Siguiendo con el románico, en la parte más baja, más prepirenáica de la Ribagorza aragonesa llegamos a Roda de Isábena, puesta en lo alto de un monte. En el claustro de la catedral, donde hay un restaurante monástico, sólo se oye a unos pajarillos veraniegos piar y al agua helada caer en cascada sobre mi copa. Ni rastro de mundanal ruido. En una fría noche de diciembre del 79 Erik el Belga perpretó aquí uno de sus atracos más sonados. En el 95 volvió al pueblo a intentar expiar en parte sus pecados donando 15 cuadros pintados por él mismo.
Bajando al valle del río Isábena, te topas con el monasterio de Santa María de Obarra. Nos cuenta con pasión una de sus guardianas protectoras, que tiene este templo la arquitectura, posición y orientación más perfectas en terminos de energías feng-shui medievales que te puedas encontrar en el mundo mundial.
