St Kilda, Melbourne, Australia
Cuando presencias un atardecer primaveral austral así, lo único que puedes pensar es que si todos viéramos este tipo de cosas a diario, seguramente seríamos mejores individiuos y viviríamos en una sociedad más armónica. Una temperatura perfecta, un mar calmado, unos colores extraordinarios inundando las retinas de todos los que estábamos allí. Cientos de personas en la orilla de St Kilda anestesiadas, como si nos hubieran inyectado a todos medio kilo de morfina en vena.
