El republicano Paul Ryan. / AP
En general, soy un hombre de números y conceptos, no de sentimientos. Cuando critico a alguien como Paul Ryan, el presidente republicano del Comité Presupuestario de la Cámara, hago hincapié en su irresponsabilidad y falta de honestidad, no en su evidente falta de empatía con los menos afortunados.
Aun así, hay veces —en el caso de Ryan y, más en general, en el de gran parte de su tribu política— en las que esa falta de empatía simplemente le deja a uno sin palabras. Harold Pollack, un catedrático de gestión de servicios sociales en la Universidad de Chicago, pillaba hace poco a Ryan calificando los recortes que ha propuesto en Medicaid, los cupones para alimentos y otras ayudas de “reforma del Estado de bienestar, segunda ronda” en unos comentarios que siguieron al anuncio de su último plan presupuestario y que indicaban que nuestro actual conjunto de programas de seguridad social es “una hamaca que adormece a personas no discapacitadas y las lleva a vidas de dependencia y complacencia”.
Oh, dios mío!