Juan de los muertos

Por: | 10 de marzo de 2013

Cartel Juan-de-los-Muertos
¡Ring, ring!
—Juan de los muertos, matamos a sus seres queridos. ¿En qué puedo servirle?...
El hombre que acaba de contestar el viejo y mugriento teléfono es un superviviente en mitad de una isla pequeña en la geografía e inmensa en la Historia. Es una típica tarde calurosa, que huele a helechos y a flores, en una casa ¿en construcción, remodelación o demolición? de una calle cualquiera de La Habana.
—Esto es Cuba, mi hermano.
Una horda de muertos vivientes hambrientos de carne humana, “grupúsculos de disidentes pagados por el gobierno de los Estados Unidos”, según la televisión, ha invadido el país socialista y es preciso acabar con ellos, como si a partir de entonces el enemigo ya no fuera el capitalismo sino esos muertos vivientes (sin mirar a nadie en especial, Fidel). “Son lentos, aguantan mucho el dolor y parece que están drogados”, ha diagnosticado el mata-muertos. Así que él y sus amigos del barrio (porque alguien tiene que hacerlo; porque, mira por dónde, es un buen negocio: matar a los familiares de los que todavía no se han infectado) salen con sus rudimentarias armas dispuestos a cargarse a esa bola de sangrientos y horribles enajenados.
La historia surgió en la mente del guionista y director Alejandro Brugués (nacido “por accidente” en Buenos Aires, en 1976) cuando empezó a parecerle que la gente común y corriente pasaba por la calle (o iba a bordo de coches desvencijados o de buses abarrotados y hediondos a diésel) como si fueran muertes vivientes. Verlos así era toda una toda una metáfora política de la Cuba contemporánea: camaradas envejecidos, gente que creció con cucharadas de jarabe revolucionario, sobrevivientes del “Periodo Especial” (1990-1994, después de la caída de la URSS) “y lo que vino después”, gracias a los milagros del ahorro y el trueque (y otras cosas “propias” de la picaresca de los sobrevivientes cubanos).
A esa visión de las cosas, Brugués le agregó humor negro, acción, efectos especiales y un poco de mala leche y estructuró el guion de su segundo largometraje: Juan de los muertos, “un retrato de cómo sobrevive la sociedad cubana actual. Siempre hacemos lo mismo: poner negocios, tirarnos al mar y salir de Cuba”, sentencia. La película ha pasado por varios festivales internacionales de cine y el pasado 17 de febrero ganó el Goya a la Mejor Película Iberoamericana.

 

¡Ring, ring!
El que contesta ahora el teléfono es Alejandro Brugués, que acaba de irse de Madrid. Está en París, de paseo, antes de volver a La Habana y conversa todavía con la emoción de haber triunfado en los premios del cine español.
Hoy, ¿los cubanos son muertos vivientes?... ¿Todos o sólo los disidentes?
—Eso es un chiste en la película. Y es el Gobierno quién los llama así. Yo, al contrario, pienso que la gran mayoría de los muertos vivientes en Cuba son aquellas personas que se han resignado a vivir la vida, así, como venga, sin importarles si están mal, simplemente haciendo lo que les mandan. Esa es la gente que no permite que las cosas cambien, que se muevan, y no hay nada peor que eso. Necesitamos movernos, para donde sea, pero movernos como el resto del mundo.
¿Fue difícil salirse del “típico esquema” del cine cubano?
—Desde que estaba trabajando el guion sabíamos que teníamos una película diferente, que iba a requerir más presupuesto y que se iba a mover por otros caminos, pero nunca fue cuestión de hacer las cosas distintas porque sí. Simplemente fue encontrar la forma de llevar a cabo una idea que nos gustaba a todos. Y la verdad es que en el camino sí nos salimos del esquema. Esta película fue la primera coproducción independiente de Cuba, con la productora La Zanfoña, de Sevilla. Nunca antes se había hecho algo así, quizás porque nunca antes lo había requerido una producción. Todos los jefes de departamento de nuestro equipo fueron españoles, excepto maquillaje que venía de México. Fue una mezcla muy bonita de gente muy talentosa, todos enamorados del proyecto.
¿Qué sería de Juan de los muertos sin películas como Memorias del subdesarrollo y sin La noche de los muertos vivientes?...
—Si te soy sincero, a Memorias… le hago un homenaje, pero nada más. Es más bien lo contrario, una ruptura. Son personajes totalmente distintos en momentos históricos totalmente distintos, y eso es lo que quiero marcar, con todo el respeto porque Titón fue un gran maestro. La noche de los muertos vivientes es otra cosa, sin ella no habría Juan y probablemente tampoco ninguna otra película de zombies. De ahí saqué la mayoría de las "reglas", como hemos hecho todos los que nos hemos enfrentado a este género.
¿Y todo ese humor negro y el surrealismo…? 
—No lo sé, pero ahí está todo el tiempo. A veces hasta me avergüenza. Todo el proceso previo al guion fue un placer para mí, porque estuve como un año simplemente tomando notas sobre la realidad cubana, la que me toca vivir día a día y cosas que he vivido o escuchado, y traté de imaginarme todo eso en el 

J M peli

marco de una película de zombis. Sabía que lo más importante para que la película funcionara es que estuviera todo lo cerca que podía a la realidad. Fue una etapa muy divertida, del humor más negro que te puedas imaginar. Esta es la mejor profesión del mundo por ese tipo de cosas. Y no te creas que la realidad cubana está muy lejos. Las cosas más disparatadas de la película vienen de la vida real. Cuando Juan entrena a los vecinos, por ejemplo, enseñándoles a usar estrellas de ninja. Eso fue tomado de una clase de "preparación para la defensa". Es surrealista.
¿Y qué sería de Juan de los muertos sin su hermano Juan? ¿Qué escenas de la película están inspiradas en él?
—¡¿Cómo lo sabes?!... La mayoría de la gente piensa que lo de Juan es por Shaun of the Dead (Zombies party, creo que la titularon en España), pero en realidad es por mi hermano, Juan. A mi hermano le voy debiendo ya dos películas, pues también tomé mucho de su vida para mi ópera prima, Personal Belongings. Es todo un personaje, el tipo más divertido que conozco. Hay muchas escenas inspiradas o tomadas tal cual de su vida: el tipo que pesca al principio en la balsa es mi hermano Juan; el que salta al balcón de la vecina para estar con ella, el que escondía los dólares en el pantalón de su hijo pequeño cuando estaba prohibido el dólar en Cuba porque sabía que al niño no lo iba a revisar la policía, el que trepa por el tubo del edificio. Lo más probable es que las cosas más disparatadas vengan de mi hermano. Normalmente no serían cosas como para estar orgulloso, pero como te digo, mi hermano es lo más grande.
Oiga, ¿cómo le hizo para cerrar el Malecón durante tres días para filmar?
—Pues con un buen equipo de producción, el mejor. El ICAIC colaboró con los permisos, y creo que además tuvimos suerte, porque la policía se entusiasmó y nos dejó cerrarlo más tiempo del que habíamos pedido. Creo que les gustaba lo que veían en el rodaje.
¿El Apocalipsis ya ocurrió… u ocurrirá en Cuba?
—Los cubanos estamos acostumbrados a tener que lidiar con problemas todo el tiempo. Es precisamente lo que quería analizar con la película. Hemos tenido una crisis tras otra y de alguna manera hemos logrado sobrevivir. Espero que el Apocalipsis nunca llegue, pero si llega, te aseguro que nosotros sabremos bandearlo muy bien. ¡Y además haremos dinero con ello!
¿Y qué opinan de su película los “disidentes” cubanos exiliados en Miami?
—En el exilio hay de todo, pero creo que la opinión es bastante favorable. De hecho ganamos el premio del público en el festival de Miami tras ganarlo en La Habana, así que tenemos cubiertos a los cubanos de todos lados… Y por cierto, mi hermano Juan, y otros tres hermanos míos viven allá. Tengo mucha familia de ese lado. Como casi todos nosotros.  

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Periodista en Serie

Sobre el blog

Las “víctimas” de un periodista en serie son muchas y constantes. No tiene relación con ellas. Las elige al azar y sin que tengan conexión unas con otras, en un área geográfica determinada, como Iberoamérica. Les arrebata su historia y la hace pública sin ningún pudor. No planea “entregarse” ni realizar “ataques suicidas.” Este blog es su particular SALA DE RETRATOS. Pasen y lean.

Sobre el autor

Víctor Núñez Jaime es un escribidor de historias. Estudió periodismo y literatura hispanoamericana. Sabe que el periodismo es más de nalgas que de cabeza, porque hay que estar sentado durante largos ratos escribiendo, corrigiendo... Es autor de tres libros: Un periodista ante el espejo, Los que llegan. Crónicas sobre la migración global en México y Una cabrona de Tepito. Ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Cultural (México) y el Premio a la Excelencia Periodística de la sociedad Interamericana de Prensa. Con libreta y pluma en mano, sale a por las historias. Contrasta estadísticas con los testimonios de la gente. Visita a los escritores y periodistas de renombre. Está obsesionado con el buen uso del idioma español. Le apasiona leer y estudiar. Devora libros. Él es lo que ha leído. Y también lo que ha escrito.

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