La mala baba de los hermanos Coen

Por: | 31 de diciembre de 2013

  FOLK

Maravilloso: nuevamente, los hermanos Coen nos la dan con queso. Resulta que Inside Llewyn Davis,  aquí estrenada el 1 de enero, no es el rumoreado biopic sobre Dave Van Ronk. Tampoco sirve como visión panorámica de la escena folk del Greenwich Village, aunque buena parte de la acción transcurra en ese enclave ancestral de la disidencia neoyorquina, durante el invierno de 1961: se trata esencialmente de las desdichas de un personaje muy Coen.

 

Sin embargo, A propósito de Llewyn Davis, tal es su título español, sí sirve de antídoto contra esa avalancha de películas que nos ofrecen visiones edulcoradas de los albores de la contracultura: después de las cintas sobre el cogollo del movimiento beat, les tocaba a los folkies. Pero aquí no hay sexo desacomplejado, guapos protagonistas, jazz trepidante, exploración de substancias, sentido de vindicación histórica. Frente a la alta bohemia que sugiere la famosa portada de The freewheelin' Bob Dylan, esta es la baja bohemia de los perdedores.

Bob-dylan-freewheelin
Ethan y Joel Coen han usado la biografía de Dave Van Ronk (The mayor de MacDougal Street) para dar pequeños brochazos de autenticidad. Como Van Ronk, su Llewyn Davis está en la Marina Mercante, refugio tradicional para numerosas almas rebeldes; es su único salvavidas y ni siquiera puede agarrarse a él. Para algunos aficionados al folk, ese distanciamiento de la trayectoria de Van Ronk es una Mala Cosa. Olvidan que los hermanos ya avisaron que pretendían hacer una ficción esencialmente negra, aunque no imaginábamos hasta que extremo iba a ser cruel; nos pesa el frio, la obscuridad invernal. Aparte de una trivilalización del proceso de conseguir un aborto (entonces ilegal), no nos privan de ningún mal rato. De hecho, el único alivio argumental es la coeniana introducción de un hermoso felino. En algún país, buscando la simpatía de los amantes de los gatos, han confeccionado un trailer ad hoc. En serio:

 

Con tremenda mala baba, los Coen acumulan desdichas sobre su protagonista. Carece de la red de seguridad de una familia. Con varios años en el ambiente, no tiene ni un techo sobre su cabeza: duerme en los sofás o en los suelos de sus amigos (y conviene fijarse en los agobiantes pasillos que llevan a esos apartamentos para entender que aquí no encontraras ni rastro de glamour cuando traspases la puerta). En algún momento, su belleza de chico sensible ha conquistado corazones pero ya no hay una mujer que apueste por él. Ahora, hasta carece de abrigo para superar el invierno. Sólo una pareja de burgueses judíos le abre sus puertas, aunque a cambio deba sufrir unas cenas con unos invitados terroríficos donde sirve de folkie de exhibición.

  

Ayuda, desde luego, conocer la historia musical para apreciar la venenosa puntería de los Coen. F. Murray Abraham no se parece a Albert Grossman, luego inmortalizado como despiadado manager de Dylan y Janis Joplin, pero adquiere una gélida presencia mefístofélica cuando rechaza a Llewyn como solista y, a continuación, le ofrece formar parte de un trío comercial (los futuros Peter, Paul & Mary). El soldado que ejerce de cantautor en sus días de permiso evidentemente está inspirado por Tom Paxton; tiene su punto que los Coen le concedan unos rasgos de humanidad apenas visibles en el resto del reparto. Jean Ritchie podría ser el modelo de la cantante rural interrumpida por las maldades de Llewyn.

John Goodman luce físicamente como una reencarnación del legendario compositor Doc Pomus, aunque su personaje tiene vivencias más crudas: Roland Turner es un feroz jazzman yonqui, que martiriza al desdichado Llewyn durante un infeliz viaje a Chicago. También vemos a un trasunto del productor John Hammond en la grabación de una canción humorística para Columbia Records.

  

Pero no es preciso estar graduado en el negocio musical para apreciar la habilidad con que un representante de Columbia consigue que Llewyn caiga en el truco del plato de lentejas: prefiere una cantidad fija a las futuras royalties. Impagable igualmente la visita del cantante al racano director de la pequeña compañía que ha editado su disco: uno le imagina como Moses Asch, el santo fundador de Folkways, que efectivamente grabó a Van Ronk.

Son también certeras las canciones de la banda sonora, materializadas por T-Bone Burnett como productor. Aunque nadie debería esperar que el disco correspondiente alcance las alturas de la anterior colaboración entre Burnett y los Coen, O brother where art thou?. Aquella era robusta música con raíces; el cancionero de Inside Llewyn Davis puede venir de una tradición similar pero ha sido cultivado en tiestos urbanos, para delectación de públicos minoritarios y no particularmente entusiastas.

  

Así que se entiende que llegue un intruso de fuera de la ciudad, un tal Robert Zimmerman, que se alza con el santo y la limosna al combinar el repertorio folclórico más dramático con creaciones propias que hablan del presente, no del parto de la reina Juana. Alguien además con una fe inquebrantable en sus poderes y la capacidad para llegar a sus objetivos. La capacidad de engañar, robar, seducir y captar el zeitgeist.

BOB dylan-rotolo-van-ronk

Bob Dylan, Suze Rotolo y Dave Van Ronk

Hay 11 Comentarios

El look de John Goodman a mi me pareció clavado al de Joe Lovano.

Cuánta razón Phibes, pensé exactamente lo mismo.
Sobre la nueva de los Cohen, qué capacidad tienen de renovarse y mantener su esencia al mismo tiempo: escenarios sorprendentes, secundarios únicos... ¡Qué delicia!

Cuánta razón Phibes, pensé exactamente lo mismo.
Sobre la nueva de los Cohen, qué capacidad tienen de renovarse y mantener su esencia al mismo tiempo: escenarios sorprendentes, secundarios únicos... ¡Qué delicia!

Lo que es increible es que yo, apasionado del cine de los Cohen y de la música Folk, esté emocionado y expectante con ir a ver la película aprovechando que paso el fin de semana previo a Reyes en mi ciudad natal Santiago de Compostela (ya sabéis, ciudad universitaria, capital de Galicia, 120.000 habitantes, confluencia de culturas, patrimonio de la humanidad, sede del gobierno autonómico ... etc, etc) y no pueda ¡porque no la echan! ¿Y por qué no la echan? Pues porque la distribuidora que monopoliza actualmente los cines compostelanos no quiere o no puede.
Lo que fuimos y lo que somos.
PD: perdón por esta descarga de frustación personal que a nadie importa

Boyero la ha puesto a parir, o sea que seguramente será buenísima.

5 excelentes álbumes grabados por integrantes de la escena folk del Greenwich Village:

- Dave Van Ronk / Dave Van Ronk, Folksinger / 1963 Folklore/Prestige

- Fred Neil / Bleecker & MacDougal / 1965 Elektra

- Peter La Farge / Peter La Farge On The Warpath / 1965 Folkways

- Eric Andersen / 'Bout Changes & Things / 1966 Vanguard

- Phil Ochs / Phil Ochs In Concert / 1966 Elektra

Salud.

Como dice Victor Lenore, es Bob Dylan quién mata al folk del Village:
Más claro todavía: el folk era una música horizontal, de todos y para todos, que igual se cantaba en familia que trabajando o en fiestas populares. También, de manera creciente, fue la banda sonora de manifestaciones sindicales o de la lucha por los derechos civiles. El rock, en cambio, siempre fue un género individualista, egocéntrico y mitómano, donde lo que prevalece es el aura divina del artista, considerado como un visionario con sensibilidad superior al resto de los mortales.

Comunidad o competencia

Lo explica magistralmente Ian Svenonius, artista de culto punk: "En los sesenta el folk ya no era solamente música popular, sino canción protesta, basada en la tradición y en una postura política. Cuando Dylan llega al festival de Newport y coge la guitarra eléctrica lo que hace es reforzar el concepto capitalista de “cambio de estilo” como algo positivo. Abandonó el movimiento y sus valores. La industria aplaudió a rabiar, como si hubieran seducido al principal enemigo del campo contrario. Me recuerda a los años de la Guerra Fría: Estados Unidos jaleaba a Nureyev y Baryshnikov cuando todos sabemos que en este país a nadie le gusta el ballet".

¿Qué tiene que ver todo esto con la nueva película de los hermanos Coen? Más de lo que parece. Una de las lecciones de A propósito de Llewyn Davis, que se estrena el 1 de enero, es que la música folk pierde sustancia y sentido cuando se abandona el espíritu comunitario para dar paso a la feroz competencia entre músicos (esas noches en el club The Gaslight donde varios aspirantes compiten por la atención del público, los periodistas y los cazatalentos de las discográficas). Se evapora la alegría y nos quedamos con la lógica industrial y el narcisismo artístico. Molar importa ya más que disfrutar.

Y no es por amolar, pero "The harder they come" es del 72 y no del 73: bastaba una simple consulta a imdb para asegurarse del dato.

Inciso: estoy leyendo lo de jinetes en la tormenta y es un poco flojo, ¿no? Empezando por el título sacado de la canción más trillada de los Doors (no habrá canciones por ahí menos manoseadas que ésa), siguiendo con el texto impresentable de la contraportada (“sin Manrique nuestra precepción del pop no sería la misma”: hombre, ya será menos) y terminando con unos artículos que en general, y aun habiendo alguno logrado y alguna entrevista interesante, dejan bastante que desear. Por ejemplo, los de Amy Winehouse tienen muy poco que ver con su música (que de eso se supone que va el libro, ¿no?) y cuentan cosas que valen para leer en el metro pero en realidad no despiertan especial interés, los de los Beatles parecen sacados a toda prisa de la wikipedia, y a veces se cuela alguna perla que produce un poco de vergüenza ajena, como cuando al hablar de la influencia en España del London calling se ponen como ejemplos que Siniestro Total parodiaron la portada, que hay locales que tomaron su nombre de algunas de sus canciones, que a Eva Amaral le mola mucho el disco y que algunos temas los versionearon grupos locales de punk (si esa es toda la influencia de los Clash por estos lares, apaga y vámonos). Igual fue un libro hecho de prisa o esos artículos fueron lo único que se pudo recopilar, pero la verdad es que la cosa podía haber dado mucho más de sí.

La capacidad de engañar, robar, seducir y captar el zeitgeist.

mmm.. Más bien la capacidad de actuar, tomar prestado, enamorar y captar el universo.... Aquí estamos hablado de Dylan al final...

Espero que salga algo mas de lo que has contado cuando la vaya a ver, saludos Diego

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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