Los Bravos, con realización de Javier Aguirre.
En algún momento, cuando empezaba a escribir sobre música, decidí que no me especializaría en ningún género. Voraz en gustos, me pareció que resultaría más justo -¡y divertido!- dedicar igual respeto a artistas heterogéneos: nacionales y foráneos, exquisitos y populistas, blancos y negros, estelares e invisibles, formalistas y experimentales. Eso no significaba que escondiera la patita: obviamente, unas músicas me afectaban más que otras. Pero me negué a tener lo que en Latinoamérica llaman “el consentido”, el artista o la corriente que tratas con mayor tolerancia, que absorbe buena parte de tus esfuerzos.
Aún así, admiro a los expertos monotemáticos. Uno quiere saber algo sobre todas las músicas pero entiendo a los que quieren saberlo todo sobre determinado grupo, solista o género. En esa categoría inserto a Guzmán Alonso Moreno, autor del impresionante libro Los Bravos. Recuerdos de una leyenda. Cuando salió la primera edición, en 2004, apabullaba por su erudición. Enriquecido con reproducción de contratos, artículos de época e ilustraciones, el libro transformaba en epopeya lo que el resto del mundo podría considerar otra cruel Historia Ejemplar de los sesenta.
