El sorprendente espíritu rebelde del "dinosaurio" Charlton Heston

Por: | 09 de junio de 2013

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Charlton Heston conduce una motocicleta en el film El Ultimo Hombre vivo. Warner Bros Pictures.

La imagen que muchos recuerdan del actor Charlton Heston es aquella en la que el actor alzaba un Winchester ante una multitud entregada en medio de una convención de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) mientras aseguraba que sólo se lo quitarían de sus manos "frías y muertas".

También es notoria la famosa entrevista que Michael Moore le hizo para su documental –excelente, por cierto– Bowling for Columbine. Vimos a un Heston que educadamente se alejaba de la cámara de Moore como un héroe derrotado. El polémico director de documentales trataba de obtener sus explicaciones a la participación de Heston en una serie de actos en favor de las armas tras la masacre de colegiales en un colegio en Columbine, Colorado (Estados Unidos).

El actor había anunciado años antes que estaba enfermo de Alzheimer. A Moore se le ha criticado por molestar a una persona enferma, pese a la aceptación de su documental y el Oscar logrado. Antes que nada, no me gustan las armas y su masiva circulación es causa de miles de muertos en EE UU.

Pero no vamos a hablar de eso. Esa imagen crepuscular de Heston no se corresponde con el espíritu rebelde mostrado en sus tres mejores trabajos cinematográficos, tres películas completamente transgresoras realizadas entre 1968 y 1973 que a bien seguro habrían sacado de su tumba al senador Joseph McCarthy para proseguir con su caza de brujas, con Heston en el centro de su mira telescópica: a ojos de los más conservadores, podría parecer hasta un comunista infiltrado en Hollywood que hace películas con mensajes perniciosos. ¿Como es posible?

El Planeta de los Simios –basada en la novela de Pierre Boulle, aunque con su correspondiente adaptación cinematográfica–se estrenó un año antes de la llegada de Neil Armstrong a la Luna. Es la película más antipatriótica y antiamericana que recuerdo. Contiene elementos transgresores que pasaron inexplicablemente la censura de la época. Casi habría que calificarla de subversiva.

Para empezar, Heston es un astronauta cínico que reniega de la especie humana, y cuando aterriza en el planeta tras un largo viaje –sin saber que es la Tierra–sus carcajadas resuenan por un paisaje pedregoso en el momento en que uno de sus compañeros coloca una banderita de los Estados Unidos para tomar posesión de ese mundo.

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Heston, en una escena de la película Planeta de los Simios. 20th Century Fox.

El héroe tipo Armstrong es para Heston motivo de burla. Todos sus compañeros, excepto él, llevan impreso el espíritu de la NASA que construyó la figura del astronauta héroe durante los años sesenta. Y precisamente todos sus compañeros, salvo Heston el cínico, mueren a manos de un grupo de salvajes simios cuya civilización parece un remedo de la humanidad.

Sumen a ello otro mensaje: Heston se embarca en un viaje sin retorno, pero no busca la gloria, ni lo hace por su país. Trata de encontrar si existe algo mejor que el hombre como especie. Se topa con una sociedad de simios, una especie de "evolución al revés", en la que los propios monos desarrollan la figura de un líder religioso en el que creen. Esta versión simia del catolicismo representa uno de los ataques fílmicos más devastadores contra la Iglesia. Y Heston es el protagonista absoluto de la película.

¿Y que me dicen sobre el final de la historia?

Bueno, no lo voy a desvelar aquí ya que hay gente que no le gusta que les cuenten los finales, pero es conocido por todos: un ataque ácido y feroz contra la propia sociedad norteamericana, su estilo de vida, un símbolo destruido, la proliferación de armas nucleares...y una maldición que sale de un Heston resignado y llorando arrodillado en medio de esa playa, dando finalmente la razón al viejo simio que censura todo conocimiento y avance técnico al calificar al ser humano como una suerte de peste bíblica.

 Tres años después, este actor encarnaría al Ultimo hombre vivo, la película de Boris Sagal, basada a su vez en una novela de Richard Matheson. Es una película antimilitarista, que muestra el resultado de un virus de laboratorio escapado por culpa de una guerra bacteriológica entre rusos y chinos en la que los Estados Unidos se ven finalmente implicados. No faltan críticas a la ciencia y al progreso por parte de una secta de mutantes que ha sobrevivido a la infección. Y el film no tiene un final precisamente feliz.

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Charlton Heston junto con Edward G. Robinson en el film Cuando el destino nos alcance. Cortesía de  Metro- Goldwyn-Mayer.

Pero aún es más sorprendente la película de 1973 de Richard Fleisher, Cuando el destino nos alcance. Hasta ese momento, los estudios de Hollywood no se habían atrevido a denunciar y filmar las deplorables consecuencias de un planeta contaminado y superpoblado, al menos dedicando presupuesto y actores de primera fila, como Edward G. Robinson.

La película es una denuncia continua. Muestra un mundo al borde de la hambruna, en el que han desaparecido las fruterías, las pescaderías y carnicerías; donde una verdura es un tesoro, y un pedazo de carne es muchísimo más valioso que el oro; un mundo profundamente injusto, dividido entre los más ricos, que gozan de amplios apartamentos y tienen a las mujeres como concubinas, usándolas como meros objetos sexuales, y que disponen de agua caliente y alcohol, y los escasísimos alimentos frescos; y el resto, que vive hacinado, en las escaleras de los apartamentos; una sociedad sucia destinada a comer sólo un producto sintético en apariencia, el Soylent Green. Unas pastillas verdes con un aspecto francamente asqueroso.

¿Y quién es protagonista de la historia? Un policía que hace las labores de detective, interpretado por Heston. Un agente algo corrupto, que acepta alcohol estando de servicio, alimentos y hasta jabón, pero que escarba entre las basuras de las grandes corporaciones multinacionales que se han adueñado de ese mundo decadente.

Alguien que se rebela contra su propio jefe,el cual sigue los dictados de los políticos corruptos, que tratan de tapar el escándalo. En suma, una persona que se rebela contra el sistema, que hurga y destripa las intrigas de los poderosos, para averiguar la razón por la que mataron a un ejecutivo de la multinacional que fabrica el alimento sintético.

Todos esos trabajos cinematográficos –cada uno con su planteamiento riguroso y una tremenda carga de denuncia social– muestran al mejor Charlton Heston, alejado de esas superproducciones de cartón piedra. Y algo más: el antihéroe por excelencia, el personaje anti-sistema que es fiel a sus principios hasta las últimas consecuencias. Los personajes a los que Heston dio vida podrían perfectamente protagonizar las numerosas manifestaciones contra la globalización, el sistema económico, y el papel omnipresente de los países ricos que colocan su pie sobre el cuello de los países más pobres: el tipo de personaje que encajaría perfectamente en los documentales que tanta fama le han proporcionado a Michael Moore.

 

 

Hay 3 Comentarios

Hace un tiempo leí un artículo sobre lo moderno que era Heston en los 60 y cómo ha terminado tristemente como una figura asociada a la derecha pro-armas cuando fue precursor de la interracialidad en Hollywood (el tema del beso en The Omega Man o el que le da a Kim Hunter en El planeta...) y en manifestaciones públicas de apoyo a la igualdad

¿Ha aprovechado España 40 años de democracia y crecimiento? La España que viene en http://yestheycan.blogspot.com

Recuerde que Sed de mal se filmó y la dirigió Welles gracias al empeño personal de Heston y no es necesario recordar cuál es el tema de esa obra de arte fílmica.
Un saludo

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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