Morrissey, 10; Resto del Mundo, 0.

Por: | 27 de octubre de 2013

  Morrissey apunta

En el fondo, sospecho, todos somos cotillas. Queremos conocer la intimidad, los tratos profesionales, los comportamientos de los demás. Especialmente, si figuran entre nuestros ídolos. De ahí el extraordinario boom de las autobiografías de famosos. Particularmente, los famosos musicales, a los que atribuimos vivencias salvajes, despilfarros de jeques, experiencias únicas.

Perdón, debo corregir la primera frase: ¡no “todos!”. Hay ascetas estilitas que aseguran que nada les interesa de la vida de sus artistas favoritos. “Crónica rosa”, escupen desde lo alto de su columna penitencial. Benditos sean, repito yo, que no saben lo que se pierden. Una anécdota, una revelación, finalmente un cotilleo, suele ser la pieza que falta para completar un puzzle, al menos en nuestras mentes calenturientas.

 

 

Así que comprenderán la fascinación provocada por la Autobiography de Morrissey. El era como nosotros: un fan fatal, que incluso escribía a sus adorados. Luego, estuvo al frente de The Smiths, en la época gloriosa de los semanarios musicales británicos, que exigían a los artistas la práctica de la esgrima verbal. Y Morrissey era un espadachín de categoría olímpica. 

  

Del modelo habitual, además. Impenetrable para su vida personal, que tapa bajo varias capas de mentiras y camuflajes, pero perfectamente preparado para dejar en pelotas a los demás. Y hay maldades para todos. Retrata a sus venerados New York Dolls como criaturas imposibles. No solo al indestructible David Johanssen, también al desdichado Arthur Kane, una máquina de lamentarse: “venden camisetas mías por 45 dólares; por ese dinero, podrían acostarse conmigo”. Morrissey se calla pero lo escribe: “Tal cómo estás ahora, una camiseta es la mejor opción”.

 

No se salvan sus amadas damas de la canción. Todavía le duele que Sandie Shaw se llevara 40% de los rotalties del “Hand in glove” que grabó con The Smiths, y que no fuera capaz de invitar a la banda “a cenar o a una botella de cerveza pasada”. Esto por parte de alguien tan tacaño que ponía a su propia madre a regatear cuando los músicos y productores llamaban exigiendo cobrar. De la colaboración con Siouxsie, la de los Banshees, salieron disgustos, aquí detallados sin tapujos. De alguna manera, termina disculpándola: “parece que odia incluso a la gente que la aprecia”.

  

Sin embargo, no tiene piedad con los enemigos mediáticos. De Julie Burchill, estrella del New Musical Express y ahora polemista de alquiler, hace un retrato muy, muy cruel, aunque posiblemente merecido. A Nick Kent, su equivalente masculino en el mismo semanario, le tritura reproduciendo una carta en que el periodista, músico a tiempo parcial, se ofrecía -fantástica arrogancia- para reemplazar a Johnny Marr en unos nuevos Smiths. 

Morrissey con Johnny MarrNi siquiera se libra el beatificado John Peel, supuesto paladín de The Smiths: “nunca fue a vernos, ni siquiera acudió a las sesiones que grabamos para su programa”. Lo peor fue cuando Peel le trató como a un apestado: se negó a poner su voz en el anuncio para un disco de Morrissey, por “la cuestión del racismo”, para no implicarse en la batalla entre la prensa y el cantante (que ganó Morrissey en dos ocasiones).

¿Se salva alguien?, oigo preguntar. Mick Ronson, que ya no está con nosotros. Y David Bowie, sorprendentemente. Tal vez por su capacidad para encajar golpes: hubo un pacto implícito para que cada uno cantara un tema del otro; Bowie cumple con “I know is gonna happen someday”, mientras que Morrissey decide que no le encaja “Goodbye Mr. Ed”, una canción del olvidado segundo álbum de Tin Machine. Más aún, Morrissey abandona a Bowie a mitad de una gira conjunta por el Reino Unido, llevándose el autobús que ambos usan para los desplazamientos.

  

Solo lo soportaría un fajador como Bowie, que ahora tendrá que leer que Morrissey le considera un vampiro e incluso le reprocha los discos millonarios que grabó para EMI: “el éxito en el mainstream es lo peor que le puede ocurrir a un artista auténtico.” Un tanto hipócrita, viniendo de un cantante que apunta álbum por álbum los puestos que ha alcanzado en las listas de ventas y, específicamente, se queja de falta de apoyo promocional de EMI.

Sólo hay alguien que se le escapa a Morrissey. No entiende que, en un encuentro casual en Nueva York, Mick Jagger le quiera saludar cordialmente, como colega y como británico expatriado: “me costó años entender el secreto genial de los Rolling Stones”. Por si acaso, no explica en que consiste ese “secreto genial”.

MORRISSEY-mick-jagger-morrissey-crop

Hay 17 Comentarios

¡Quién sabe, Manu! Ahora lo miro pero nunca olvides que hay un tipo de artistas que interpreta lo que ocurre en el mundo a partir de sus necesidades de reconocimiento, del tratamiento de la prensa a otros etc etc.

Pues saliéndome un poco del tema (por qué a mí este señor morrisey es un personaje intrascendente) estoy sorprendido con la reacción de la prensa (y muchos melómanos) ante la muerte de Lou Reed... y no dejo de recordar como le lamían el trasero en los 70...

Diego, ¿qué te parecen las puyas que está lanzando Calamaro -vía Twitter- contra la prensa española acerca del tratamiento de la muerte de Lou Reed? ¡Gracias!

Quiero decir que una revista musical puede tener contactos con un instrumentista, un técnico, un agente. Se puede fiar del personaje y tira para adelante con una noticia. Mientras que el NYT va a esperar la confirmación de una "fuente oficial".

¿Rolling Stone no es prensa seria? ¿porqué, por el punto com? ¿no habíamos quedado que la prensa USA 'siempre' confirma con todas las fuentes? ¿no nos contaste lo que te ocurrió con el famoso 'rock torero'?

¿Cómo habrán dejado a Ray Loriga escribir el cagarro que escribo en El País sobre Lou Reed?

Merci, Diego. Es que JD me tiran mucho. El libro de Peter Hook, por ejemplo, es tremendo de bueno...

Muy bueno, Imatra!

Recuerdo haber leído una anécdota sobre una entrevista televisiva que les hicieron a él y al manager del Joy Division/New Order, Rob Gretton, al hilo de la"categoría olímpica" del esgrima verbal de Morrissey.

Por lo visto y de repente, Morrissey empieza a meterse con Joy Division, insistentemente, y cada vez de manera más insoportable, hasta que Gretton le dice: "¿Sabes cuál es tu problema? Que Ian Curtis tuvo los santos huevos de colgarse, cosa que tú no harás en tu vida".

Mucho esgrima verbal, pero ante esa pregunta, lo único que pudo hacer Morrissey fue levantarse e irse del estudio, ofendido... Y en cuanto a Siouxsie, me gustaría saber realmente qué piensa ella de su grabación, porque en la bio de los Banshees es ella la que pone mal al colega...

La "prensa seria" tiene que esperar a que haya una confirmación de una fuente oficial: discográfica (que Lou, ay, no tenía) o familia o management.

Un poco gilipoyas sí que era, pero me da igual porque no lo tenía que aguantar. A Raphael le hicieron un trabajo mucho mejor, dónde va a parar. Que se muera el difunto no me ha llamado tanto la atención como que fuera RS el medio que primero sacó la noticia, mucho antes que "la prensa seria".

Manrique 10, Morrissey 0.
Y sí, palmó Lou Reed. Pero, al margen de sus ocasionales méritos como músico, parece ser que era un perfecto "asshole", ¿no?

Me gustó mucho el trabajo en solitario de Morrissey...hasta 1992, más o menos. A partir de ahí, muy poquita cosa y, si faltaba algo, últimamente parece que se peleó con Alain White, su compositor principal. Y, claro, últimamente sólo saca truños.
Lo que me parece más fuerte es que ÉL se permita (intentar) darle lecciones de no-sé-qué a David Bowie!! Pero de qué va??

Morrissey, genio y figura hasta la sepultura :)

Luego se extrañan de que su autobiografía haya sido publicada en Penguin...

Jode, esto si que es prensa rosa, y no las mierdas que tenemos que leer aqui. Genial morrisey, fascinante :))))

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Sobre el blog

¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

Sobre el autor

Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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