Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

Por qué esta crisis económica no es como las demás

Por: | 29 de junio de 2012

Varias personas me han pedido que responda a un editorial publicado por The Wall Street Journal y escrito por Phil Gramm, ex senador estadounidense por Texas, y Glenn Hubbard, decano de la escuela de negocios de la Universidad de Columbia, acerca de la recuperación de Reagan en contraste con la de Obama y por qué demuestra que la economía de derechas es fantástica.Pero ya había respondido. ¿Cuándo? En febrero de 2008, cuando gente como Hubbard y Gramm negaban que hubiese recesión en absoluto. De hecho, Gramm declaraba en una entrevista publicada en The Washington Times el 9 de julio de 2008 que lo único que padecíamos era una “recesión mental” y que Estados Unidos se había convertido en una “nación de llorones”.

Alan Greenspan, anterior presidente de la Reserva Federal.

Así pues, hace más de cuatro años predije una recuperación muy lenta. ¿Por qué? Porque recesiones como las de 1990-1991, 2001 y 2007-2009 tienen orígenes muy distintos a las de 1974-1975 o la recesión doble de 1979-1982. Las viejas recesiones fueron creadas más o menos deliberadamente por la Reserva Federal mediante una restricción monetaria que pretendía controlar la inflación, lo cual significaba una recuperación en V una vez que la reserva decidiera que habíamos sufrido suficiente y soltara las riendas. Todas las nuevas recesiones han reflejado una extralimitación del sector privado, que es mucho más difícil de compensar.
Fíjense en que aunque pronostiqué una recuperación lenta ya entonces, lo ha sido todavía más de lo que esperaba. Pero no tiene ningún misterio; en aquel momento, ni yo ni nadie sabíamos hasta qué punto había sobrepasado sus límites el sector privado, y tampoco esperaba la austeridad fiscal sin precedentes que ha lastrado tanto la recuperación teniendo en cuenta que nos encontramos en una trampa de liquidez.
Y sí, es frustrante que la crisis económica esté redundando en el beneficio político de algunas personas que se han equivocado absolutamente en todo, mientras que gente como yo, que tal vez no hayamos acertado siempre, hemos acumulado un espléndido historial durante los últimos cinco años.

Letonia y el récord de Romney

No es una conexión que cupiera esperar, pero hay algo ahí.
Ha habido algunos toma y daca por el récord de creación de empleo de Mitt Romney como gobernador de Massachusetts. Lo cierto es que los gobernadores no tienen demasiado impacto en esas cosas pero, por si sirve de algo, la creación de empleo en Massachusetts era nefasta. La respuesta de la campaña de Romney ha consistido en citar el bajo índice de desempleo del estado cuando abandonó el cargo; la respuesta a la respuesta es que obedeció a que alguna gente se había ido del estado.
La movilidad laboral no tiene nada de malo, pero reducir la tasa de paro trasladando a gente a otro lugar no es exactamente una receta para la recuperación nacional.
Lo cual nos lleva a Letonia, donde el desempleo, aun siendo muy alto todavía, ha bajado. Pero esto guarda mucha relación con una enorme caída de la población activa, motivada en gran medida por la emigración.
Insisto: la movilidad laboral no tiene nada de malo, pero si Letonia supuestamente ha de ser un modelo a seguir, trasladar toda Europa a otro lugar de Europa no acaba de parecer una propuesta sostenible.

Traducción de News Clips.

(c) 2012  New York Times.

España consigue un rescate, pero no cambia nada

Por: | 25 de junio de 2012

Rajoy


Vale, España ha conseguido que rescaten sus bancos. Básicamente es como el Programa de Alivio de Activos Problemáticos (TARP, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos: un organismo del Gobierno español proporcionará dinero a los bancos, supuestamente a cambio de una participación en el accionariado, con el propósito de garantizar a los depositantes y prestamistas interbancarios que sus fondos estarán seguros aunque las entidades sufran grandes pérdidas. La cuestión es que esas pérdidas inicialmente saldrán del nuevo montón de efectivo, de modo que no se producirán impagos de la deuda.

La pega es que el Gobierno español carece de dinero y debe pagar unos tipos elevados para solicitar préstamos en el mercado, de modo que este dinero es un crédito de economías europeas más fuertes, probablemente a unos tipos por debajo del mercado.

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La historia de éxito no tan exitosa de Estonia

Por: | 22 de junio de 2012

Puesto que Estonia se ha convertido de repente en el epítome de los defensores de la austeridad (¡Están en el euro y prosperan!), me pareció que podría ser útil hacernos una idea de qué estamos hablando. A continuación encontrarán un gráfico de Eurostat que muestra el verdadero producto interior bruto.

Evolución del PIB de Estonia.

O sea, una recesión terrible –de la escala de una depresión– seguida de una recuperación importante, pero todavía incompleta.

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La salvación de la eurozona

Por: | 20 de junio de 2012

Jeremy Siegel, catedrático de finanzas de la Wharton School, perteneciente a la Universidad de Pensilvania, se hace eco en una tribuna publicada en Financial Times de gran parte de lo que algunos de nosotros llevamos años diciendo sobre la inviabilidad de la devaluación interna, pero a renglón seguido añade que la respuesta es la devaluación del euro en su conjunto.

Ejem, ¿contra quién?

Me refiero a que Estados Unidos y Japón no son precisamente baluartes de poderío económico, fácilmente capaces de proporcionar la demanda que le falta a Europa. Eso deja como única respuesta a los mercados emergentes. Y mientras que yo y otros llevamos años defendiendo que se ponga fin a la manipulación monetaria china, China a estas alturas (a) no parece muy fuerte y (b) no tiene tanto peso –todavía- en la economía mundial.

Más en general, Europa en su conjunto, al igual que Estados Unidos, sigue siendo una economía relativamente cerrada. Su salvación debe ser básicamente interna. Ahora bien, si “devaluación” es una palabra en clave que significa aumentar el objetivo de inflación, entonces bueno.

James Tobin

La última vez que tuve oportunidad de escuchar al fallecido economista James Tobin, dio una charla en la que afirmó bromeando que, por lo que él sabía, todas las principales divisas del mundo necesitaban devaluarse respecto a las demás. Esta es una de esas ocasiones, y lo que esto nos dice en realidad es que necesitamos estímulos fiscales y monetarios.

Acabo de ver, y ahora no puede encontrar, una comparación entre la posición de Alemania y la de la periferia europea ahora y la posición de Estados Unidos frente a la de las naciones europeas con deudas de guerra después de la Primera Guerra Mundial. En cualquier caso, guardan un gran parecido. Leído en los Ensayos de Persuasión de John Maynard Keynes: "En última instancia, y probablemente en breve, deberá producirse un reajuste de la balanza de exportaciones e importaciones. Estados Unidos debe comprar más y vender menos. Esta es la única alternativa para que haga a Europa un regalo anual", escribía el economista en 1921. "O bien los precios estadounidenses deben aumentar más rápido que los europeos (que será el caso si la junta de la Reserva Federal permite que la afluencia de oro produzca sus consecuencias naturales) o, a falta de esto, hay que conseguir el mismo resultado mediante una nueva depreciación de los tipos de cambio europeos, hasta que Europa, debido a su incapacidad para comprar, haya reducido sus compras a los artículos de primera necesidad".

Keynes habla a continuación de la insensatez de la política estadounidense, que exigía simultáneamente que los europeos pagaran a tocateja, a la vez que les negaba la capacidad de exportar lo suficiente para poder hacer esos pagos. De modo que en esto también estamos repitiendo errores antiguos. Pero ¿por qué no aprende nadie?

Traducción de News Clips.

© 2012 New York Times.

Bienvenidos a los años treinta

Por: | 18 de junio de 2012

Draghi
Mario Draghi, presidente del BCE, en una comparecencia reciente. / REUTERS

Martin Wolf es mordaz (y con razón). “Hasta ahora nunca había comprendido cómo pudo suceder lo de los años treinta”, escribía el columnista de The Financial Times en una tribuna de opinión publicada el 5 de junio (edición de pago). “Ahora sí. Lo único que se necesita son unas economías frágiles, un régimen monetario rígido, un debate intenso sobre lo que hay que hacer, la creencia generalizada de que sufrir es bueno, unos políticos miopes, una incapacidad para cooperar y el no anticiparse a los acontecimientos”.

En el momento justo, el Banco Centra Europeo (BCE) se negó a rebajar los tipos de interés o anunciar otras políticas que pudieran ser de ayuda. Porque, ¿qué razón podía existir para tomar cartas en el asunto?

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El problema con la vanidad

Por: | 18 de junio de 2012

El columnista Martín Wolf da en el clavo en un blog reciente publicado en Financial Times: el gobierno de David Cameron cometió un error terrible al lanzarse de lleno a la doctrina de la austeridad, y ahora no puede cambiar de rumbo, porque el hacerlo equivaldría a reconocer su error.
"Podría ser humillante para el Gobierno presentar ese discurso ahora", escribía Wolf. "Pero no hay razones para que los ciudadanos de Reino Unido deban sufrir por culpa de su error, indefinidamente".
Pero, naturalmente, sí hay una razón: la ambición y la vanidad de los políticos.

Traducción de News Clips.
© 2012 New York Times.

La profecía británica autocumplida

Por: | 13 de junio de 2012

Hace unos días escribí sobre la creencia extendida en Gran Bretaña de que se ha producido un drástico desplome del potencial de la economía. El columnista de Financial Times Martin Wolf añade mucho más en una columna reciente, además de un enlace a un informe muy relevante escrito por los economistas Bill Martin y Robert Rowthorn, titulado Is the Bristish Economy Supply Constrained II? A Renewed Critique of Productivity Pessimism [¿Está constreñida  la oferta de la economía británica II?  Una crítica renovada del pesimismo de la productividad], que, por lo que yo interpreto, echa por tierra muy eficazmente esa creencia.

Hay muchos detalles técnicos, pero a mi modo de ver el principal argumento es que vemos una clara caída en la medida de la productividad británica que podría ser consecuencia bien de algún misterioso cambio estructural o de la idea mucho más común de que muchas empresas han conservado un exceso de plantilla ante lo que ellas esperan que sea una caída meramente temporal de las ventas. Y los datos sencillamente no apoyan ninguna de las explicaciones propuestas para ese supuesto cambio estructural.


Imagen de la City de Londres


En concreto, la frase popular por estos lares es que se debe a la pérdida de todos esos puestos de trabajo de alto valor en las finanzas, que suena posible hasta que uno hace números y se encuentra con que las cifras son muy muy pequeñas. Esto tiene un fuerte parecido familiar con las historias sobre el supuesto desempleo estructural en Estados Unidos que se centra en el cambio experimentado en la construcción; una vez más, esto suena bien hasta que se hacen números y nos encontramos con que es minúsculo.
Esto tiene importancia, y mucha. Si Gran Bretaña no ha experimentado un misterioso hundimiento de la productividad, sí padece, mucho más de lo que se reconoce, una falta de demanda real, y también tiene un problema subyacente de presupuesto mucho más pequeño de lo que afirma el gobierno. Es posible que los británicos estén hablando mal de su economía y de esta forma están creando una profecía que se vuelve realidad, en la que el pesimismo excesivo respecto a su potencial induce a adoptar políticas que de hecho empobrecen a la nación.
¿Qué si sé a ciencia cierto que esto es verdad? No. Pero parece más plausible que el argumento oficial. Y sin duda la política debería tener en cuenta no solo el riesgo hasta ahora puramente hipotético de una pérdida de confianza por parte del mercado de bonos, sino también la posibilidad muy real de que, por culpa de un pesimismo excesivo, estén dilapidándose enormes cantidades de producción en potencia, por no hablar de la producción futura.

Traducción de News Clips.

© 2012 New York Times.

El centrista profesional

Por: | 07 de junio de 2012

ObamaTodo se viene abajo. Y el centro no solo no se ha sostenido, sino que ni siquiera ha sido capaz de llamar la atención. Americans Elect, un grupo centrista generosamente financiado que iba a ser la alternativa a los partidos políticos tradicionales, ha sido un completo fracaso.

Básicamente, el proyecto interesó a unas siete personas, todas ellas expertas en política. A los votantes de verdad les importaba un pimiento.

¿Que salió mal? Pues bien, en Estados Unidos hay un amplio electorado para un líder político que esté dispuesto a asumir posturas responsables: que pida más inversión en la enseñanza y en las infraestructuras del país, y que proponga reducir el déficit a largo plazo mediante una combinación de recortes del gasto y subidas de impuestos. Y de hecho hay un líder político dispuesto y con ganas (quizás demasiadas) de interpretar ese papel; su nombre es Barack Obama.

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¿Parará el BCE el ‘susto’ bancario?

Por: | 04 de junio de 2012

Pireo
El blog Alphaville del Financial times publicaba no hace mucho un buen reportaje sobre lo que está pasando y –de manera implícita– sobre lo cerca que podría estar la salida de Grecia del euro.

Lo que se está produciendo ahora es un susto bancario; los griegos están retirando sus depósitos en euros de los bancos bastante rápido, pero no lo bastante como para poder denominarlo pánico bancario. ¿Pero de dónde vienen los euros?

Básicamente, los bancos se los están pidiendo prestados al Banco Central de Grecia, que a su vez debe pedírselos prestados al Banco Central Europeo.

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El País

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