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                 Mathew Mconaughey y Jared Letto, en una escena de la película.Focus Features.

 

El film El Club de Compradores de Dallas (la traducción que se me antoja del título original Dallas Buyers Club) deja en la memoria una serie de reflexiones que trascienden el interés del mismo guión por el que Mathew Mconaughey logró el primer Oscar de su carrera. 

Más allá de su brillante actuación (aunque si me apuran me gustó más Leonardo DiCaprio en el Lobo de Wall Street) la película desprende de forma muy efectiva el miedo de los años ochenta cuando el sida empezó a golpear a la población homosexual de Estados Unidos, pillando a la medicina con el pie cambiado.

Mconaughey es un electricista llamado Ron Woodroof que desprecia a los gais, se asombra con la noticia de la muerte de Rock Hudson y apenas se cree la noticia de que, en un análisis de sangre, ha dado positivo para el sida. 

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Los descendientes tóxicos de Noé

Por: | 07 de abril de 2014

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                  Noé (Russel Crowe) y Tubal-Caín (Ray Winstone), frente a frente. Paramount  Pictures           

 

En Planeta Prohibido nos encanta la provocación. Y cuando el cine nos da una buena excusa, la tentación es irresistible. Noé, la última película de Darren Aronofsky, deja dos buenos motivos para la reflexión y la crítica. El primero es la visualización del origen del propio Universo, narrado por el mismo Russell Crowe. Y el segundo, es esa especie de deja vu que la obra provoca sobre el propio papel de la especie humana.

De forma instintiva, me alejo de todo aquello que huela a fundamentalismo religioso. En el nombre de la religión se han escrito probablemente las peores páginas de la historia humana. Pero tampoco me gusta el fundamentalismo científico.

    No se echen las manos a la cabeza. Aquí apostamos todo por la ciencia, pero no olvidamos que la ciencia es un invento humano, y como tal, no está libre de prejuicios. 

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Frankenstein y el milagro de la vida artificial

Por: | 31 de marzo de 2014

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                       Una escena del clásico de horror de Boris Karloff. Universal Pictures.

 

Frankenstein es una de las más hermosas y vívidas historias que ha alcanzado, gracias a la magia de las letras, la inmortalidad. La imagen de un doctor tratando de insuflar vida a un cuerpo hecho de trozos de cadáveres sugiere una doble y deliciosa paradoja. 

En primer lugar, la novela de Mary Shelley ha logrado sortear las barreras del tiempo desde su creación. Lejos de envejecer y morir, como corresponde a la mayoría de los libros, ha alcanzado la inmortalidad. 

En definitiva, ha vencido sobre la muerte literaria desde que se gestó en 1818, décadas antes de esos tiempos victorianos en los que la ciencia esbozaría un escenario plagado de maravillas, donde el hombre estaba llamado a ejercer un brutal control sobre la naturaleza.

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La resurrección de Carl Sagan

Por: | 20 de marzo de 2014

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                     Cosmos Studios and Fuzzy Door Productions. Fox, National Geographic Channel

 

Para aquellos que tengan la impresión (errónea a todas luces) de que la ciencia es aburrida, les recomiendo una buena pantalla en alta definición y poco más de cuarenta minutos de visionado del primer capítulo de la nueva serie Cosmos, una Odisea Espacial, que hereda lo mejor de la legendaria serie del fallecido astrónomo Carl Sagan.

El capítulo que he visto, presentado por el astrofísico Neil deGrasse Tyson, y dirigido por Brannon Braga (el guionista que creó la Nueva Generación de Star Trek) es simplemente una maravilla visual, una gozada para los sentidos. 

Tyson comanda una nave en forma de lágrima que representa el tremendo poder de la imaginación humana. Con solo imaginarlo, podemos colocarnos encima de nuestro planeta, contemplar cómo era su pasado hace 250 millones de años, o echar un vistazo al aspecto que tendrá en el futuro. 

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El periodista y la princesa que viajaron en el tiempo

Por: | 17 de marzo de 2014

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                       Póster promocional de Vacaciones en Roma. Paramount Pictures.

 

El cine nos gusta tanto en Planeta Prohibido debido a esa mágica cualidad que casi lo convierte en algo sobrenatural: una máquina del tiempo.

En principio, parece fácil definir lo que es el tiempo si miramos al reloj. Pero no es nada sencillo. Si nos sumergimos al mundo de lo infinitamente pequeño, al mundo de los átomos y las moléculas, el tiempo deja sencillamente de existir. No hay un antes ni un después (salvo en el caso de los procesos de desintegración radiactiva). No existe pasado ni futuro en ese extraño cosmos que es la física cuántica, por mucho que nos empeñemos. Los físicos lo consideran un absoluto misterio.

El cine –aparte de divertirnos con historias sobre viajes temporales –viene a sugerirnos que podemos recrear el pasado cuando vemos una sucesión de imágenes rodadas cuyos protagonistas dejaron de existir. Como es el caso de Gregory Peck y Audrey Hepburn, en la oscarizada Vacaciones en Roma, de William Wyler, película de la que ahora se van a cumplir sesenta años desde su estreno.

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Cara a Cara con la Muerte Negra (con las armas de la ciencia)

Por: | 10 de marzo de 2014

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         El gran Ben Kinsgley interpreta al legendario médico Avicena. Stephan Rabold / UFA-Cinema GmbH

 

La espléndida reconstrucción de la Edad Media del siglo XI que propone la película El Médico deja una pregunta que seguramente ha rondado la mente de Noah Gordon, el escritor de la novela en que está basada. ¿Cómo se podría luchar contra una enfermedad inexplicable, con una mortalidad altísima –de entre el 30 y el 70 por ciento según los casos– que aparecía y desaparecía a su puro antojo?

Me estoy refiriendo a la peste, más conocida como la Muerte Negra. Y muchas veces me he preguntado lo que sucedería si, por alguna imposible casualidad, me viera transportado a aquellos tiempos, para irrumpir en medio de un pueblo donde alguien lanza la temida voz de alarma: ¡la plaga!

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La maldición del oro negro

Por: | 28 de febrero de 2014

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  Una escena del film Oro Negro. France2 y Doha Film Institute.

Recuerdo con mucha intensidad un brevísimo encuentro que tuve con el director Jean Jacques-Annaud pocos años antes de que publicara mi primera novela. Sucedió en Futuroscope, cuando Annaud acudió allí para la presentación de una película, Alas de Coraje, que había rodado en tres dimensiones para pantalla IMAX. El instante está grabado a fuego, la indecisión sobre si abordarle o no, y finalmente logré conversar con él unos minutos.

Annaud venía de rodar esa maravilla llamada El Amante, y me comentó que estaba intentando llevar a cabo una película sobre la trilogía de la Fundación, la saga de ciencia ficción creada por Isaac Asimov. Le expliqué brevemente el argumento de una novela que tenía en mente sobre la Edad Media –todavía no me había estrenado como novelista– y me escucho con suma atención, lo que me dejó una honda impresión, minutos antes de que los periodistas de un programa de televisión lo secuestraran literalmente para una entrevista.

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El hombre contra la máquina

Por: | 20 de febrero de 2014

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Una escena de la película Robocop (2014). Columbia Pictures Industries y Metro-Goldwyn-Mayer Pictures Inc.

 

Hay en Robocop (versión 2014) algunos ingredientes interesantes que trascienden la epidermis del entretenimiento fútil que ofrecen la mayoría de películas blockbusters infladas con efectos especiales y el marketing. 

Me explico: la ironía del primer film de ese magnífico director, Paul Veerhoven –que apuntalaba, en un escenario en declive ciertamente premonitorio en la hoy decadente ciudad de Detroit la radiografía de una sociedad norteamericana histérica con las armas, histérica con la (in)seguridad que esas mismas armas generaban y bombardeada por en sensacionalismo televisivo, se ha visto sustituida por el viejo y ancestral temor a las máquinas.

Es un miedo añejo, que, para aquellos que como nosotros buceamos en la prehistoria de la ciencia ficción, empezaba a notarse en Planeta Prohibido, esa película que bautiza este blog y cuyo protagonista es un robot, Robby, al que jamás se le ocurriría desobedecer una orden, cumpliendo fielmente con las leyes de la robótica.

Robby no es el malo de esa película, pero nos hace más suspicaces. Y ese miedo aparece reflejado en las muchas facetas de este complejo  espejo que es el mundo actual en que nos vemos y nos movemos. 

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Luces y algunas sombras del tío Walt (el de Mickey Mouse)

Por: | 14 de febrero de 2014

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Hanks y Thompson en una escena de la película. François Duhamel/Walt Disney Pictures.

Es un auténtico gustazo contemplar durante un par de horas a Tom Hanks convertido en Walt Disney y a Emma Thompson dándole réplica –y de la buena– como la antipática escritora británica Pamela Travers, la autora de Mary Poppins, en el film Al Encuentro de Mr. Banks. Incluso aunque no me gustara la película (original) de Mary Poppins cuando se estrenó. Siempre la consideré demasiado cursi. 

Pero hay muchos e interesantes ingredientes en esta historia del director Johny Lee Hancock –que no pocos han rechazado por ser blanda por presentar a un Walt Disney edulcorado– en la que el creador del ratón Mickey se se encontró con una mujer tozuda y poco dada a sentimentalismos que se convirtió en la horma de su zapato.

 Disney estuvo persiguiendo los derechos de la novela durante ¡veinte años!...hasta que finalmente ella se lo concedió.

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Entre la duda y la certeza

Por: | 08 de febrero de 2014

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  Póster promocional del film. Miramax.  

 

Si en Planeta Prohibido tenemos el cine como indiscutible referencia, no es por capricho; lo que vemos en las pantallas, pese a que la mayoría de las veces consiste en historias ficticias, es un espejo magnífico de lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Esta semana, con la muerte por presunta sobredosis del gran actor Philip Seymour Hofman, ha traído además un demoledor informe de Naciones Unidas criticando la inacción del Vaticano para proteger a los niños de los sacerdotes pederastas y su falta de voluntad para ponerlos en manos de la justicia. Y, como no podía ser de otra forma, rescata de la memoria esa maravillosa obra de arte, La Duda, del dramaturgo John Patrick Shanley, llevada al cine de la mano del difunto Hofman y una inconmensurable Meryl Streep.

Nuestra sociedad y el cine están conectados por misteriosos vasos comunicantes. ¿Verdad?

En esta película, Hofman encarna al padre Brendan Flynn, un párroco recién venido al colegio católico de San Nicolás en Nueva York.

Es un cura que expresa el valor de la duda en sus sermones, afirmando ante sus feligreses que la misma duda puede ser “un vínculo tan poderoso y auténtico como la certeza”.

Lo hace porque  sobre este hombre de aspecto bonachón, que muestra su cariño hacia los niños que estudian en el colegio, pesa la sospecha de abusos sexuales.

Meryl Streep es la directora del colegio, la hermana Aloysius Beauvier. Alguien inflexible y rígida, que no duda en quitar la horquilla del pelo de una niña para que no parezca demasiado indecorosa; alguien que cree firmemente en el poder de la observación hasta hacer de su oficio un credo.

Es alguien que pide a las monjas que estén vigilantes, y que teme la revuelta de los tiempos, los vientos que además de arrastrar las hojas muertas del jardín traen peligrosos aromas de cambio, de modernidad, de canciones paganas en celebraciones navideñas; alguien que teme que esos vientos hagan temblar la institución educativa que dirige y que está basada rígidamente en la austeridad, la obediencia y el miedo.

 

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Una extraordinaria Meryl Streep comparte su talento con el de Amy Adams. Miramax

 

Por supuesto no desvelaremos el final de esta extraordinaria película, inspirada además en la obra teatral de su mismo director. 

El padre Flynn es un Hofman sonriente que va cayendo en el cepo implacable que le coloca la hermana Aloysius, y entre ambos se interpone otra actriz extraordinaria, Amy Adams, que interpreta a la hermana James, una monja que quiere creer en un final feliz, con una ingenuidad que se va derrumbando poco a poco hasta caer en el insomnio.

Su personaje esta basado en la figura de Margaret McEntee, la profesora del propio Shanley en el colegio de San Antonio en el Bronx, una institución también católica. Esa hermana le dejó una profunda y positiva huella.

 

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La hermana Aloysius y el Padre Flynn, en una escena de la película. Miramax.

 

Lo más extraordinario de este mundo que discurre detrás de las paredes del colegio de San Nicolas es el contraste entre el terreno femenino –dominado por la hermana Aloysius– donde las monjas y educadoras comen a veces en total silencio, cada una de ellas temiendo herir los sentimientos de las demás– y el mundo masculino, donde los párrocos y sacerdotes ríen, toman alcohol, se permiten hablar de los pecados. 

Las mujeres hacen de su sacrificio su virtud, de la obediencia y disciplina su sello, del rigor y austeridad su forma de vida, mientras que los hombres socarrones representan los vínculos con el mundo exterior pagano, el mundo de los sentidos, el mundo de las amenazas que ellas quieren conjurar.

“La Iglesia tiene que cambiar”, nos dice el padre Flynn, que considera a la directora una especie de dragón en vías de extinción. “Tenemos que ser amables”, insiste. Son mensajes de apertura que chocan contra el muro incorruptible de la hermana Aloysius.

 

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Dos de los monaguillos de la película. Miramax.

 

¿Con qué mundo se quedaría el espectador si se fuera de la sala tras los tres o cuatro primeros minutos?

Puede que con el que propone el padre Flynn. Pero es un efecto que se disipa casi de inmediato. Descubrimos que son las mujeres las que sostienen la esperanza de la justicia, gracias al liderazgo de Streep, que no duda en admitir que el miedo puede usarse de forma justificada en la educación de sus alumnos.

No me considero una persona anticlerical. Recibí una educación católica –que no produjo un rechazo frontal posterior, como en otros, pero sí un cierto escepticismo ante los dogmas. Capté al instante la engañosa atmósfera inicial que desprende esta magistral película –la duda que rodea a los personajes, usada como una pregunta al espectador acerca de quién merece la credibilidad y quién no.

Había que apartar las telarañas para contemplar de frente los secretos del colegio de San Nicolas. Todos esos rumores  que rodean a un ocasional sacerdote no me son extraños. Los he escuchado en alguna ocasión durante mi infancia y adolescencia.

El colegio de San Nicolás es en realidad un reflejo del funcionamiento de un universo hermético, que tiene ciertas resonancias con el Vaticano. Son los hombres aquí quienes mandan, nos recuerda Meryl Streep. Las mujeres, llegado el momento crítico, no tienen otra que seguir las órdenes, someterse al sistema. Pero a veces pueden convertirse en cazadoras de pederastas. 

 

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Las educadoras de St. Nicholas comparten la comida. Miramax.

 

La pederastia, aparte de un horrible crimen, es un asunto muy complejo de investigar. No se pueden lanzar acusaciones sin más. Recientemente falleció un político conservador británico, Lord McAlpine, tesorero de Margaret Thatcher. Fue acusado de pederastia hace dos años en un reportaje de la prestigiosa BBC que sugería –sin citar su nombre– que el político había abusado sexualmente de menores en base a la declaración de un testigo. 

Ese testigo le había confundido con otra persona, pero el daño estaba hecho. La BBC rectificó, pagó al político una indemnización de 185.000 libras –que fueron donadas por éste a organizaciones caritativas– y su director general, George Entwistle, dimitió. Pero la reputación de McAlpine nunca se recuperó del golpe.

El informe de la ONU es muy duro y acusa al Vaticano de no haber hecho lo suficiente, de no ponerse del lado de las víctimas. El arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, comentó que el informe “no estaba actualizado” y dejó entrever que había sido preparado de antemano, influenciado por ideologías de organizaciones no gubernamentales que apoyan los derechos de los homosexuales.

 

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El actor Seymour Philip Hofman, recientemente fallecido, en una escena de la película. Miramax.

 

Claro que los hechos, las denuncias, las dimisiones, están allí. La Iglesia católica norteamericana sufrió un terremoto cuando salieron a la luz los escándalos de los abusos sexuales en niños en 2002.

La diócesis de Boston casi se declaró en bancarrota al asumir el pago de los demandantes, y el papa Juan Pablo II aceptó la dimisión del cardenal Bernard Law, sobre el que se vertieron acusaciones gravísimas, como las de haber protegido –en vez de expulsado– a los sacerdotes pederastas, trasladándolos a otros lugares y exponiendo a más niños y adolescentes.

 ¿Es más frecuente el abuso sexual a menores en la Iglesia católica que en otros ámbitos? En el libro Sin Against Innocents, Sexual Abuse and the Role of Catholic Church, Thomas G. Plante aporta unas cifras que son bastante reveladoras, sobre todo en el contexto de 2002. Rompen algunos mitos extendidos, como la creencia –falsa a todas luces–de que el abuso sexual infantil es más frecuente entre los católicos que entre judíos, protestantes y musulmanes.

O que los sacerdotes y clérigos católicos centran sus fechorías en niños que no han alcanzado la adolescencia. Entre el 80 y el 90 por ciento de las víctimas son adolescentes, según los estudios.

Y en cuanto a la frecuencia de los abusos sexuales a menores de 18 años, las cifras y los estudios no terminan de coincidir.

Las estimaciones más escandalosas sugieren que de 46.000 sacerdotes en activo en Estados Unidos, hasta un seis por ciento habría tenido algún tipo de relación sexual con menores, lo que implicaría a unos 2.700 clérigos. Pero también hay estudios que sugieren que de los 150.000 sacerdotes en activo y ya retirados desde 1960, unos 800 –menos de un 1 por ciento– habrían tenido relaciones sexuales con menores en sus parroquias.

 

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Streep, en una escena de la película. Miramax.
 

Claro que otras profesiones, como médicos, psicólogos, trabajadores sociales y profesores, no están exentas de estos actos execrables.

En lo que se refiere a los profesionales que tratan enfermos mentales, las cifras sugieren que entre un 1 y un siete por ciento de profesionales femeninas habrían abusado de sus pacientes, mientras que entre un 2 y un 17 por ciento de trabajadores masculinos habrían hecho lo mismo con sus enfermos, sólo en Estados Unidos (los datos se refieren a abusos sexuales en adultos, no en niños).

En España, los estudios de la doctora Noemí Pereda, de la Universidad de Barcelona, basados en una encuesta de 1033 estudiantes, sugieren que el 15,5 por ciento de los chicos y el 19 por ciento de las chicas menores de 18 años han sufrido algún tipo de abuso sexual, y en el 83 por ciento de los casos, cuando tenían menos de trece años. No hay fronteras, países o religiones libres de ese acto horrible que es el abuso sexual en los menores, y que no parece exclusivo de un grupo en particular. 

 

 

 

Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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