Partido unido, partido dividido

Por: | 04 de julio de 2014

Matt Yglesias, un analista de Vox, rebatió recientemente unas afirmaciones realizadas por Ross Douthat, el columnista de The New York Times, y otros de que el Partido Demócrata es una coalición frágil que solo se mantiene unida por la popularidad personal de Hillary Clinton. Tiene razón: simplemente me gustaría añadir algunas reflexiones.

Hillary Clinton

Como escribía Yglesias, los demócratas están sumamente unidos en cuanto a la política: quieren mantener la reforma sanitaria; quieren mantener la reforma financiera (aunque algunos querrían llevarla más lejos); quieren que se tomen medidas sobre el cambio climático; y aunque puede que tengan divergencias sobre los temas de inmigración, eso es más un examen de conciencia interno que una división entre facciones del partido.

El moderado éxito del presidente Obama en la consecución de estos objetivos ha contribuido a esta unidad política. Si le hubiese resultado fácil, el partido podría estar dividido entre los que quieren unas medidas más radicales y los que no tienen prisa; si hubiese fracasado totalmente, el partido podría estar dividido (como lo estuvo durante gran parte de las tres últimas décadas) entre una facción liberal y una facción republicana moderada. Resulta, sin embargo, que Obama se las ha apañado para hacer mucho de lo que los demócratas han tratado de hacer durante generaciones, pero con gran dificultad debido a la política de tierra quemada de la oposición.   

Esto significa que el conflicto entre “el ala demócrata del Partido Demócrata” y el ala más favorable a las grandes empresas es relativamente silencioso: el ala liberal sabe que Obama ha conseguido la mayor parte de lo que podía conseguirse, y las políticas reales no han sido unas políticas que asustasen al ala menos liberal.  

Pataleta de Wall Street

La pataleta de Wall Street de los últimos años también ha contribuido, de una forma curiosa, a la unidad del partido. Los banqueros que solían apoyar a los demócratas han prestado su apoyo a los republicanos, mientras se quejan todo el tiempo de que Obama les mira de forma rara; esto ha reducido su influencia sobre los demócratas, dando lugar a un consenso factible sobre la regulación y la política fiscal entre los que quedaron.     

¿Qué importancia tienen las personalidades en todo esto? No tanta. Al final, Obama aplicó el plan sanitario de Hillary Clinton, y Clinton, si resulta elegida, continuará el legado de Obama. El partido está dispuesto a unirse en torno a una persona porque está unido en la política, no al revés.

De hecho, son los republicanos los que necesitan desesperadamente a un héroe. Retrospectivamente, necesitaban al presidente George W. Bush mucho más de lo que pensaban: combinaba la lealtad política a los plutócratas con una forma de ser que atraía a las bases, una combinación que no consigue ningún republicano ahora.

Pero pueden pasar cosas; una recesión en 2016 podría llevar a un republicano, a cualquier republicano, a la Casa Blanca. Pero la coalición demócrata no es frágil, mientras que la coalición republicana sí lo es.

Traducción de News Clips.
© 2014 The New York Times.     

Hay 2 Comentarios

Como de costumbre, un placer leer la columna de Paul Krugman.

Aprovechar el momento disponible para dar un empujoncito a la rueda que mejore a las mayorías es un acto de cordura.
Y de inteligencia, desde un convencimiento profundo de que se hace lo mejor que se puede, contando conque se han de compartir todos los intereses en mayor o menor grado.
Nada es definitivo, ni total.
Todo son diferentes grados de pequeños logros.
Desde la constancia, sin perder de vista las grandes necesidades, que por si solas no llegarían nunca.
Desde la correlación de fuerzas que ejercen cada cual por su lado, intentando llevarse el ascua a su sardina.

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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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