Veinte millones de historias tiene la metrópoli de Ciudad de México y otras cien el país entero. Como no podemos contarlas todas buscamos las más sorprendentes, las que explican la vida en una de las mayores ciudades del mundo y en un país donde, según André Breton, el surrealismo es costumbrismo.
Sobre los autores
Blog coral elaborado por la redacción de EL PAíS en México y coordinado por el corresponsal Luis Prados y Salvador Camarena.
Decenas de pañuelos bordados recuerdan a las muertas frente a Gobernación. / P. CH
“Teófila
Hernández, 39 años, Monterrey, septiembre de 2012. Me apuñaló mi esposo porque
él no quería que yo trabajara y discutimos por eso”; “Nancy Galindo Zaragoza,
20 años, Tijuana. El 2 de marzo de 2012 Gerardo Calvario Piña la invitó a salir
y la mató. Tiró el cuerpo y lo incendió. Dejó un bebé de siete meses”; “Alicia
Romero, 2 de mayo de 2012. Vendía en el mercado de Cárdenas, Tabasco, fui
encontrada golpeada y ultrajada en una ranchería. El asesino, mi esposo”.
Veracruz, a 400 kilómetros al
este de la capital mexicana, es la primera ciudad que fundaron los españoles al
llegar a México. La instauró el propio Hernán
Cortés. Es también uno de los principales puertos comerciales del país y un
importante centro económico de la región. Además ostenta el título de cuatro veces
heroica, por resistir ataques de fuerzas españolas, francesas y norteamericanas
en sus casi 500 años de historia. Veracruz es muchas otras cosas, pero no es la
capital del Estado que lleva el mismo nombre, como en un despiste aseguró hoy el
presidente mexicano Enrique
Peña Nieto.
El mandatario,
que a la postre inauguraba el foro nacional “México: Educación para todos”, comenzó
su discurso
mencionando a las (muchas) autoridades que asistían al evento. Entre ellos “al
presidente municipal de Boca del Río [en la zona metropolitana del puerto]” y “a
la presidenta municipal de su ciudad capital, Veracruz. Muchas gracias,
presidenta, por estar con nosotros”. Unos segundos después, rectificó. “No es
su capital. Del municipio vecino de Boca del Río. Perdón, un saludo para
Jalapa, capital del Estado de Veracruz. Pero muchas gracias, presidenta, por
estar presente”.
Segundos después,
el
vídeo de la equivocación corrió como pólvora por las redes sociales. Y la
etiqueta #CapitalesSegúnEPN
se convirtió en el tema más comentado en Twitter en México y en el segundo en
todo el mundo. Entre las ocurrencias: “París, Texas”, “New York, Times”, “Orlando,
Bloom”, “Sweet Home, Alabama” y “Alaska, Dinarama”.
Pero sus
reiteradas confusiones no son el principal dolor de cabeza de Peña Nieto. Una
encuesta publicada en Reforma
este lunes muestra que su índice de popularidad es el más bajo para un
presidente a tan solo tres meses de haber iniciado su mandato. Solo el 50% de
ciudadanos aprueba su gestión. Hay que remontarse a 1995 para hallar un índice
similar: Ernesto Zedillo, en medio del efecto Tequila —la mayor crisis
económica del país en 20 años—, sumaba un 53%. En el centro del país, donde se
sitúa el Estado de México, del que Peña Nieto fue gobernador justo antes de
competir por la presidencia de México, apenas llega a un 41%. La ciudadanía
desaprueba su gestión de pobreza, seguridad pública, empleo, economía y
corrupción. El 51% de los encuestados dijo que simplemente no le cree en sus
discursos.
Aun así, no todo
son malas noticias. En los 120 días desde que asumió la presidencia, Peña Nieto
ha sido reconocido por impulsar el Pacto por México, una
serie de acuerdos para sacar adelante varias reformas que han permanecido congeladas
durante lustros. Estas acciones le han ganado un cómodo respaldo —de un
78%— entre líderes de opinión (académicos, activistas y empresarios que
evaluaron al presidente en la misma encuesta de Reforma). Incluso los ciudadanos
encuestados le dieron una nota aprobatoria, un 6,3.
Hoy, en
Veracruz, el presidente se disculpó apresuradamente tras caer en cuenta de su
error. “También el presidente de la República se equivoca. Pasa. Pero muchas
gracias por la comprensión de todas y todos ustedes”.
Registro en la estación Tepalcates (Ciudad de méxico). / P. CHOUZA
Es la una de la tarde de un viernes de febrero en la Ciudad de México. En la estación de metro Tepalcates, al sureste de la capital mexicana, una zona industrial de grandes avenidas y con un hospital cercano, un grupo de 14 agentes municipales detiene y revisa los autobuses que llegan. Se trata de un registro rápido y dinámico: un par de policías se suben al auto, lo recorren, y en ocasiones, piden bajar a algún pasajero con bultos o maletas para investigar lo que lleva. “Hemos encontrado armas y droga”, asegura el subsecretario de investigación policial del DF, Luis Rosales Gamboa.Todo el proceso dura tan solo un par de minutos, pero desde que el operativo fue puesto en marcha el pasado 5 de febrero ya han sido detenidas 31 personas.
En el céntrico paseo de la Reforma de la Ciudad de México hay desde este sábado un hueco que zanja un peculiar conflicto diplomático. El hueco lo ocupaba la inmensa estatua de un hombre al que no conocía nadie en México. Ninguno de los ciclistas y peatones que se paraban enfrente a diario, al menos. La inmensa escultura de bronce y mármol llevaba seis meses en uno de los enclaves más céntricos de la ciudad, provocando encendidos debates entre políticos y ciudadanos. Aunque los ciclistas y peatones que se paraban enfrente de la estatua no sabrían situar Azerbaiyán en el mapa.
Heydar Alíev, presidente de Azerbaiyán entre 1993 y 2003 (cuando falleció y fue sustituido por su hijo, aún en el poder), ha sido acusado por distintas fuentes de establecer un régimen corrupto responsable de violaciones de derechos humanos. No obstante, la progresista Ciudad de México cedió a Azerbaiyán el terreno para construir un Parque de la Amistad México-Azerbaiyán, montar esta escultura y construir un monumento en la Plaza de Tlaxcoaque en conmemoración del “genocidio de Jodyalí” en 1992, durante la guerra con Armenia –la ONU aún no ha reconocido lo sucedido como genocidio-. En seguida comenzó el revuelo. Vecinos y activistas han protestado por el homenaje a un “tirano”. “No necesitamos importarlos, tenemos nuestros propios monstruos”, bromeaba con cara seria el escritor Homero Aridjis, durante un picnic-protesta el pasado domingo. Pedro Francisco Márquez, portador de una bandera azerbaiyana, no opinaba igual. Este mexicano que ha viajado en dos ocasiones a Azerbaiyán por trabajo alababa la riqueza del país, que “se está empezando a distribuir”. Los contrarios a la escultura lo acusaban de vendido. Sentados en un banco, el secretario de la embajada de Azerbaiyán y unos pocos simpatizantes observaban el panorama.
Una
comisión creada por el Gobierno del DF y formada por el periodista Guillermo
Osorno, el sociólogo Gerardo Estrada y el politólogo Gabriel Guerra, recomendó
retirar la estatua y cambiar la palabra “genocidio” en la placa del otro
monumento por “masacre”. De madrugada una grúa se llevó la escultura, que ahora
descansa en una bodega a la espera de una decisión definitiva. El sábado, el
mapa de mármol de Azerbaiyán amanecía solitario, sin el hombre de bronce al que
miraban, perplejos, los ciclistas.
Aparcar no suele salir gratis en el Distrito
Federal. Menos en los barrios más concurridos. Para dejar el coche hay que
echar mano al bolsillo. La duda está en decidir quién se lleva los pesos, una
cuestión que ha enfrentado a los vecinos de las colonias Roma y Condesa.
Hasta ahora el botín lo han ganado los franeleros,
esos hombres que pueblan las aceras agitando sus pañuelos para indicar a los
conductores dónde hay una plaza libre. Pero el Gobierno del DF, que con la ley
en la mano podría acabar ya mismo con los también llamados viene viene, está decidido a cambiar
este negocio al margen de la legalidad por otro ajustado a derecho con la
instalación de parquímetros en toda la zona.
Esta Nochevieja en casa de Alfonso se cenará lomo y pierna de cerdo. De acompañamiento habrá espaguetis y puré de patata. De postre tienen “pastelitos”. Alfonso es el nombre ficticio de un señor que esta mañana llevaba en una bolsa una pistola Beretta Parabellum 9 milímetros. Está casado y tiene dos hijos, de 13 y 11 años. Hoy salió temprano de casa para ir a entregar su arma de fuego a las autoridades de Ciudad de México a cambio de dinero en efectivo.
Alfonso era uno más entre las decenas de vecinos que hacían cola con sus armas en el jardín de una iglesia de Iztapalapa, el distrito más grande de la capital, un enorme barrio de barrios de casi dos millones de habitantes que tiene el mayor número de homicidios de la ciudad. En noviembre hubo uno que alteró especialmente a los medios de comunicación: un niño estaba en un cine viendo una película de dibujos animados con su padre, una bala perdida entró en la sala, le dio en la cabeza y lo mató.
Unas semanas después el Gobierno de la capital ha reactivado un programa de desarme voluntario que comenzó en 2007. A cambio de armas ofrecen bicicletas, tabletas digitales, paquetes de alimentos básicos y dinero en mano. Y también le cambian a los niños sus juguetes de guerra –predominan las pistolas made in China y las espadas con empuñadura medieval– por balones, trenes, helicópteros y demás.
Por lo general la gente lleva sus armas en bolsas de plástico. Alguno más campechano se pone el revólver asomando por el cinturón. Otros llevan el arma al aire, como una mamá que esta mañana perseguía a su niña –“¡Ven, chiquita!”– con un rifle en la mano. Desde el 24 de diciembre se han recogido en Iztapalapa unas 700 armas. Serán destruidas por el Ejército. La mayoría son armas cortas, pero también aparecen bastantes armas largas y de vez en cuando llega algún vecino con unas cuantas granadas.
Kevin Paredes, 22 años, comerciante de patatas fritas, llevó una pistola Smith&Wesson de calibre 45. Dice que se la regaló un amigo, y que ahora se la quita de encima porque va a tener su primer hijo y no quiere que haya una pistola en casa. Espera que a cambio le den una tableta digital. Él asegura que nunca le ha disparado a nadie. Viste con una cazadora de cuero negra y lleva en un dedo un anillo con una calavera. Es fan de grupos de rock duro como Pantera o como Iron Maiden. Parece un hombre sosegado. No le importa quedarse sin una pistola con la que defenderse. “El que nada debe, nada teme”, dice. Esta noche de fin de año Kevin Paredes cenará pozole (una sopa de maíz con carne de puerco típica de México) y ensalada de manzana.
Otro de los portadores de armas que se animó a hablar con el reportero es Julio Céscar Betanzos Villalobos. Céscar es un nombre raro, pero es su nombre.
–Era César –dice–, pero hubo un error de registro y ahí se quedó.
Julio Céscar ha traído una pistola de tiro al blanco de calibre 22, tres cajas de balas Remington y un cuchillo de monte que le valdría para deshuesar a un jabalí. Le llama “Matoncito”. El señor Betanzos tiene seis hijos y no quiere que tengan armas en casa. “Ellos tienen educación, pero mejor así para que no haya ninguna tentación. Tal y como está la violencia en este país un día también a ellos se les podría subir la sangre a la cabeza”. En su casa el menú de esta Nochevieja estará compuesto por caldo de pescado, tostadas de calamares y de postre manzanas con nueces. La familia Betanzos amanecerá mañana sin una pistola de aire comprimido y un cuchillo de monte en su hogar.
Sería una gran cosa que 2013 fuese un año menos violento para México, y tal vez iniciativas como esta ayuden a que no haya tantos muertos. Pero de momento, por desgracia, los asesinatos siguen siendo parte del paisaje cotidiano. Al salir en taxi de Iztapalapa, el chófer se para en un semáforo en rojo y mira la portada de un diario amarillista que ofrece un vendedor callejero.
Balean a Noé –dice el titular.
El herido, Noé Hernández, es un atleta retirado que ganó la medalla de plata en la especialidad de marcha en los Juegos de Sidney del año 2000.
“Está duro el desmadre”, sentencia el taxista mexicano.
***
Fotografía: Kevin Paredes posa con sus armas. / P. DE LLANO
En
2010 el estado de Nuevo León, donde las mafias mexicanas luchan a muerte para
controlar el tráfico de droga hacia el fronterizo mercado estadounidense,
empezó a purgar su cuerpo de policía porque se había corrompido demasiado. Le
hicieron pruebas de confianza a sus 7.000 agentes y solo las pasaron 450. Los demás fueron despedidos e indemnizados. Nuevo León decidió crear un nuevo
cuerpo policial, limpio. Lo llamaron Fuerza Civil y empezaron a reclutar a
jóvenes de fuera del estado. Ya tienen 3.000 agentes. En
septiembre estuvieron en un hotel de México DF escogiendo a más chicos y chicas
dispuestos a ser policías en un lugar donde los criminales son tan bárbaros que
en ocasiones presentan las cabezas decapitadas de sus rivales como trofeo de
guerra. Fuerza Civil les hace un chequeo médico a sus aspirantes. No deben
tener hongos en los pies ni tatuajes ni perforaciones. También les hace una
prueba de inteligencia. Quien no sobrepasa los 70 puntos de coeficiente
intelectual no es apto. Se comprueba que
no tengan indicios depresivos, de paranoia o de esquizofrenia. Y un ordenador
mide su porcentaje de honestidad en base a una batería de preguntas en las que
el aspirante a agente incorrupto debe decir si se droga o si ha robado alguna
vez en su vida. Los seleccionados pasarán cinco meses en una escuela policial
que recibe el rimbombante nombre de Universidad de las Ciencias de la Seguridad
y otro mes con instructores del Ejército. Les explican que en dos años no ha
muerto ninguno de sus nuevos agentes. “Nos han rafagueado desde lejecitos, pero
ni una sola baja”, afirma el responsable del proceso de selección en el DF. En
uno de esos espacios inútiles de los hoteles grandes donde hay sofás, butacas y
mesillas que no usa ningún huésped, EL PAÍS entrevistó a varios aspirantes a
medida que iban saliendo de las pruebas. Aquí cambiamos sus nombres por las
siglas de Nuevo León y un número. Estos son algunos de los muchachos de la
capital de México que quieren ir al norte a combatir al narco o que se resignan
a ello por necesidad.
Ya ha visto la obra completa de los muralistas, ha sobrevivido al metro en hora punta e incluso se ha puesto de foto de perfil en Facebook una devorando un chapulín. Y ahora, para seguir con la visita al DF, ¿le apetece ver un montón de fe? Las creencias forman parte de la idiosincrasia de un pueblo, como el arte o la gastronomía, las comparta o no, aunque sea indiferente o las considere incluso una muestra de fanatismo. Así que si quiere conocer una extraordinaria manifestación de religiosidad popular no contaminada por el turismo de masas acérquese un 28 de mes al cruce del Paseo de la Reforma y la Avenida Hidalgo. No es seguro que le vaya a gustar lo que vea. Pero sí que va a impresionarle.
Si anda despistado puede pensar que se ha organizado la enésima marcha para paralizar el centro de la ciudad. Pero los supuestos manifestantes, en vez de enarbolar pancartas cargan con figuras de un santo, unas minúsculas, otras de tamaño natural, con ropajes verdes y blancos y recargadas de escapularios. Son los sanjuderos, los devotos de San Judas Tadeo que se reúnen cada mes en torno a una imagen del apóstol en la iglesia de San Hipólito, una de las más antiguas de la ciudad, construida sobre una ermita erigida en 1521 en recuerdo de la derrota de Hernán Cortés en la llamada nochetriste. Allí se juntan cada día 28 entre 35.000 y 40.000 devotos, según cálculos de la parroquia, y el doble el 28 de octubre, festividad del santo. Y se celebran sin interrupción, desde las cinco de la mañana hasta las 10 de la noche, 16 misas en las que los fieles abarrotan el templo y su patio exterior. Por fuera florece un enorme mercado donde se venden imágenes, medallitas, estampas o camisetas del apóstol junto a toda clase de comida mientras la policía se esfuerza por lograr que el tráfico fluya y nadie sea atropellado.
San Judas Tadeo -no confundir con el traidor Iscariote- era uno de los doce apóstoles de Jesús, según el Nuevo Testamento, y en la tradición cristiana es el patrón de las causas imposibles. Por eso muchos fieles asisten a la iglesia a rogar por un milagro. Pero otros cuyas peticiones han sido atendidas vuelven para agradecer el favor regalando dulces, escapularios y flores. “Un día mi hijo de tres años se perdió. Y él me lo regresó”, cuenta Alfonso, que desde día acude reparte sanjuditas y claveles por fuera de la iglesia. Unos metros más allá Jorge carga con una imagen del santo de más de un metro de alto fabricada en fibra de vidrio y cuenta una historia también dramática y con final feliz: “Tenía un hijo en la cárcel y le pedí que no le pasará nada. Un día 27 salió sano y salvo y desde entonces cada 28 vengo a agradecérselo”.
A San Judas acuden ancianos y adultos, muchos de ellos con bebés en los brazos, pero llama la atención la juventud de la mayoría de los devotos. Proceden de todas las capas sociales, pero muchos son reguetoneros de origen humilde, incluso marginal. De hecho un grupo de muchachos que trata de rehabilitarse de la adicción al pegamento en el proyecto NIEV (Niños con Ilusión y Esperanza de Vivir), impulsado por la parroquia, son los encargados de evitar una avalancha humana mediante un mecanismo que recuerda a las esclusas del canal de Panamá. Primero establecen varios círculos acordonados alrededor del templo y luego van levantando y bajando las cuerdas para permitir el acceso ordenado mientra recitan como una letanía “pasen, no se detengan” y también “le molesto con su gorra”, en advertencia a quienes entran cubiertos a la iglesia.
Repleto de fieles el templo y el atrio (caben unas 3.000 personas) las cuerdas se bajan y empieza la misa, una ceremonia católica con algunos detalles originales. No se da físicamente la comunión, para evitar aglomeraciones, aunque el sacerdote invita a los fieles a participar del sacramento en la intimidad. En un momento dado, los devotos elevan las imágenes que cargan hacia el altar, para que sean bendecidas. Y antes de terminar no falta un minuto de merchandaising para recordar a losfieles que a la salida pueden adquirir la revista Presencia Apostólica y botellas de la muy saludable agua de San Judas. Con la canción Amigo, del muy religioso Roberto Carlos, concluye la ceremonia: unos fieles salen por la parte delantera y las cuerdas vuelven a levantarse para que otros llenen el templo.
Ernesto Mejía religioso claretiano y rector del templo, cuenta que la devoción surgió en los años 50, cuando el padre Félix Monasterio trajo la imagen desde Chicago, donde florecía el culto al santo. La devoción fue creciendo: en los 80 la figura pasó al altar principal, en los 90, la multitud empezó a rebasar el perímetro del templo y surgió esa manifestación de portar imágenes del apóstol. En la década pasada el número de fieles se estabilizó. “El motivo”, cuenta Óscar Rodríguez, otro de los cuatro sacerdotes que componen la comunidad, “es que la mayoría de los templos del DF tienen ya su propio Judas Tadeo entronizado, aunque este sigue siendo el epicentro”.
De la idolatría, una palabra en franco desuso, dice el catecismo católico que “consiste en divinizar lo que no es Dios”. ¿No se habrá convertido la imagen de San Judas en un ídolo? El padre Óscar cree que no son pocos los que caen en eso. “Hay una religiosidad popular valiosa, que ve a los santos como personas dignas de imitación, como el mismo Jesucristo. Pero hay otra centrada solo en pedir favores, que puede devenir en fanatismo, y que no es consciente de que a ese santo hay que seguirlo porque es modelo de conducta.” El padre Ernesto coincide: “En esta celebración se capta la fe en la mirada de los fieles, en sus expresiones, en sus respuestas. Pero es verdad que en la religiosidad popular hay capas, como en la cebolla, y en las homilías hay que insistir en que Judas llego a santo por seguir a su maestro”. ¿Y la jerarquía eclesiástica qué opina de toda esto? “Bueno…”, el padre Ernesto duda, “esto está en la cuerda floja entre lo ortodoxo y lo que no… al cardenal le parece, bueno… mientras no se traspasen determinados límites, ahí vamos…”.
Las paredes de la Ciudad de México se van a llenar de
retratos a partir de este viernes, y no se trata de ninguna megacampaña
publicitaria. Inside Out Project presume de ser una iniciativa global sin ánimo de lucro
que, con cientos de voluntarios, ha conseguido organizar un intercambio
de fotos en formato póster entre 28 ciudades de 16 países para “dar forma a la
galería más grande del mundo”. 4.000 retratos de niños, adultos y ancianos,
según los organizadores. A México han
llegado 500, que se distribuirán a la mitad entre el Distrito Federal y las
demás localidades participantes (León, Ciudad Juárez, Mérida y Campeche). Las
fotografías se están pegando estos días en los muros, pero el proyecto arranca
oficialmente este viernes, día Internacional de la Paz.
En Inside Out Project, una iniciativa de JR (artista
urbano francés ganador del TED Prize en 2011, que ha hecho intervenciones en las favelas de Río de Janeiro o el muro de Jerusalén), México tiene especial
protagonismo. Aquí, en Ciudad Juárez, nació la primera acción masiva, cuando
en 2011 mil ciudadanos ofrecieron sus retratos para que fueran colgados en la frontera
con EE UU y hablaran, de paso, del lado positivo de la ciudad. Además, es el país que más
ha participado (además de Juárez, Mérida, Campeche, León, Monterrey, Cancún,
Chihuahua y Ciudad de México) y el mensaje del proyecto (“¿Qué haces para
cambiar a México?”) pretende aportar esperanza mientras la sociedad mexicana se resiente de la desigualdad y de la violencia.
El polémico monumento Estela de Luz de la capital servirá el viernes a las 21.00 para proyectar los retratos. Durante este mes funcionará todos los días de 22 horas a medianoche y los fines de semana de medianoche hasta las dos de mañana. En Inside
Out Project DF también participa el Centro Cultural España, con retratos de
mujeres de su programa Medea Material, un proyecto para concienciar contra la
violencia de género.
Además de las ciudades mexicanas, en Inside Out Project
toman parte Madrid, Atenas, Londres, Aveiro (Portugal), Lima, Santiago de Chile,
Austin y Nueva York (EE UU), Bandung
(Indonesia), Brisbane, Cairns,
Melbourne, Sydney y Woodford (Australia), Casablanca (Marruecos), Provincia de
Hainan (China), Mulhouse (Francia), Nicosia (Chipre), Seúl (Corea del Sur), y
Etiopía.
La noche del 15 de septiembre México se convierte en una enorme fiesta
teñida de verde, blanco y rojo. Hace 202 años que el país inició su
camino a la independencia de los españoles y esta tradición que condensa
toda la mexicanidad. Te damos algunas claves para que no desentones si es
tu primera vez.
El mes patrio
La independencia de un país
es un hecho lo suficientemente importante como para que no baste un día o
una semana de celebración. En México, septiembre se ha declarado mes
patrio. Para crear ambiente las tiendas, bares, edificios oficiales y
plazas públicas se visten con adornos de la ‘tri’, la bandera tricolor.
En las calles de casi todas las ciudades pueden encontrarse puestos con
trompetas, collares y adornos varios para engalanarse en verde, blanco y
rojo. Los balcones de las casas lucen banderas en las que se lee ¡Viva
México! y los taxis llevan banderines. Todo es poco para mantener alto
el orgullo nacional de 120 millones de personas durante 30 días.
Miguel Hidalgo
Este
sacerdote no sabía las consecuencias que tendría la llamada a la
insurgencia que realizó un día de septiembre de 1810 en la localidad de
Dolores, en el Estado de Guanajuato. En el comienzo no se hablaba de
Independencia pero el levantamiento derivó en una guerra que supuso la
separación del país del imperio español. El acta de independencia de
México se firmó en 1821.
El retrato del cura Hidalgo, con sus
pobladas cejas y su particular combinación de calva y melena larga, está
grabado en la memoria de los mexicanos y estos días puede verse en
banderolas junto al resto de “los héroes que nos dieron patria”, como
dice el Grito actual. En él se recuerda a Hidalgo, José María Morelos,
Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano
Matamoros.Hidalgo lanzó su proclama en la mañana del día 16 de
septiembre pero no se sabe exactamente por qué - tal vez porque a una
celebración de esta magnitud le pega más la noche y los fuegos
artificiales - el Grito se pasó a la noche del 15. Para el 16 - el
verdadero día feriado - se guarda el desfile del Ejército.
Gachupines
Todo
acto épico necesita de un rival al que vencer. No podemos olvidar que
el objetivo era librarse de la autoridad virreinal así que sí, los
‘malos’ eran los españoles. El término gachupines es una expresión que
servía durante la época de la Revolución - y que aún puede escucharse en
México - para designar a los españoles con cierto tono peyorativo.
Algunos historiadores atribuyen las palabras “mueran los gachupines” a
Miguel Hidalgo aunque también hay otros estudiosos que aseguran que el
sacerdote acompañó el Grito de Dolores de un “‘¡Viva Fernando VII!,
¡viva América y muera el mal gobierno!” puesto que en esos momentos
España se encontraba bajo el control de Napoleón. Si estos días escuchas
gritos de “vamos por los gachupines” no te asustes, es parte de la
tradición.
Chiles en nogada de la Hostería de Santo Domingo
Chiles en nogada
Si los colores de la tricolor llegan a todos los puntos de la República, la comida no podía quedarse al margen. Hay un plato estrella para conmemorar la Independencia que junta el rojo, verde y blanco de la bandera mexicana: los chiles en nogada. El verde lo pone el chile poblano -que está relleno de carne y fruta- cubierto por una salsa blanca llamada nogada y que se prepara con nuez de Castilla. Todo decorado con perejil (verde) y granada (roja).
Los chiles en nogada son el platillo estrella del mes patrio y no pueden faltar en ninguna mesa el 15 de septiembre, puesto que la mayoría de los mexicanos tienen la tradición de celebrar una especie de merienda-cena con familiares y amigos antes de echarse a la calle para escuchar el Grito. En esas mesas seguro que también habrá pozole- una especie de sopa con maíz y carne -, frijoles y chancho (cerdo).
Hace
semanas que los restaurantes ofrecen chiles en nogada, un plato que
solo se prepara en estas fechas. Para aquellos que viajen a la capital
en otra época y no se los quieran perder, siempre quedará la Hostería de Santo Domingo
(calle Belisario Domínguez, 70-72. Colonia Centro) donde desde 1860 se
venden enormes chiles en nogada en cualquier momento del año.
Las
‘chelas’ (cervezas), el tequila y el mezcal se dan por descontados en
todas las celebraciones de estos días. Y el Omeprazol del día siguiente,
también.
Las 23.00 horas
A esa hora comienzan los
10 minutos más esperados del año. En una secuencia perfectamente
planificada, marcada por el protocolo y donde no hay lugar al ‘ahorita’
mexicano, los representantes de los distintos niveles del Gobierno -
jefes de las delegaciones, presidentes municipales, gobernadores de los
Estados y presidente de la República así como los embajadores en las
legaciones en el extranjero - se disponen a lanzar EL GRITO. El Zócalo
de Ciudad de México es el lugar más concurrido pero cualquier plaza vale
para montar la fiesta. En la representación entran en juego una
bandera, una campana y el himno nacional pero lo importante son esos
diez ‘vivas’ a los que los mexicanos responden como una letanía desde
cualquier punto del país:
¡Mexicanos!
¡Vivan los héroes que nos dieron patria!
¡Víva Hidalgo!
¡Viva Morelos!
¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!
¡Viva Allende!
¡Vivan Aldama y Matamoros!
¡Viva la independencia nacional!
¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!
Por
supuesto, nada tiene que ver este grito con el que lanzó Hidalgo hace
ya 202 años. A partir de este momento se acabó el protocolo y las guías
para sobrevivir al Grito dejan de ser útiles.