Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

El curioso caso de Japón

Por: | 25 de enero de 2013

¿Es Japón el país del futuro una vez más? En un sentido amplio, seguramente no, aunque solo sea por la demografía: los japoneses combinan una tasa de nacimientos baja con una profunda aversión cultural a la inmigración, de modo que el papel futuro de Japón se verá muy limitado por la escasez de japoneses.
Pero algo muy extraño está sucediendo en el frente macroeconómico a corto y medio plazo. En los últimos tres años, la política macroeconómica en todo el mundo desarrollado ha estado dominada por una ortodoxia de la austeridad; incluso en los países en los que no ha habido políticas de austeridad explícitas, como Estados Unidos, el miedo a los déficits ha impulsado un endurecimiento fiscal de facto, al tiempo que la política monetaria se ha quedado muy por debajo de la clase de medidas drásticas que cambian las expectativas y que el análisis teórico indica que son esenciales para una economía que trata de coger impulso en medio de una trampa de liquidez.

Shinzo Abe, primer ministro de Japón.

Ahora bien, hay un país que al parecer está rompiendo con la ortodoxia y, sorprendentemente, ese país es Japón. Según un artículo reciente, "el Gobierno japonés ha aprobado medidas de estímulo urgentes que contemplan un gasto de 10,3 billones de yenes, como parte de un esfuerzo agresivo por parte del primer ministro Shinzo Abe para impulsar el crecimiento en una economía que lleva tiempo moribunda.
"Abe también ha reiterado su deseo de que el Banco Central de Japón adquiera un compromiso más firme para detener la deflación inyectando más dinero a la economía, lo cual, según el primer ministro, es esencial para animar a las empresas a invertir y a los consumidores a gastar".
Esto es particularmente llamativo porque Japón siempre se ha puesto como ejemplo de escarmiento: ¡Miren lo alta que es su deuda! ¡Se cierne un desastre! De hecho, allá por 2009, circulaban muchas historias que aseguraban que la largamente esperada catástrofe de la deuda japonesa por fin se avecinaba.
Pero la verdad es que no. Los tipos de interés a largo plazo japoneses aumentaron en la primavera de 2009 a causa de las esperanzas de recuperación, no por el miedo a los vigilantes de los bonos. Y cuando esas esperanzas se debilitaron, los tipos volvieron a caer, y en la actualidad se mantienen muy por debajo del 1%.
Y ahora viene Shizo Abe. Como nos cuenta Noah Smith, bloguero y redactor de The Atlantic, no se corresponde con la idea que uno tiene de un héroe económico; es un nacionalista, niega las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, y es un hombre al que la política económica interesa más bien poco. El que esté desafiando la ortodoxia  probablemente sea más un reflejo de la aversión que siente en general por la opinión culta que de una aceptación sopesada de la teoría heterodoxa.

Japón

Pero puede que eso carezca de importancia. Es posible que Abe esté haciendo caso omiso de la creencia general en lo que respecta al gasto, y amedrentando al Banco de Japón, por las razones equivocadas, pero el hecho es que está proporcionando realmente un estímulo fiscal y monetario en un momento en el que todos los demás Gobiernos de los países avanzados están demasiado esclavizados por la Gente Muy Seria como para hacer algo diferente. Y hasta ahora los resultados han sido totalmente positivos: ningún repunte de los tipos de interés, pero una drástica caída del yen, lo cual es algo muy bueno para Japón.
Sería una amarga ironía que un tipo bastante malo, por todas las razones equivocadas, acabe haciendo lo correcto desde el punto de vista económico, mientras que todos los buenos fracasan porque están decididos a ser, eso, buenos.
Pero es lo que pasó también en la década de 1930.

© 2013 New York Times.

Traducción de News Clips.

¿Existe un plan?

Por: | 23 de enero de 2013

Si me hubiera pasado los últimos cinco años viviendo en un monasterio o algo así, interpretaría la reciente declaración del Departamento del Tesoro de que la opción de la moneda de un billón de dólares ya no se contempla como señal de que hay algún otro plan a punto. A lo mejor la 14ª Enmienda, o  puede que unos cupones de obligación moral o algún otro tipo de vale, pero algo.
Y tal vez haya un plan. Pero como todos sabemos, el último enfrentamiento por el techo de la deuda pilló desprevenida a la Casa Blanca porque el presidente Obama se negaba a creer que los republicanos amenazarían realmente con provocar una suspensión de pagos. ¿Está siendo realista la Casa Blanca esta vez o sigue confiando en la cordura de los dementes?


La moneda del billón de dólares
 
La cosa es que la opción de la moneda parece absurda, pero claramente acata la letra de la ley. Que yo sepa, ninguna de las otras opciones -exceptuando la rendición en el acto- tiene la misma virtud. El impago sería un incumplimiento de contrato. Pagar con vales a los contratistas, y tal vez a los beneficiarios de la Seguridad Social, quebrantaría la ley, que estipula que se les debe pagar, no darles pagarés. La decisión de que el presidente pueda finalmente hacer caso omiso del techo de deuda evitaría estas infracciones legales a costa de otra ilegalidad.
 
Y la suspensión de pagos en cualquiera de estos sentidos entrañaría el peligro de un enorme desplome de la confianza. En qué quedamos entonces, ¿existe un plan o simplemente será otro caso de palabras duras seguidas por una retirada bochornosa?
 
Como he dicho antes, si no tuviéramos antecedentes en esto, podría confiar en que el Gobierno sabe lo que hace. Pero sí tenemos esos antecedentes, y hay que temer lo peor.
 
Cupones de obligación moral
 
¿No les gusta la opción de la moneda de platino? Aquí tienen una alternativa equivalente desde un punto de vista funcional: que el Tesoro venda pedazos de papel denominados “cupones de obligación moral” que declaren la intención del Gobierno de canjear esos cupones por su valor nominal en un año.
 
En los cupones se debería afirmar con claridad que el Gobierno no tiene - y repito, no tiene - ninguna obligación legal de pagar nada; y es que verán, no son deuda y, por tanto, no computan a efectos del techo de deuda. Pero eso no debería impedir que tengan un valor de mercado considerable. Piensen, por ejemplo, en el hecho de que el Gobierno no tiene ninguna responsabilidad legal de garantizar la deuda de las entidades hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac; sin embargo, la creencia general es que hay una garantía implícita (¡porque la hay!), y esto se refleja y mucho en el precio de esa deuda.
 
De modo que el Gobierno no debería tener dificultades para recaudar una gran cantidad de dinero vendiendo Cupones de Obligación Moral. Es cierto que si se venden en el mercado abierto, probablemente se venderían con un descuento importante respecto a su valor nominal, por lo que esto sería, a efectos prácticos, financiación con un alto tipo de interés. Pero es mejor que suspender pagos o ceder al chantaje.
 
Y a lo mejor los cupones no tienen que venderse en el mercado abierto; ¿por qué no hacer que la Reserva Federal los compre? Recuerden que la Reserva no siempre compra activos seguros; está comprando muchos valores respaldados por hipotecas (de Fannie y Freddie; ver arriba), y durante el peor momento de la crisis financiera compró muchos instrumentos negociables. Entonces, ¿por qué no comprar trozos de papel ligeramente especulativos vendidos por el Tesoro?
 
Insisto, aunque esto pudiera parecer arriesgado, es importante comprender que, a menos que el presidente haga algo así, se verá obligado a hacer algo ilegal: es decir, no gastar un dinero que, a instancias del Congreso, está obligado por ley a gastar. Las estrategias astutas son una alternativa muchísimo mejor, y si irritan al senador republicano Mitch McConnell, considerémoslo una bonificación adicional.
 
Y si hasta la venta de estos cupones plantea algún problema legal, sigue habiendo alternativas, como pagar a los proveedores con estos cupones y luego hacer que la Reserva los compre. La verdad es que la mecánica es lo de menos. Mientras estemos en una trampa de liquidez, imprimir dinero, imprimir títulos de deuda convencionales o imprimir dinero falso sin ningún respaldo legal pero que de todos modos permite al Gobierno pagar sus facturas, son alternativas muy parecidas.

© 2013 New York Times.
Traducción de News Clips.

Tras años de sacrificio, Letonia sigue en recesión

Por: | 20 de enero de 2013

Terrazas en una plaza de Riga (Letonia).
The New York Times publicaba recientemente un artículo sobre Letonia que titulaba 'Acostumbrada a las penurias, Letonia acepta la austeridad y el dolor se reduce'. Si se lee atentamente, no es un publirreportaje. Dice que la situación ha mejorado desde su peor momento, pero sigue siendo muy dura a pesar de las ganas que tienen algunos de proclamar a Letonia una historia de éxito maravilloso. Y eso es absolutamente cierto.

De modo que estamos viendo una recesión con calibre de Depresión, y cinco años después, solo un repunte parcial; el desempleo ha descendido pero sigue siendo muy elevado, y el descenso tiene mucho que ver con la inmigración. No es lo que llamaríamos una historia de éxito triunfal, del mismo modo que la recuperación parcial que experimentó Estados Unidos entre 1933 y 1936 -que de hecho fue bastante más impresionante– difícilmente supuso una enorme victoria contra la Depresión.

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¿Es una moneda la respuesta?

Por: | 17 de enero de 2013

Obama, durante un discurso reciente.
Me han escrito varias personas que me hacían preguntas muy interesantes en relación con el techo de la deuda y otros temas: ¿por qué tiene que endeudarse el Gobierno federal? ¿Por qué no puede sencillamente imprimir dinero para pagar sus facturas? Al fin y al cabo, ¿no hay personas como yo que dicen que eso en realidad no provoca inflación? Pues bien, resulta que sí que hay un problema, o de hecho dos problemas, pero son un tanto sutiles.

En primer lugar, en lo que respecta al aspecto legal, el Gobierno federal no puede sencillamente imprimir dinero para pagar sus facturas, con una peculiar excepción. En lugar de eso, el dinero tiene que ser creado por la Reserva Federal, que a continuación lo pone en circulación comprando deuda federal. Podrían decirme que se trata de una distinción artificial, porque la Reserva Federal forma parte del Gobierno, pero desde un punto de vista legal, la distinción es importante, y la deuda comprada por la Reserva Federal computa en lo relativo al techo de la deuda.

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