Las nuevas viejas ideas de los conservadores

Por: | 23 de julio de 2014

El escritor Sam Tanenhaus preguntaba recientemente en la portada de The New York Times Magazine: “¿Puede el Partido Republicano ser un partido de ideas?”.Pues no. Esta es otra edición de respuestas sencillas a preguntas sencillas.

Republicanos

Y, más concretamente, da la impresión de que los “conservadores reformistas” sobre los que escribía Tanenhaus proponen principalmente ideas supuestamente nuevas solo para que se les vea proponer nuevas ideas. Y no hay mucho más; ¿pueden ustedes encontrar en el artículo algo que parezca una nueva idea importante en vez de un pequeño retoque al actual catecismo conservador? Yo no.

Pero claro, la noción de que la política consiste en nuevas ideas está muy sobrevalorada. Gobernar no es como vender teléfonos inteligentes; el estado subyacente de los problemas a los que uno tiene que enfrentarse cambia bastante despacio, y los principios básicos del debate político son bastante estables.

En concreto, el debate político principal en la política estadounidense no ha cambiado en décadas, ni debería hacerlo. Los liberales quieren una red de seguridad social sólida y financiada con impuestos relativamente elevados, especialmente para las rentas altas. Y los conservadores quieren una red de seguridad mucho más reducida y unos impuestos para los ricos mucho más bajos.

Hace 35 años los conservadores propusieron un nuevo argumento: la afirmación de que los impuestos elevados y los subsidios generosos estaban lastrando hasta tal punto la economía que incluso a los estadounidenses con rentas más bajas les iría mejor si se redujese todo eso.

Y consiguieron casi todo lo que querían, es decir, unos impuestos mucho más bajos sobre las rentas más altas y el fin de la asistencia social tal y como la conocíamos, aunque no el de los programas importantes para la clase media.

Pero el crecimiento no se aceleró mientras que la desigualdad se disparó, por la que las rentas de las familias medias subieron mucho más despacio después de la revolución conservadora que antes. Adiós a esa gran idea.  

¿Hay algo parecido a eso en el horizonte? No, y no está claro por qué deberíamos esperar algo parecido. Lo que es seguro es que retocar ligeramente la política no va a servir de mucho. Y sospecho que, hasta cierto punto, los conservadores reformistas lo saben. Sostendría que la finalidad de los ligeros cambios que proponen no es tanto la de lograr resultados como la de desligar al Partido Republicano del incremento de la desigualdad y del estancamiento de las rentas, sin cambiar su postura política fundamental. Y no es un truco que tenga probabilidades de funcionar.

Una idea que no para de transmitirse

Hace poco respondí a algunas preguntas para la revista de Princeton, y entre ellas estaba esta: “Por favor, comente cómo los tipos de interés artificialmente bajos han afectado al valor actual de las carteras de jubilación de la generación de la explosión demográfica y si es algo que la Reserva Federal deba analizar”.

No culpo al director, que después de todo no tiene porqué ser economista, pero esto debe reflejar las noticias financieras que la gente escucha. Estoy bastante seguro de que muchas personas creen que todos los expertos consideran que los tipos de interés son “artificialmente bajos” y no tienen ni idea de hasta qué punto dicha noción carece totalmente de sentido, ya que los tipos de interés son demasiado altos, no demasiado bajos.

Traducción de News Clips.
© 2014 The New York Times

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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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