Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

Cameron es un prisionero de sus políticas

Por: | 30 de marzo de 2013

“Si este plan está funcionando, ¿cómo sería uno que no funcionase?”. Eso preguntaba Martin Wolf en su columna de Financial Times, en respuesta al reciente discurso del primer ministro británico, David Cameron, quien insistía en que su política de austeridad era acertada, es la correcta y está teniendo éxito.

David Cameron

Simon Wren-Lewis, un economista de Oxford, analizaba en Internet las afirmaciones de Cameron con cierto detalle y, entre otras cosas, le pillaba más o menos mintiendo sobre lo que la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria –hablando en términos generales, la homóloga de la Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos- en realidad había dicho sobre el impacto de la austeridad en el crecimiento. Me llamó especialmente la atención el modo en que Cameron sigue afirmando que los bajos tipos de interés de Gran Bretaña demuestran que su política es fructífera y necesaria.Esto se parece un poco a lo del sacerdote que sacrifica una virgen una vez al mes para asegurarse de que el sol siga saliendo y luego afirma que el hecho de que el sol siga saliendo demuestra que el sacrificio era realmente necesario. La prueba evidente es comparar los tipos de Gran Bretaña con los de otros países; si el interés del 2,07 % de los bonos británicos valida sus políticas, ¿entonces el interés del 2,05 % de los de Estados Unidos valida las del presidente Obama? O mejor aún, ¿el interés del 2,10 % de Francia valida las del presidente Hollande?

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Los banqueros hunden a Chipre

Por: | 28 de marzo de 2013

¿Qué tienen las islas de la periferia de Europa?
¿Hay alguna peculiaridad psicológica en la combinación de proximidad e ilusión de aislamiento que las lleva a convertirse en refugio de bancos descontrolados? Las mentes inquietas quieren saber.
En cualquier caso, la historia de Chipre tiene paralelismos evidentes con las de Islandia e Irlanda, con el ingrediente adicional del BDMR (blanqueo de dinero de las mafias rusas). Las tres naciones isleñas experimentaron una oleada de crecimiento rápido mientras su condición de refugios para los bancos las dotaban de unos sistemas bancarios demasiado grandes para ser salvados. Los bancos de Islandia, en el momento de máximo apogeo, tenían unos activos que equivalían al 980% del producto interior bruto; los de Irlanda representaban el 440%. Chipre, con un 800% aproximadamente, estaba más cerca de Irlanda en este sentido.

Protesta contra la troika en Chipre.

En los tres casos, la banca sin control fue el origen de la crisis (aunque no todo el mundo parece ver esto, ni siquiera ahora). Sea como sea, la pregunta es qué hacer al respecto.
Islandia capeó la crisis sufriendo menos daños que Irlanda, por dos motivos. Primero, permitió que sus bancos no pagasen las deudas que tenían con los acreedores extranjeros, incluidos los depósitos en cuentas en paraísos fiscales. Segundo, contaba con la flexibilidad que le confería el hecho de tener su propia moneda.

La ventaja monetaria de Islandia contribuyó al ajuste real de la economía; también permitió cierta represión financiera poco inquietante, porque la devaluación de la corona (unida a los controles temporales sobre el capital) condujo a un breve repunte de la inflación que erosionó el valor real de los depósitos. Los ahorradores se vieron perjudicados, pero con unos bancos que habían crecido hasta representar 10 veces el PIB, eso tenía que pasar de un modo u otro.

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Dar crédito a personas equivocadas

Por: | 25 de marzo de 2013

A Dean Baker, codirector del Centro de Investigación Económica y Política, se le ha indigestado -y no es la primera vez- un artículo de Washington Post publicado hace unos días que indica que el crecimiento lento es la nueva norma en Estados Unidos. En un reciente artículo en internet, Baker se preguntaba por qué tenemos que escuchar a personas que hasta ahora se han equivocado en todo. Pero en realidad es peor de lo que él decía.

Barack Obama

En el artículo de The Washington Post, el argumento del crecimiento lento perpetuo se defiende principalmente citando a Kevin Warsh, un exgobernador de la Reserva Federal.
Y Warsh es de hecho una persona que se ha equivocado en todo; alguien que negaba la burbuja y hablaba de la fortaleza del mercado de capitales antes del crac, un halcón que lleva tres años advirtiendo sobre el riesgo de inflación, alguien que invoca a los invisibles vigilantes de los bonos y que, de algún modo, se las ha arreglado para describir la supuesta amenaza de esos vigilantes como algo cierto e incognoscible al mismo tiempo.
Si hay algo que distinga especialmente los discursos y artículos de Warsh que he leído, es esto: tiene la costumbre de decir y escribir cosas que supuestamente son profundas, pero que no significan nada en absoluto.

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‘Bushificar’ el Berlaymont

Por: | 21 de marzo de 2013

Mientras leía lo que tenían que decir los tuiteros de Bruselas, me sorprendió el hecho de que tienen una costumbre que, a mi modo de ver, es algo más alarmante que un toque de descortesía aquí y allá. De hecho, muestran un parecido considerable con George W. Bush.
¿Qué quiero decir? Bueno, una de las cosas verdaderamente horribles del mandato de Bush fue la deliberada fusión de la persona que ocupaba la Casa Blanca con el país. Si uno criticaba al presidente Bush, era antiestadounidense; si denunciaba la Guerra de Irak, estaba atacando a los soldados.

George W. Bush

Y el alcance de esta clase de argumentación parecía ilimitado. Había republicanos que sostenían que teníamos que apoyar la privatización de la Seguridad Social por motivos de seguridad nacional, porque el presidente la defendía y la credibilidad del presidente era esencial para la Guerra contra el Terrorismo (marca registrada).

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Fuera de la realidad

Por: | 20 de marzo de 2013

Un reciente artículo en internet del economista de Oxford Kevin O’Rourke me remitía a Financial Times, que daba la noticia de que varios funcionarios de la Comisión Europea habían publicado algunos tuits indignados en contra del que suscribe. Ya ven, he sido malo con Olli Rehn, vicepresidente de la Comisión. Y la respuesta de la Comisión ilustra perfectamente por qué hago lo que hago.

Lo que nunca habrían deducido de esos tuits indignados es que todas mis críticas estaban fundamentadas. Nunca he afirmado que la madre de Rehn fuese un hámster y que su padre oliese a bayas de saúco; he señalado que lleva años prometiendo que la austeridad dará buenos resultados sin modificar su retórica ni un ápice a pesar del continuo aumento del paro y de que, ante los estudios que indican que la austeridad tiene efectos negativos más importantes que los previstos por él y sus compañeros, su respuesta ha consistido en quejarse de que esos estudios minaban la confianza

Es de lo más revelador que eso que Financial Times ha calificado de “ataque especialmente cruel” era de hecho mi resumen del trabajo del economista Paul DeGrauwe, quien indica que la austeridad europea ha sido profundamente desatinada, y a lo largo del cual citaba a Rehn reafirmando, una vez más, la antigua fe en la austeridad.

John Maynard Keynes

Ahora bien, es cierto que utilicé un lenguaje pintoresco, pero tengo una razón para hacerlo. “Las palabras deberían ser un poco salvajes”, decía John Maynard Keynes, “porque son el ataque de los pensamientos contra la falta de reflexión”.

Exactamente.

En su blog, O'Rourke hace referencia a las “aisladas élites de Bruselas”, lo cual da de lleno en el problema. La dignidad del cargo puede ser terrible para la claridad intelectual: uno puede pasarse años en pie tras un atril o sentado a la mesa de una sala de juntas bebiendo agua embotellada, haciendo los mismos comentarios sentenciosos una y otra vez, sin que nadie le señale nunca lo tremendamente equivocado que ha estado en todo momento. Los de fuera tenemos que hacer todo lo posible por romper ese aislamiento, y sin duda el ridículo es una técnica útil.

Hay un tuit especialmente revelador de un portavoz de la Comisión sobre lo “mediocre” que les parecí cuando visité la comisión en 2009. No cabe duda; no soy un tipo imponente. (He vivido la experiencia de que las personas que debían recogerme en el aeropuerto pasasen de largo y al final me dijesen: “Pensábamos que era más alto”). Y por mi vida que no recuerdo nada sobre la visita a la Comisión.

Aun así, ya pueden ver lo que estas personas consideran importante: da igual que finalmente haya resultado que uno estaba en lo cierto o equivocado respecto al impacto de la política económica, lo que importa es que la imagen que uno da sea impresionante. Y seamos claros: esto es importante. La economía europea se encuentra en una situación desastrosa; y lo  mismo sucede, cada vez más, con el proyecto político europeo. Podrían ustedes pensar que a los eurócratas les preocuparía esa realidad por encima de todo; en vez de eso, se centran en defender su dignidad frente a los economistas de lengua afilada.

© 2013 New York Times
Traducción de News Clips.

La mala fortuna de la Eurozona

Por: | 18 de marzo de 2013

Joe Weisenthal se equivoca. El periodista de Business Insider escribía hace poco que todo el mundo había predicho el desastre económico que se desarrolla en Europa. No todos. Es lo que él predijo, es lo que yo predije, pero no es ni mucho menos lo que muchas personas predijeron.

Y las personas que se equivocaron por completo resultan ser las mismas que siguen dirigiendo la política económica europea.

Como el economista Jonathan Portes señalaba en su blog, hace ahora más de dos años que Olli Rehn, el comisario europeo de asuntos económicos y monetarios, declaraba que “la recuperación de Europa en la economía real se ha afianzado y se está volviendo autosostenible”.

Olli Rehn

Rehn sigue en su puesto en la Comisión Europea y nos sigue diciendo que la austeridad empezará a funcionar en cualquier momento. Y no es el único. El equipo de economía de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico que en mayo de 2010 nos dijo no solo que Europa necesitaba austeridad fiscal, sino también que la Reserva Federal tenía que subir los tipos de interés antes de final de año para eludir la inflación, sigue emitiendo informes. Y luego están los británicos David Cameron y George Osborne.

Los lectores se quejan a veces por mis frecuentes referencias a las cosas en las que mis amigos y yo acertamos y otros se equivocan. Pero miren, no es cuestión de ego (o al menos, no solo de ego). Los pronósticos ayudan a los economistas a decidir entre unos modelos y otros. Si el mundo ofrece unos resultados que no concuerdan para nada con lo que nuestro marco de trabajo dice que debería haber sucedido, se supone que debemos replantearnos ese marco (como hice yo, por ejemplo, después de equivocarme respecto a los tipos de interés en 2003).

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El sueño imposible

Por: | 14 de marzo de 2013

Dylan Matthew, un periodista de The Washington Post, escribía hace poco un interesante artículo que indicaba que Stan Fischer, que el mes pasado anunció que dimitía como gobernador del Banco de Israel, podría convertirse en el próximo presidente de la Reserva Federal. Fischer estaría sin duda muy cualificado (al igual que Janet Yellen, la vicepresidenta de la Reserva Federal, o Christy Romer, la expresidenta del Consejo de Asesores Económicos del presidente Obama, por nombrar otras dos candidatas evidentes).

Stan Fischer

Pero Matthews también señalaba que Fischer podría tener ventaja en el proceso de confirmación porque ha tenido un gran éxito como gobernador del Banco de Israel y ha trabajado bien con el primer ministro Benjamin Netanyahu.

Creo que esto es fantasear; Matthews no es capaz de ver la profunda locura monetaria del Partido Republicano moderno.

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Una sociedad más saludable

Por: | 08 de marzo de 2013

Foto de la familia Obama realizada en 2009.
Veo que el economista Nick Eberstadt ha escrito más acerca del hundimiento moral de Estados Unidos en el sitio web del Instituto Estadounidense de Empresa. Eberstadt, como recordarán los lectores, fue el responsable del correveidile "país de interesados" que tanto hizo para asegurarle la victoria a... Barack Obama.

Lo que me parece interesante es que, según este artículo, de las tres terribles tendencias que Eberstadt afirma ver, tiene razón respecto a dos: las familias tradicionales están en efecto disminuyendo; y lo mismo sucede con la religión tradicional organizada (pero el aumento de la dependencia del Gobierno es en su mayor parte un mito).

Partiendo de estos declives, Eberstadt concluye que corremos el peligro de sufrir un hundimiento moral. Pero lo que de algún modo se le escapa es que la idea de que las familias y la religión tradicionales son esenciales para el orden social es una teoría, no un hecho; y es una teoría que ha sido refutada de manera aplastante por la experiencia reciente.

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Malas ideas que nunca morirán

Por: | 05 de marzo de 2013

Viviendas en venta en Houston (EE UU).
Hace tres décadas, cuando me preparaba para mi año en el Gobierno de Estados Unidos, alguien con mucha experiencia me explicó la naturaleza de aquel trabajo: se trataba principalmente de luchar contra las malas ideas. Y estas malas ideas, siguió explicándome, eran como las cucarachas: por muchas veces que las tiremos por el retrete, vuelven a aparecer. Bonita imagen, ¿verdad? Pero últimamente he estado viendo muchas cucarachas.

Hace poco, di una charla sobre un libro en el Consejo de Asuntos Mundiales de Chicago, la cual fue un acontecimiento realmente agradable. Pero, cómo no, entre el público había personas que insistían en que el excongresista Barney Frank, como miembro de una minoría demócrata sin poder en la Cámara de Representantes, de algún modo había provocado la última burbuja inmobiliaria y toda la crisis económica; los años de refutaciones detalladas y basadas en las pruebas por parte de los economistas no han tenido ningún efecto sobre estas personas.

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Me he convertido en una ortodoxia

Por: | 01 de marzo de 2013

Douglas Holtz-Eakin, exdirector de la Oficina Presupuestaria del Congreso con el presidente George W. Bush, publicaba no hace mucho una tribuna de opinión en The Guardian titulada "Tenemos que controlar el gasto estadounidense" que es a la vez triste y divertida.

Douglas Holtz-Eakin.

La parte triste es ver a Holtz-Eakin llegar a esto. Hizo un buen trabajo a la hora de dirigir la Oficina Presupuestaria del Congreso, protegiéndola de la influencia partidista y produciendo informes que resultaban útiles a todos los bandos. Sin embargo, ahora repite como un loro la línea del partido, y ni siquiera da la impresión de que esté esforzándose mucho.

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