Así censuraba la BBC

Por: | 09 de abril de 2014

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Bendita sea la burocracia. Gracias a la pasión inglesa por la documentación, la British Broadcasting Corporation dispone de unos espléndidos Archivos Escritos en las cercanías de Reading. Un antiguo colegio que ahora cobija todo el papeleo importante generado por la emisora pública en sus 92 años de existencia.

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No todo se puede consultar pero es el lugar a acudir para entender, por ejemplo, cómo funcionaba la censura musical. Que existía disimulada, a partir de la fundación de –atención al eufemismo- el Comité de Normas para la Música de Baile. Sus discusiones y decisiones quedaron inmortalizadas por escrito y BBC this recpermiten que ahora se publiquen recopilaciones como This record is not to be broadcast. Que es la etiqueta infamante que se aplicaba al material vetado: “este disco no se debe emitir”. 

Algo que puede resultar una sorpresa para la opinión conservadora del Reino Unido, que siempre ha considerado la BBC como una madriguera de peligrosos liberales, dispuestos a corromper la moralidad pública. 

Cierto que la BBC mostró tolerancia a lo largo de su historia, por lo menos en cuestiones sexuales. Desde siempre, fue un centro laboral muy gay friendly. Hay artículos, publicados durante la Segunda Guerra Mundial, que señalaban con el dedo hipócrita la abundancia de hombres sanos, en edad militar, que trabajaban en la Broadcasting House; los autores seguramente sabían que muchos eran reclutas rechazados para el servicio activo.

  

Con todo, la BBC asumía su papel de cancerbero moral. No por nada era conocida como Auntie Beeb, una especie de tía mayor que se esforzaba por mantener el decoro en la familia. En el primer filtro, desaparecían todas las canciones que contenían referencias al sexo o a las drogas, desde “Minnie the moocher”, de Cab Calloway, a “La casa del sol naciente”, por mencionar –aunque fuera negativamente- un prostíbulo de Nueva Orleans. El veto, por cierto, se levantó cuando The Animals sacaron su monumental versión eléctrica.

  

Lo extraordinario de los archivos es que también evidencian fobias contra determinados artistas. Frank Sinatra no gustaba: sus manierismos chocaban contra el estilo “robusto y viril” que se exigía durante los años bélicos. El folclorista Ewan MacColl entró en la lista negra por su ideología comunista; seguramente, no ayudó que hubiera desertado del Ejercito en 1940 y que llevara una desordenada vida amorosa.

 

Sonar en la BBC, cuando era la única emisora del  Reino Unido, se convertía una carrera de obstáculos. El Departamento de Programas Religiosos prohibía cualquiera cita bíblica en canciones profanas. Por principio, el  Director de Música, un respetable compositor clásico llamado Sir Arthur Bliss, eliminaba las adaptaciones “modernas” de fragmentos de Chopin, Rimsky-Korsakov o Chaikovski. Si era una recreación de “La canción de cuna”, de Brahms, cantada por el detestado Sinatra, saltaban chispas de indignación.

  

Finalmente, resultaba útil la exclusión de marcas comerciales. “Rum and Coca Cola”, de las Andrew Sisters, podía tratar de la promiscuidad inducida por los generosos soldados estadounidenses en el Caribe, pero oficialmente fue la mención del refresco lo que impidió su radiación. Exactamente lo mismo ocurrió con “Lola”, de The Kinks, aunque la reacción de la discográfica ha pasado a la historia. Hizo volver a Ray Davies de Estados Unidos, donde se hallaba de gira, y le hizo grabar una nueva versión donde cantaba “Cherry Cola” en vez “Coca Cola”; así coló la narración, la seducción de un inocente por un travesti en un club del Soho.

  

Por cierto, sigue funcionando la censura. Pero ahora se escuda en argumentos de mercadotecnia. El pasado año, tras la muerte de Margaret Thatcher, muchos oponentes lo celebraron comprando  “Ding-dong! The witch is dead”, un tema triunfal de El mago de Oz. Comprendiendo que iba a llegar a la zona alta de las listas y que debería reflejarse en la programación, el controller de Radio 1 decidió que en la emisora solo sonaría una ráfaga de cinco segundos.

  

¿Sus razones? La censura se esconde en la palabrería del tecnocrata: la música podría “desconcertar” a los oyentes jóvenes de la emisora, que –aseguraba- ignoran quién era la baronesa Thatcher, simbólicamente convertida en “la bruja”. La misma juvenilización que impera en nuestra Radio 3: según declara en un reciente número de Rolling Stone su actual cabeza pensante, hay que espantar a los oyentes de más de 50 años. Un director que, ay, no es consciente de su reprobable edadismo: hace tiempo que él mismo superó esa edad.

Hay 6 Comentarios

'Flowers in the Rain' le sigue costando una fortuna a los supervivientes de The Move: la sentencia de la época fue, a instancias del propio Wilson, que los royalties del tema fuesen donados a la caridad de por vida... tras la muerte de Harold Wilson Roy Wood apeló la decisión pero el juez de turno la confirmó...

Hubiera ilustrado esta entrada con la demanda que Harold Wilson les puso a The Move en 1967 por atreverse a promocionar Flowers in The Rain con una postal en la que se reflejaba al primer ministro yaciendo con su secretaria (reflejando rumores de la época). Les costó una fortuna al grupo y el despido al manager Tony Secunda. No quiero pensar que, dado que Harold Wilson era LABORISTA, Diego haya obviado la historia

Yo tampoco soy muy de pîtchfork aunque a veces curioseo su web, son demasiado cool, parece que una buena cancion pop de toda la vida -si no lleva algún gritito raro o un injerto-les produzca urticaria

Brutal la cancion de The animals, para la historia quedará esa versión de the house of Raising sun

http://blogs.uab.cat/barcelonainfo/

El deterioro y la infantilización de la emisora arrancó con el primer gobierno de González. Se suprimieron programas culturales y críticos como La Barraca, Ateneo, el de Pepe Ciges.......Desde entonces, cada cambio ha sido para peor.

Sobreviven programas de música interesantes: los de R. Poveda, Cifu, Galilea, los hermanos Pizarro, el Saltamontes.... Cito los que por horario puedo escuchar y me gustan. A partir de las cinco de la tarde, me voy a la emisora de clásica o escucho mis discos, hasta que me voy a dormir.

¡La música es lo mejor! (F. Zappa)

Por una vez ha tenido éxito el cabeza pensante de Radio 3: tengo más de 50 años y estoy espantado con la emisora, ya
que no la soporto.

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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