Las lecciones empresariales de "Breaking bad"

Por: | 24 de noviembre de 2012

 

El menudeo del cristal, con fondo de El manisero, de Alvin Red Tyler

En los próximos días, no me llamen: me meto en la quinta temporada de Breaking bad. Otra inmersión en el mundo de Walter White, el profesor de química al que la necesidad de pagarse un caro tratamiento para su cáncer (y proveer recursos para su familia)  transformó en fabricante de metanfetamina de máxima pureza.

Esencialmente, se trata de una fábula moral, la crónica de una metamorfosis: de calzonazos a macho alfa. Aparte, en cada temporada White aprende lecciones prácticas sobre esa rama del capitalismo salvaje que son las drogas ilegales. En realidad, BB podría enseñarse en las escuelas de negocios.

 

 

 

Breaking-bad-season-5-image-byran-cranstonLa calidad solo es una de las patas del banco: Walter debe aprender a sobrevivir a sus tratos con los distribuidores. Breaking bad enfrenta el entusiasmo del equipo inicial de Walter con la áspera realidad de la calle. En la primera temporada, era su alumno, Jesse Pinkman, quién distribuía el producto. En la segunda, Pinkman creaba una red con sus colegas: Badger, Combo y Skinny P. Uno de los momentos más felices de la serie recoge el subidón del negocio funcionando a tope. Lo tienen arriba: suena El manisero, versión de Alvin ‘Red’ Tyler, mientras las bolsitas y el dinero cambian de mano. Pero los adictos al cristal no son clientes normales:  una pareja infernal da el palo a Skinny P. Y Combo morderá el polvo por una cuestión territorial.


Los apuros de Walter aumentan cuando sufre una OPA hóstil: pasa a depender de Gus Fring, el discreto magnate de Hermanos Pollo. En busca de la economía de escalas, le ponen un modernísimo laboratorio subterráneo (nada de irse a “cocinar” en medio del desierto).  Por decirlo suavemente, eso es improbable: en Estados Unidos, los precursores para la metanfetamina están rigurosamente controlados; esos laboratorios existen pero están en lugares remotos de México o Centroamérica.

Los siguientes conflictos que alimentan Breaking bad corresponden milimétricamente a los de una multinacional en expansión. La pelea por la exclusividad en un mercado, la idea de que la compañía original (el cartel mexicano) tiene prerrogativas,  el “fichaje” –o la anulación- de cerebros (los talentos técnicos), el acoso de los organismos reguladores (la DEA).

Y los problemas de los emprendedores que se hacen inmensamente ricos. Si fueran empresarios convencionales, empezarían a comprar arte, a montar fundaciones, a adquirir propiedades en otros países. Walter y su esposa están en el paso prevío: deben “lavar” los millones que ganan. Y ahí entra el único personaje  cómico de la serie: el abogado Saul Goodman, cuyo lema parece ser “todo tiene un precio”. Tipos como él existen, claro. Están en las grandes ciudades españolas, aunque la decoración de sus bufetes sea, vaya, menos hortera.

 

 


Breaking bad no es ciertamente una serie realista. Desde luego, no en lo visual, que tiende hacia las imágenes alucinógenas. Los rasgos generales del negocio son fiables mientras que el diseño de los personajes tiende a lo fantasioso. Me inquieta esa tendencia de los guionistas a retratar a los latinos como monstruos. Ciertamente, estamos ante capos de la droga o sus asesinos pero cargan las tintas: aquí les distingue una crueldad extrema, un enfermizo sentido de la venganza, una astucia animal, un desprecio por la propia vida que no se compadece con la abundancia de pactos con las autoridades.

Ocasionalmente,  BB ofrece alguna imagen positiva del mundo latino –la madre soltera con la que Jesse tontea- pero no se escapa del estereotipo de tantas canciones, libros y películas: la mexicana bella y sufrida, capaz de ofrecer la redención al gringo atormentado.

Al menos, compensan esos brochazos gruesos con insospechadas selecciones musicales. El 1977, de la rapera franco-chilena Ana Tijoux, por ejemplo. Y este narcocorrido de encargo, nada genial, que se hace extrañamente magnético con un video que imita las convenciones del género:

 

 

 Negro y azul, el narcorrido sobre Heisenberg grabado por los Cuates de Sinaloa

Hay 5 Comentarios

Coincido contigo Diego esto es para una cátedra en una escuela de negocios pero tambien para una charla en TED Talks te comparto algunos puntos de vista de algo que escribi en mi blog: http://bit.ly/1b6cBr1

Ya apareció la madre redentora

¿A que viene comparar el narco con el capitalismo? A ver si tú no vives del sistema capitalista

No lo hace para "pagarse un caro tratamiento" sino para dejar recursos económicos a su familia.

la banda sonora es inmensa, y existe completa en Internet; A horse with no name, con WW cantándola a pleno pulmón es un momento imborrable de esta serie incompleta, ¡qué larga la espera¡

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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