Los misterios del Amor Persa

Por: | 14 de mayo de 2014

Holger_Czukay79

Descubrí "Persian love", de Holger Czukay, en 1979: abría la segunda cara de un elepé que el jovial bajista de Can –lejos de pretensiones vanguardistas- simplemente denominó Movies, es decir, Películas. Y es uno de esos temas mágicos que he pinchado en las cuatro décadas siguientes, iluminando todos los programas de radio que he presentado. Siempre racionado: mi experiencia particular me susurra que no conviene desgastar las joyas raras. Tampoco jugué a la exclusividad: en los días preInternet, copié "Persian love" a desconocidos que decían necesitarlo para una sintonía radiofónica o amigos implicados en un cortometraje.

 

"Persian love" es un hito en la apropiación de músicas “exóticas”  y en la prehistoria del sampleo. Hablamos de cuando la manipulación de cintas se hacía con cuchilla y cello adhesivo. Ya había precedentes, en los enrarecidos laboratorios de los compositores contemporáneos y en el abigarrado estudio jamaicano de Lee Perry. Pero Czukay había construido su pieza a partir de una grabación iraní captada con su radio de onda corta, sincronizando luego sus aportaciones instrumentales como si compartiera tiempo y espacio con las voces llegadas del éter. "Persian love" suena orgánico, aunque fuera un encuentro imposible.

Fascina desde la primera escucha: tenemos la sensación de asistir a un momento íntimo. Sobre un lecho de teclados, despega una voz masculina que va ascendiendo en intensidad hasta alcanzar un éxtasis; responde una sensual cantante. Suena lejano un instrumento oriental pero todo el diálogo está puntuado por filigranas de la guitarra eléctrica de Czukay, acelerada hasta que suena a high life africano; se cruza impávida una ráfaga de J. S. Bach.        

Los chicos listos pusieron la oreja. Pudo ser un caso de sincronicidad pero en 1979 empezaron a usarse similares técnicas en trabajos de aquellos francotiradores de Sheffield llamados Cabaret Voltaire y, más visiblemente, en discos de David Bowie y Talking Heads. En Lodger estaba "Yassasin", un raro reggae turco; en Fear of music, piezas anticipatorias como "I, Zimbra" o "Drugs".    

 

Detrás de ambos elepés estaba Brian Eno, que exploraría a fondo ese territorio -con David Byrne- en el formidable My life in the bush of ghosts, publicado a principios de 1981: grabaciones de voces, generalmente de contenido religioso, sobre un tapiz de funk neoyorquino. Más adelante, el diluvio. La tecnología digital facilitó el sampleo; la astuta mercadotecnia de la world music nos habituó a las mixturas

 

Sin entrar en el quién inspiró a quién, si Eno estaba allí o no, lo cierto es que el papel pionero de Holger Czukay no fue muy reconocido. Su Movies desapareció del mercado y tardó en ser reeditado (durante años, la mejor forma de conseguir "Persian love" era el recopilatorio Cannibalism III, una antología de los afanes en solitario de los cuatro miembros alemanes de Can). Pero persistía el misterio sobre la grabación que sirvió de base. ¿Cómo es que la discográfica original no reivindicó sus derechos? Sin llegar a ser un éxito, "Persian love" se editó en muchos países y debió generar su pasta.

Golha iraníTengo una posible explicación: no había ninguna discográfica detrás. Lo que Czukay grabó en su cinta magnetofónica era seguramente un fragmento de una serie de diferentes programas que emitió la Radio Nacional iraní a partir de 1956 y hasta 1979, conocidos colectivamente como Golha-ye Javidan, o Flores de la poesía y la canción persas.

Los Golha fueron un poderoso instrumento de conservación y difusión de la cultura clásica iraní. Gustaban tanto a las elites como a una población en buena parte analfabeta. Los programas trenzaban comentarios eruditos con recitados y piezas musicales. No parecía haber limitaciones presupuestarias: se contó con los mejores compositores, cantantes e instrumentistas, reforzados por académicos e historiadores. Obviamente, había detrás una intención política: el shah Reza Pahlevi invocaba las añejas glorias imperiales. 

Hagamos una elipsis piadosa. En 1979 llegó Jomeini y mandó parar. No le gustaba la música, punto. Las mujeres no podían cantar ante públicos mixtos. Y basta de evocar las glorias persas, que aquellos eran tiempos de herejías y/o relajamiento moral. Numerosos creadores de los Golha emigraron. Una diva como Hayedeh murió prematuramente en San Francisco. Algunos veteranos languidecen en Teherán: hay emocionantes grabaciones privadas de Golpa (Akbar Golpayegani) y Ali Rostamian cantando con poderío en el patio de una casa apartada ante admiradores jóvenes, como si fuera una reunión de cabales flamencos.  

 

El exilio iraní ha tenido mala fama. Demasiadas ficciones sobre los hijos de los poderosos de la corte, que convirtieron sus propiedades en kilos de heroína de alta calidad, una mercancía transportable que invadió Occidente. Más importante es la lenta reconstrucción de la cultura iraní barrida por los ayatolás. Por ejemplo, subrepticiamente se rescataron muchas grabaciones de los Golha, antes de que algún barbudo decidiera borrar las cintas. Un inciso: el ardor purificador de los tiempos de Jomeini va desapareciendo y en la web de alguna embajada de la República Islámica de Irán se habla positivamente de los Golha.

La situación actual: los programas supervivientes ahora se difunden por la Red. Están disponibles en emisoras online, se venden en CD e incluso he visto una oferta de un iPod con mil horas de grabaciones. Su catalogación y digitalización corre a cargo de instituciones como la British Library, que financia la fantástica labor de la estudiosa Jane Lewishon. De vez en cuando, te encuentras grabaciones de Golha en fundaciones monárquicas, que quieren venderte también libros costosos sobre las obras benéficas de emperatriz Farah Diba. Y hasta ahí no llego: que los compre Jaime Peñafiel, que todavia venera a los Palevi...y no precisamente por los Golha.      

 

Hay 9 Comentarios

ahhh, así que se trata de eso , ¿no? de querer llamar la atención y que la gente te lea constantemente, por eso siempre hablas de cosas donde la masa pueda hacer pie fácilmente...eso no es honesto Diego, ni me hace pensar que tengas interés verdadero en la música. Tú sabes que la música persa no va a interesar al pueblo porque los medios de comunicación y los críticos siempre le habéis dado lo mismo, música popular occidental, así que ahora, después de la alimentación en hamburguesas a la que los habéis acostumbrado, no les pidáis que se interesen por el sashimi. De todas formas lo que aquí propones, más que sushi o sashimi es como un California Roll, una versión occidentalizada. Ay...que falta de....todo.....

Pues, queridos míos, los "Me gusta" del Facebook o los RT del Twitter son la forma que yo tengo de calibrar si un texto ha interesado a un número respetable de lectores o si ha sido una forma de onanismo. Sirven para orientarme sobre el futuro contenido del blog, conociendo un poco más sobre quién está al otro lado y lo que espera de Planeta Manrique.

Diego, sí lo aprecio, pero tu acercamiento es con la coladora occidental y a cuentagotas, no me parece suficiente. ¿Nunca te has planteado que tienes ya un conocimiento bastante sólido de música popular occidental y que deberías usar los años que te quedan en conocer otras músicas distintas de otros lugares?

Respecto a lo de "me gusta" no sé, no sé ni donde se mira eso ni como funciona.

Por cierto, hace 2 años estuve en Irán y compré algunos discos, solamente de varones, no dejan cantar a las mujeres, los discos de artistas femeninas son anteriores a la revolución, no sé si habrá alguna excepción pero según me explicaron allí, por norma es así. Te recomiendo un disco iraní muy accesible a oídos occidentales: The Series of Music for Young Adults de Pari Zangeneh.

Interesante, esta canción tiene algo y la escuché ya alguna vez en el Ambigu. Me sigue poniendo mucho más lo africano pero esto suena muy bien, quizás tenga que reorientar mi radar hacia otro sitio ;)

Gracias de nuevo Diego

Por cierto yo nunca pongo me gusta ni bobadas de esas, lo de las redes sociales para mí es lo mas prescindible de internet, además a ninguno de mis amigos les gusta la musica persa, y me da igual a mi tampoco me gustan los tipos de operacion triunfo y demás q ellos escuchan...si eres un melómano mejor vas a tu rollo y le das la lata solo a los cuatro tipos como tu q conozcas..

Vaya, Crítico Perezoso. Pensé que agradecerías esta incursión en músicas no occidentales, fuera cuál fuera la percha que utilizo. Y también, que advertirías el bajísimo número de "Me gusta" que ha cosechado esta entrada.

¿por qué no entrar en la música persa sin filtro occidental?

¡¡Que grande Holger!!

José Luis, el Medio Oriente y el Indostán coinciden mucho en la cultura y artes. Por cierto ¿será la citada Jane Lewisohn es pariente del Mark, el célebre catalogador/cronista de Los Beatles?...

Tienen cierto aire Indio ( de la india me refiero) no?

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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