Desayuno de trabajo chez Dimitri; de fondo, su famoso equipo de sonido
Corría el año 2010 y la foto era transparente: pretendía mostrar el buen rollo entre el presidente de Rusia, Dimitri Medvédev, y su jefe, oficialmente menor en rango, el entonces primer ministro Vladímir Putin. Ya saben la genialidad política de estos mendas: para saltarse las limitaciones constitucionales, se alternaban en lo alto de la pirámide. Medvédev había invitado a Putin a su residencia para desayunar al viejo estilo moscovita, leche con pan negro. Pero lo que llama la atención de la “photo oportunity” es el decorado de fondo: se intuye un equipo de sonido serio. Un insólito signo de ostentación en un país donde los auténticos jefes del cotarro intentan distanciarse del exhibicionista estilo de vida de los oligarcas. Y el recordatorio de que Medvédev es, como diríamos aquí, un “musiquero”, que ejerció de pinchadiscos en sus años de estudiante.
