PlenaMente

10 dic 2016

Manual del perfecto hijo tirano e inútil

Por: Patricia Ramírez

Educar en el esfuerzo y responsabilidad supone...
¡Los padres son como magos! Son capaces de convertir a una persona que ha nacido para ser autónoma, valerse por sí misma y tener pensamiento crítico, una persona capaz de tomar decisiones y asumir consecuencias, en un perfecto tirano. De verdad, qué destreza tienen algunos. Así que si eres padre o madre y tienes el firme propósito de convertir a tu hijo en un perfecto inútil, solo tienes que seguir estos consejillos:

Hazle sus deberes. Cuando se encuentre con una dificultad y por miedo a que los profesores le regañen, ponte con él, búscale la información y que aprenda que su desorganización o su falta de disciplina no tienen consecuencias. Saldrá de rositas de la situación y asimilará que “tranquilo, cuando no sepas algo, tus padres lo harán por ti”.

Por el contrario, si deseas educar en la responsabilidad, siempre podrás enseñarle a aprender, enseñarle cómo se hace un esquema pero no hacer el esquema por él; podrás repasar con el niño los temas, pero no mandar una nota diciendo que no ha tenido tiempo de estudiar por un motivo falso, o resolver problemas que tendría que resolver solo y que no lo hace porque le da pereza, está cansado o cualquier otra excusa.

Dile cómo tiene que pensar. En cuanto a la religión, la homosexualidad o sus opiniones políticas, por ejemplo. Condiciona sus ideas, pídele que piense como tú y que lo que no es como tú crees que es, está mal. Haz juicios de valor de todo lo que no sea pensar como tú.

Por el contrario, si deseas educar a alguien que sepa ser tolerante, expresar opiniones y no tener que adaptarse a los demás para sentirse querido, deja que se exprese, que te dé sus argumentos, no le juzgues, dile que todas las opiniones son importantes y válidas, salvo que se basen en la falta de respeto y libertad a los otros. Todos tenemos derecho a opinar diferente. Educa en el respeto y en la tolerancia.

No le pongas límites, ¡total, para qué! Si te sientes incómodo porque habla mucho, molesta, te llama una y otra vez, déjale que juegue todo el día a la tablet o con el móvil. Así estará callado y entretenido. Si quieres evitar las discusiones y tener paz y tranquilidad, déjale que te rete, que se salga con la suya, que elija la hora a la que se va a acostar, lo que va a comer o que te conteste sin decirle que te está faltando el respeto por miedo a traumatizarlo.

Por el contrario, si deseas educar en el respeto, invierte tiempo en sobrecorregir su forma de hablar y de dirigirse a la gente. Todos merecemos ser respetados. Pon límites apropiados a la edad, con el sueño, el tipo de televisión que pueden ver o las horas que dedican a las nuevas tecnologías, etc. Acuérdate de que es preferible que llore él ahora a que en el futuro llores tú.

Defiende a tu hijo a capa y espada…aunque no tenga razón. Tu hijo es perfecto, sincero, no se equivoca nunca y es el más listo y el más guapo de la clase. Por eso, cuando te diga que los profesores le tienen manía, ve y monta un escándalo en el colegio. Y a ser posible, descredita a los profesores delante de tu hijo.

Si por el contrario quieres que tu hijo se responsabilice de sus actos, edúcale para que hable con sus profesores, les pida disculpas cuando falte el respeto, se adapte a las normas generales y trate de ser una persona fácil dentro del grupo. No se trata de que le digas que el profesor siempre tiene la razón, pero sí que le preguntes, “¿qué responsabilidad tienes tú en lo que está ocurriendo?”

Dile qué tipo de personas le convienen para tener de pareja o de amigos. Hay padres que bajo la excusa de que solo quieren lo mejor para sus hijos, eligen a sus amistades en función de juicios de valor. “Ese niño no me gusta porque no estudia, ese otro sus padres son raros, ese tiene una religión que no compartimos en esta casa, etc.”.

Por el contario, si quieres educar en la flexibilidad, el respeto y la generosidad, permite que busquen el interior y la humanidad en sus amigos. Muchos padres llenan a sus hijos de juicios de valor en función de la religión, cultura, raza, del estado civil de sus padres, del nivel socioeconómico o de la profesión que ejercen. El valor de las personas está en su calidad humana, en la generosidad, en la ayuda que prestan, en la escucha. No condiciones las relaciones humanas de tus hijos por los estereotipos y tus prejuicios.

Dile lo que le conviene estudiar, en lugar de dejar que elija lo que le apasiona. Hay profesiones a las que asociamos un nivel mayor de ingresos o un estatus más alto que otras. Así terminarán eligiendo en función del materialismo, viviendo de cara al escaparate y siendo unos infelices. Pero qué más da, si lo que importa es aparentar.

Por el contario, si deseas hijos felices con una profesión de la que puedan disfrutar y desarrollarse de forma plena, deja que elijan en función de sus pasiones. A muchos padres se les llena la boca la pronunciar “mi hijo es ingeniero de caminos” como si los estudios le otorgaran valor. Los profesionales más brillantes son aquellos que eligieron en función de su pasión, no de lo que convenía.

Resuelve sus problemas, quítale los obstáculos e impide que tome decisiones. Así podrán vivir en una zona confortable, donde todo es predecible, donde no existe la incertidumbre. Es genial, se sentirán segurísimos. Pero como podrás imaginar, ¡no es el mundo real!

Por el contario, si quieres educar para la vida, deja que se tropiecen, que sean creativos, que piensen en soluciones, que pierdan y se enfrenten a la frustración, que tengan que pedir perdón y dar solución a sus errores. Esa es la vida.

Puedes educar en la sobreprotección, controlar la vida de tus hijos y anticiparte a todos sus obstáculos. Tendrás tiranos emocionalmente dependientes, pero no tendrás personas educadas para la vida que puedan valerse por sí mismas y ser felices.

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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