Un hemiciclo de niños revoltosos con cuatro estudiantes medio responsables que les rellenan el cuadernillo de caligrafía con letra bonita al resto.
El otro día tuve la oportunidad de asistir por primera vez a un pleno en el Congreso de los Diputados. Cuando crees que tu imagen de la clase política no podía ir a peor, respirar el ambiente del hemiciclo en una sesión de control hace que la cosa te decepcione aún más.
La representación comienza a eso de las nueve de la mañana y para las 9:30, lo mediático, el intercambio de palabras de Rajoy con Zapatero habrá acabado. Se dirán cosas más que previsibles y no aportarán ninguna idea nueva y original que sorprendan a nadie. Lo cuenta muy bien Fernando Garea en su blog . Los de la banda de uno aplauden y dan golpes a las nobles maderas para liberar las endorfinas de su lider y abuchean con profusión al contrario para que quede constancia en los medios. Acabado esto prácticamente todos los fotógrafos recogen su equipo, José Bono pide el cambio y los pesos pesados de PPPSOE hacen la espantada.
El congreso se queda vacío. Algo así le pasó a Duran i Lleida el otro día en el Debate del Estado de la Nación. Entonces sólo suelen quedarse los ministros que van a recibir preguntas previstas en el orden del día, los diputados que las formularán y algunos otros dando vueltas, de charleta con los compañeros, trasteando el móvil o leyendo prensa digital sentados en su escaño. Al resto se les supone en sus despachos, en el edificio anexo al congreso, atentos a los televisores y la alarma que suena para llamarlos a las votaciones.
Por supuesto que creo que hay políticos comprometidos con su trabajo en el Congreso pero da la impresión que esto no debería ser una profesión, algo en lo que hubiera que hacer carrera desde joven en una empresa tan desastrosa y poco meritocrática como son los partidos políticos. Pienso que el sistema actual no permite que llegue todo el talento que debería llegar a nuestras cortes y que hay demasiada gente acomodada ahí, sorda a lo que pasa en el mundo real.
