Periodismo con futuro

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Con todas las incógnitas del momento, el título de este blog es una afirmación en la que creemos sin dudar. El cómo, quién, dónde y cuándo ya no están tan claros. Queremos abrir un debate sobre el presente y futuro del periodismo y su industria. Sobre nuevas tendencias, contenidos, tecnología, soportes y modelos de negocio. Con información y análisis. Y vivir en primera línea un nuevo ecosistema informativo tan apasionante como incierto.

Periodismo de precisión y visualización de datos (parte 2)

Por: | 16 de abril de 2011

John-snow

 En momentos de incertidumbre, regresa a los clásicos. Si esa máxima es válida para la literatura, tal vez lo sea también para el periodismo. La primera parte de este post hacía referencia a un clásico. Se trata de la obra más famosa del médico británico John Snow, que ofrece numerosas lecciones para el futuro. La primera, que en infografía y visualización, como en periodismo en general, lo esencial es entender los fundamentos; el software es accesorio. 

John Snow y el mejor infográfico de la historia

El Londres de mediados del siglo XIX era una masa humana pestilente. Sus calles estaban sucias, los ríos y fuentes de agua potable, contaminados. En aquella megalópolis caótica, enfermedades infecciosas hoy fácilmente tratables afectaban a miles de personas cada año. Entre las más terribles, el cólera, provocado por la bacteria Vibrio cholerae, que mata por deshidratación tras una diarrea masiva.

La mayoría de los médicos de la época pensaba que los agentes causantes del cólera —que había llegado a Inglaterra desde la India a principios del siglo— eran efluvios que, emanados por el suelo inmundo, entraban en el organismo a través de las vías respiratorias. Esa hipótesis, llamada miasmática, explica por qué en películas sobre la peste medieval aparecen con frecuencia personajes vistiendo máscaras que imitan el rostro de un ave. El pico de la máscara estaba relleno de materiales fragantes, como flores secas. Para los "miasmáticos", los malos olores eran los culpables de las infecciones. No les faltaban evidencias: el cólera tenía un impacto mayor en los barrios más pobres, donde el aire era maloliente por culpa de los desechos.

Sin embargo, existía un grupo de médicos que razonaba basándose en una vieja regla de la estadística: la correlación entre dos fenómenos no implica causación entre uno y otro, aunque sí pueda sugerir cierta conexión. Es decir: podía ser cierto que malos olores e incidencia de cólera estuviesen relacionados de alguna forma, pero era también posible que el mal olor no fuese el causante del cólera, sino que tanto uno como otro dependiesen de un tercer factor no identificado. El médico más destacado de esta corriente era John Snow.

Snow había estudiado varios brotes de cólera durante sus años de aprendiz en Newcastle. Comprobó que el patrón de expansión de la enfermedad durante cada brote no era continuo: dentro de un mismo barrio, por ejemplo, había edificios en los que moría una gran cantidad de gente y otros donde el impacto era mucho menor. En varios estudios publicados hasta mediados de siglo, ya viviendo en Londres, Snow sugirió una hipótesis que pocos aceptaron en un primer momento: el cólera entra por el sistema digestivo, no por el respiratorio. Morimos por ingerir agua y alimentos contaminados, afirmó.

Muerte en Broad Street

La oportunidad de poner su hipótesis a prueba apareció en septiembre de 1854. En menos de dos semanas, un agresivo brote de cólera mató a casi mil personas en un área pequeña del barrio del Soho, en Londres. El consultorio de Snow estaba muy próximo al epicentro de la catástrofe.

Lo primero que Snow hizo fue convencer a las autoridades locales de que clausurasen la bomba de agua en el centro de la calle Broad (Broad Street), en la que se había producido una cantidad desproporcionada de muertes. El brote epidémico cesó de inmediato. Una investigación posterior descubrió que restos fecales procedentes de pañales de un bebé enfermo se habían filtrado al pozo.

A continuación, compró un mapa del barrio. En él, registró todos los fallecidos basándose en información de hospitales cercanos y en sus propias observaciones: visitó, uno a uno, la mayor parte de los edificios de la zona. El resultado fue éste, tal vez el mejor infográfico de la historia:

Mapasnow1

En una ampliación es posible ver que cada muerte está representada por una línea fina. Aquí está la parte central del mapa, que incluye el pozo contaminado ("pump"):

Mapasnow2

El mapa apareció dentro de un artículo académico en el que Snow insistía en su hipótesis de la transmisión a través del agua. El mapa era la principal evidencia para defenderla: el patrón visual es claro, afirmaba Snow: en general, cuanto más próxima al pozo de Broad Street está una vivienda, mayor el número de óbitos. Existen excepciones, que el médico detallaba: hay edificios no afectados, como una fábrica de licores cercana al pozo. La explicación era sencilla: dichos edificios poseían sus propias bombas de agua potable.


Presentación y exploración: la frontera difusa entre infografía y visualización

En algunos círculos universitarios se hace a veces una distinción entre infografía y visualización de información. La infografía consiste en presentar información, en reducir, editar, elegir los datos relevantes y eliminar los secundarios, darles forma gráfica y presentarlos para que puedan ser asimilados por la audiencia. Por otra parte, la visualización de datos es la disciplina que se ocupa de crear herramientas visuales, a veces interactivas, para que una audiencia (generalmente formada por académicos), pueda explorarlos y estudiarlos. Explicado de otra forma: en una visualización el usuario ocupa el lugar del editor: elige qué datos quiere ver y cómo quiere verlos, para analizarlos con mayor comodidad. Presentación y exploración son las funciones que, según dicha corriente teórica, caracterizan y separan a la infografía de la visualización.

Sin embargo, si aceptamos esas definiciones, ¿cómo llamar al mapa de Snow? ¿Es una infografía o es una visualización? Es cierto que presenta unos datos pero, al mismo tiempo (y, sobre todo, si pensamos en él como parte de un conjunto simbiótico formado por el mapa y el artículo, en el que se incluían las cifras exactas de fallecimientos), también permite múltiples posibilidades de análisis, desde la más superficial (muertes-pozo) hasta las más sutiles (el impacto nulo del cólera en algunos edificios, señalado anteriormente).

La relación entre infografía y visualización, sugiere el mapa de Snow, es un continuo. Todo gráfico (de datos, cartográfico, etc.) presenta, pero también puede convertirse una herramienta que una audiencia manipule mentalmente para explicarse unos datos, para extraer de ellos significados, tendencias, para vincularlos con su propia vida, para buscar en ellos su propio barrio, su ciudad, su vivienda. La clave de los mejores gráficos consiste en lograr un equilibrio entre presentar y facilitar cierta profundización.

Existen ejemplos muy recientes de este equilibrio. Chiqui Esteban, del blog Infografistas, escribió hace pocas semanas sobre este gráfico de The Washington Post —ganador de una medalla de oro en los premios Malofiej 2011, llamados a veces los "Pulitzer" de la infografía— y lo relacionaba con el mapa de Snow:

WashPostSnow
 
El gráfico forma parte de un reportaje de investigación sobre una tienda de armas del estado de Maryland. De ella salieron las pistolas, revólveres y rifles usados en varios miles de crímenes en un radio de unos 15 kilómetros. El establecimiento está en el centro del mapa; cada círculo representa un crimen.

Si uno se para a leerlo (los grandes infográficos no son sólo para ver), comenzará a percibir patrones interesantes, explicados en el cuerpo del reportaje: el mapa principal muestra una alta concentración de puntos en el Distrito Federal, pero cuando se lo compara con los mapas menores, a la derecha, verá que muchos de ellos corresponden a meras aprehensiones de armas ilegales; los crímenes con violencia (homicidios, asaltos, etc.) están mucho más dispersos. Eso en un nivel superficial pero, ¿qué es lo que hará cada lector de un diario local, como The Washington Post? Exacto: escudriñar el gráfico para ver cuántos de esos crímenes están cercanos a su barrio.

Demos un paso adelante: los departamentos de infografía y visualización deben abandonar la idea de que su única función es sintetizar y organizar datos visualmente; pueden, en algunos casos, convertirse en desarrolladores de software interactivo con los que cada lector examine y adapte los contenidos a sus propios gustos, necesidades o intereses. Esta filosofía de trabajo está detrás de este gigantesco proyecto de The New York Times, que agrega los datos del último censo estadounidense, y en el que el usuario puede escribir su código postal para acceder a las diferentes informaciones de su área. ¿Es periodismo? Lo es. Pero es periodismo en el que el lector, aun de forma limitada, se transforma en editor.

SnowTimesCensus

O la reciente cobertura sobre la Guerra Civil americana en varios diarios estadounidenses, que incluye mapas como éste. Es posible pasar horas explorándolo; para un lector estadounidense, el principal incentivo será probablemente averiguar si alguna gran batalla sucedió cerca del lugar en que vive:

SnowCasualtiesWaPo

Es inevitable preguntarse, después de visitar estos proyectos recientes, qué forma tendría el famoso mapa de John Snow si hubiese sido creado hace un mes y no hace más de siglo y medio. Y es imposible también no maravillarse ante la genialidad de alguien que, sin formación alguna en diseño y artes gráficas, sin acceso a un ordenador, armado sólo de un tosco mapa en blanco y negro, una pluma y un tintero, fue capaz de dar semejante lección de buen hacer informativo.

Nota final: los logros de Snow están explicados con detalle en El mapa fantasma (Steven Johnson) y Cartographies of Disease (Tom Koch), ambos recomendables para cualquier periodista, visual o no.

(Alberto Cairo es director de infografía y multimedia de la revista Época (Editora Globo, Brasil))

 

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Sobre los autores

Especialistas de todo el mundo y periodistas de EL PAÍS reflexionan sin prejuicios sobre lo que ocurre, incluso sin esperar a que ocurra. Desde profesionales que viven en las redacciones hasta quienes dedican su tiempo al análisis en las universidades tendrán un hueco aquí y en el canal de Eskup.

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