La hora del folk, según los Coen

Por: | 09 de abril de 2013

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Bob Dylan, su amada Suze Rotolo y el gran Dave Van Ronk

Un cambio de paradigma, intuyo. Durante décadas, el cine ha dirigido reiteradamente su mirada hacia el pop de los sesenta: infinidad de películas sobre los Beatles o conjuntos ficticios similares. En los últimos tiempos, algunos realizadores están explorando el periodo anterior, cuando las guitarras eran acústicas. Han coincidido dos películas sobre la beat generation, el On the road, de Walter Selles, y la reciente Kill your darlings, de John Krokidas. Sobre todo, y conviene celebrarlo, los hermanos Coen se han zambullido en el Greenwich Village, el laboratorio neoyorquino que impulsó la popularización del folk y el boom de los cantautores, inicialmente politizados.

 

Enclave de la bohemia y la disidencia desde principios de siglo, el Village funcionaba como imán para iluminados que habían descubierto las verdades eternas del cancionero folclórico y estaban dando el paso siguiente: la creación de piezas contemporáneas siguiendo los modelos ancestrales, además con voluntad de incidir sobre la realidad. Así, en 1962 llegaron Phil Ochs, tejano, y Bob Dylan, de Minnesota. Se encontraron con vecinos ya establecidos, exiliados de otros barrios de Nueva York, como Ramblin' Jack Elliott y Dave Van Ronk.

Teóricamente, la trayectoria de Van Ronk (1936-2002) sirve de columna vertebral del nuevo proyecto de Joel y Ethan Coen. Tras leer su autobiografía póstuma, The mayor of MacDougal Street (2005), los Coen compraron los derechos cinematográficos. Pero no se iban a conformar con un biopic convencional. La película resultante, Inside Llewyn Davis, retrata a un folkie nítidamente dylaniano, aunque lleve barba (¡y un gato!).

Eso deducimos del trailer, ilustrado con una rareza de Dylan (“Farewell”, tema inicialmente destinado a The times they are a-changin') y que muestra lugares identificados con sus años neoyorquinos, aparte de una novia peleona con inevitables ecos de Suze Rotolo.      

 

Ese desplazamiento seguramente obscurece al propio Dave Van Ronk, uno de esos secundarios de dimensiones colosales. Antiguo marino mercante, poseía un repertorio aparentemente infinito, que iba desde las baladas de las Apalaches a obscuros blues del Sur Profundo. Formado en el recio jazz de Nueva Orleans, amaba el ragtime y el sonido de jug band;también conocía la obra conjunta de Bertolt Brecht y Kurt Weill. Es un hecho que el cancionero de Dylan engordó a su lado

Dave van ronk libroPolíticamente, Van Ronk renegaba de los bandazos del Partido Comunista y se alineaba con posiciones trostkistas, con un ramalazo libertario que explica que fuera detenido en 1969, durante las batallas callejeras entre la policía y los gays que protestaban contra la redada al Stonewall Inn. Hasta tenía un punto friki: su devoción por la ciencia ficción, poco habitual en aquellos círculos.

En esa batalla contra el mainstream, irrumpió Dylan. La historia es bien conocida. Bob embelesó a todos los conspiradores antes de protagonizar un verdadero golpe de estado cultural. Era una esponja pero aparcó el elemento tradicional y potenció la expresión personal. Tras las canciones que señalaban con el dedo, adoptó una poética más evasiva. Y finalmente se abrió al rock, pecado capital en un movimiento purista. Cada cambio exigía tomar posiciones, como indica el gran texto sobre la época, Which side are you on?, de Dick Weissman.

Por lo que intuimos, los hermanos Coen no llegan al Gran Cisma. Han evitado una narración en clave: con alguna excepción, aseguran que sus personajes no son trasuntos de los protagonistas reales. Para la banda sonora de Inside Llewyn Davis, han llamado a T-Bone Burnett, el mismo productor que convirtió O brother, where are thou? en un fenómeno comercial a principios del presente siglo. 

En O brother, los Coen demostraron un extraordinario conocimiento de su material de base. Aparecía un bluesman llamado Tommy Johnson, que presumía de tener tratos con el diablo en los cruces de caminos; en numerosas críticas, entendieron que se referían al mítico Robert Johnson. Y no: retrataban a un predecesor, el Tommy Johnson real, el único músico del Delta del Misisipí al que se implicaba en pactos satánicos, antes de que empezara a funcionar la máquina de fabricar leyendas para chicos impresionables.   

 

En O brother, Tommy Johnson (Chris Thomas King) canta el "Hard time killin' floor blues", de Skip James

Cabe imaginar que Inside Llewyn Davis también ignorara fantasías en busca de verdades sorprendentes. Lo sabremos en próximos meses, cuando StudioCanal lo presente por Cannes y demás festivales. El viento sopla a su favor: Dave Van Ronk y otros compañeros de insurgencia son mencionados en una de las mejores nuevas canciones de David Bowie, “(You will) set the world on fire”. Llámenlo sincronicidad.

  

Hay 5 Comentarios

No sé si el folk está muerto, pero parece que hay poco folkie por aquí, asi que todo sea por los Coen y por Dylan y por la Rotolo la conciencia que ya nos dejó.

Gran artículo Diego, como casi siempre.

Me ha gustado mucho el artículo, como siempre. Solamente una cosa, desde el respeto (en serio): ¿Eso de escribir "oBscuro"... es necesario? ¿Y dos veces en un párrafo?

Me ha gustado el articulo ¡Gracias Manrique!.... por otra parte vaya turra con el spam en los comentarios.

el folk esta muerto :))

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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