Los peligros de la acumulación de efectivo

Por: | 24 de febrero de 2013

El logotipo de Apple visto desde el interior de la sede de la compañía en San Francisco.
Ahora se habla mucho ahora de las reservas de efectivo de Apple, lo que en realidad resulta un tanto sorprendente: se supone que es nuestra empresa tecnológica puntera y, por lo visto, no puede encontrar cosas en las que quiera invertir. O más exactamente, dados sus increíbles beneficios, no puede encontrar suficientes cosas que hacer con todo el dinero que gana.

Por eso he tenido una cordial discusión con el economista Joe Stiglitz sobre si la desigualdad de las rentas personales está retrasando la recuperación en estos momentos: permítanme decir, no obstante, que creo que existen muy buenas razones para afirmar que la redistribución de la renta de la mano de obra a los beneficios de las empresas es muy posiblemente un factor importante. Observen el gráfico de los beneficios de las empresas como proporción del producto interior bruto.

Las empresas están obteniendo una parte mucho más importante de los ingresos totales, y están mostrándose poco inclinadas a redistribuir esa parte a los inversores o bien a invertirla en nuevo equipamiento, programas informáticos, etcétera. En lugar de eso, están acumulando una gran cantidad de efectivo.

Cuando el economista John Maynard Keynes escribió La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero hace tres generaciones, estructuró su argumento como una refutación de lo que él llamaba “la economía clásica”, y concretamente de la Ley de Say, la propuesta de que las rentas deben gastarse en algún momento, y que, por lo tanto, nunca puede haber una falta de demanda generalizada. Desde entonces, los historiadores del pensamiento han discutido sobre si esto era una descripción razonable de lo que los economistas clásicos, o en cualquier caso los  rivales intelectuales de Keynes, creían en realidad.

Como no soy historiador, no me arriesgaré a opinar sobre ese tema. Lo que sí diré, sin embargo, es que la Ley de Say (¿La Falsa Ley de Say? ¿La Falacia de Say?) es algo que los que se oponen a la economía keynesiana citan sistemáticamente hasta el día de hoy, incurriendo en las mismas falacias que Keynes descubrió allá por 1936.

En el pasado he pillado haciéndolo a economistas como Brian Riedl y John Cochrane; Peter Dorman, que escribía no hace mucho una entrada en un blog, descubrió que Tyler Cowen se encontraba entre ellos.

Cowen no puede entender por qué la acumulación de efectivo de las empresas es un problema. Al igual que Riedl y Cochrane, admite que podría haber algún problema si las empresas acumulasen literalmente pilas de billetes, pero sostiene que es totalmente diferente si ponen el dinero en un banco, que lo prestará, o si lo usan para comprar bonos, que se pueden emplear para financiar el gasto de otros.

Pero, naturalmente, no hay ninguna diferencia. Si pones dinero en un banco, el banco podría acumular unas reservas excesivas. Si compras bonos de otros, el vendedor podría poner el dinero debajo del colchón, o ponerlo en un banco que simplemente lo añadiría a sus reservas, etcétera. La cuestión es que comprar bienes y servicios es una cosa, que aumenta directamente la demanda agregada; comprar activos no es en absoluto lo mismo, especialmente cuando nos encontramos en una situación en la que no se pueden bajar más los tipos de interés. Lo que resulta deprimente en todo esto es que la Ley de Say es una burda falacia, tan burda que Keynes ha sido acusado de atacar un argumento sin consistencia. Sin embargo, esta burda falacia, que fue desmentida contundentemente hace tres cuartos de siglo, sigue desempeñando un papel esencial a la hora de distorsionar el debate económico y de paralizar nuestra respuesta política frente a la depresión.   

© New York Times.

Traducción de News Clips.

Hay 6 Comentarios

Muy buenas tardes. Para empezar quiero externar que no soy economista.
Soy de México con estudios de administración. Gratamente encontre algunas publicaciones de Krugman que hace crísticas a las posturas de teorías sobre competitividad.
He intentando hacer una crítica, más que del punto de vista económico desde el punto de vista social y cultural.
En México aún prevalecen comunidades indígenas, que emergen cada vez con mayor fuerza, defendiendo su idiosincracia, cultura, lengua y forma de economía.
Cierto que han habido políticas que lejos de promover y respetar estas culturas las han marginado, inclusive ostigado. Pero el exito y la existencia de estos grupos ha sido: su forma de interpretar su realidad y forma de vida. Es decir su cosmovisión indígena que dista mucho de lo que en terminos de competitividad refieren diversos autores.
Esta cosmovisión indígena les lleva a reflexionar y poner en práctica la solidaridad, el trabajo en equipo, el sentido de colectividad, la sensibilidad y el compromiso de dar sin el sentido egoísta, el respeto por la naturaleza, el entorno. Que ciertamente con politicas gubernamentales y tomando como fortaleza estos valores en un mundo plasmado de egoísmo, creo que podría dar un respiro a un mundo tan desigual. Me gustaría su valiosa opinion Dr. Krugman

Parece obvio que la sobreabundancia de ahorro especulativo deviene en burbujas de precios (en el intento de rentabilizar esos ahorros de forma cómoda, mediante inversión financiera). Antes con la vivienda y ahora con la alimentación mundial, o con el fracking. Algo irracional cuando gran parte de la población no tiene la liquidez mínima necesaria para cubrir sus necesidades más elementales. El salario no es un coste: http://ecorablog.blogspot.com.es/2012/03/el-salario-no-es-un-coste.html

★★★Tu HIGADO es la CLAVE para ELIMINAR LA GRASA★. Un consejo SIMPLE para PERDER 15KG: http://su.pr/2we2i5

Para el emprendedor, o sea, para el generador de la plusvalía, la única acción que es buena per se, es ahorrar. Ni gastar por gastar ni invertir por invertir. Acumulado el capital como producto del emprendimiento, el qué hacer con ese dinero se convierte en otra fase del tracto económico. Y allí el emprendedor (sea un individuo, sea una empresa) debe ahorrar por ahorrar; esperar a que su análisis del momento encuentre la oportunidad aconsejada.

Si entiendo bien, contra lo que los neoliberales atribuyen a la solución keynesiana de la crisis, no se trataría de aumentar todavía más la ya de por sí excesiva cantidad de dinero existente sino de darle un mejor destino por el procedimieto de abandonar, por resultar ya inoperante, la política monetaria y sustituirla por la fiscal

El Sr. Krugman parece consideras que solo hay dos usos a dar al dinero: o guardarlo o invertirlo en producir bienes y servicios. Me sorprende que se le pase por alto una tercer opción muy en boga en estos tiempos: también se puede usar el dinero para especular.

De hecho,solo el 5% de las transacciones económicas mundiales se dedica a invertir en la economá productiva, y la mayor parte del resto se dedica a la especulación financiera. Es más, casi un 45% se hace sin ningún control gubernamental, por decisión política, y casi todo se invierte en productos de alto riesgo.

Este artículo lo explica muy bien:
http://www.otraspoliticas.com/politica/cuando-la-avaricia-y-la-negligencia-rompan-el-saco

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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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