es mucho más “villista” que la definitiva, de 1940; críticos como Jorge Aguilar Mora señalan que esa defensa a ultranza de Villa fue la que complicó la entrada de Cartucho al canon).

La Obra reunida de Nellie Campobello, publicada por el Fondo de Cultura Económica (2008), incluye sus dos libros más importantes, Cartucho y Las manos de mamá.

 Consulta AQUÍ la serie complete SEGUNDAS OPORTUNIDADES 

comentarios 10

10 Comentarios

Publicado por: Naughty 04/05/2013

Maravilloso leerlo en la terraza con vistas al mar, una bella historia cautivadora.

Publicado por: Lukas 04/05/2013

La verdad que gusta saber estas historias tan interesantes, y conocer mejor lo que paso en aquellos tiempos.

Publicado por: Factory 04/05/2013

La historia es mi gran pasion, y esta heroina es una de mis debilidades.

Publicado por: Picavita 04/05/2013

Una historia increíble digna de ser contada

Publicado por: Web 04/05/2013

A lo mejor es que tenia miedo al agua, jajaja.

Publicado por: online 04/05/2013

Una historia de lo más interesante. Como me gusta la historia

Publicado por: eldeseo 04/05/2013

Un punto de vista mas de la historia que no desmerece al lado de otros, si no mas bien se complementan, como es normal el lector luego decide.

Publicado por: Diavolo 04/05/2013

Todo un coronel, que no sepa como cruzar un río a caballo...

Publicado por: vibrafaccion 04/05/2013

La verdad que gusta saber estas historias tan interesantes, y conocer mejor lo que paso en aquellos tiempos.

Publicado por: fernan55 04/05/2013

Admiro en Villa la libertad de cabalgar por miles y miles de km en el norte de México, esa imagen es de un magnetismo sin igual en subsecuentes generaciones de jóvenes Mexicanos, nada se puede comparar con ello ni siquiera los westerns de Hollywood. Desde luego lanzar cargas de caballería contra nidos de ametralladoras, no descubrir la caballería contitucionalista
escondida afuera de Celaya y sin duda no cortar las líneas de abastecimiento provenientes de Veracruz en ruta al Bajío es de una ingenuidad que se antoja increíble 100 años después.
No creo que Rodolfo Fierro fuera el gran jinete que describe John Reed, valiente sí, y sin duda , pero jinete no y lo prueba el incidente en laguna de Casas Grandes donde murió intentando atravesarla a caballo, para empezar te debes quitar las polainas musleras, no meter las botas en los estribos, flotar libremente sobre la montura, no sofrenar o tirar de las riendas justamente lo que gustaba hacer Fierro, pues el caballo enloquece se voltea y patea, lo que sucedió al coronel Fierro.

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