Los Stones, camino de la presentación en Manhattan de una nueva gira
Hace unos dias, el mismo Mick Jagger soltaba la liebre: los Rolling Stones habían pasado una semana grabando en París. Para los fieles, el mensaje era inequívoco: un nuevo disco del grupo significa que habrá gira; el pundonor de los Stones exige que salga material fresco antes de salir a la carretera, para alejar el fantasma de que viven de la nostalgia por tiempos (evidentemente) mejores.
Hay un subtexto económico en esa escueta noticia. Que los Rolling Stones siguen funcionando como nómadas fiscales. Para evitar pagar impuestos en Gran Bretaña o en Estados Unidos, establecen su domicilio oficial en latitudes menos exigentes. Eso les permite residir durante un máximo de, creo, 180 días en sus países favoritos. Por ello, a la hora de ensayar o grabar, se largan a Canadá, el Caribe o la Europa continental. Un reciente libro, Under their thumb, explica que cada miembro del grupo tiene un empleado que va contabilizando los días que pasan en Londres, Nueva York, Connecticut o donde esté su casa favorita. Sus avisos son órdenes: en cuanto se acercan a esa cifra peligrosa, deben desaparecer hacia climas fiscalmente más relajados.
