George Osborne, el ministro de Hacienda de Reino Unido y artífice de sus políticas de austeridad, acaba de dar un giro de 180º (aunque, por supuesto, no lo reconoce).
Jonathan Portes tiene la prueba incriminatoria: en un blog publicado hace poco, el director del Instituto de Investigación Económica y Social británico señalaba que las premisas por las que la nueva política de subvenciones a la inversión privada —incluida la inversión en infraestructuras— mediante garantías de préstamos tiene sentido son exactamente las mismas premisas por las que el gasto público financiado mediante deuda en, por ejemplo, infraestructuras, tiene sentido.
“El Gobierno ha reconocido ahora el argumento intelectual y económico”, escribía Portes en su blog del 15 de junio. “Esperemos que ahora inicie el necesario cambio de política que hemos estado pidiendo, como quiera que decidan llamarlo”.
Entonces, ¿por qué canalizar el dinero hacia sociedades anónimas privadas mediante garantías de préstamo en vez de limitarse a hacer lo obvio y restituir los enormes recortes que se han realizado últimamente en la inversión pública?