Uno. No hay nada que decir. No hay nada que añadir. Don Alberto Fabra, actual presidente de la Generalitat Valenciana, evita mencionar a su predecesor. Evita condenarlo, es cierto. Pero sus actuaciones y sus declaraciones son la antítesis o el negativo de lo que Francisco Camps hizo o pensó o fantaseó. Solo o en compañía de Rita Barberá.
Veo ahora la fotografía que les hizo Carles Francesc en 2010. Tiene mérito y tiene guasa. Lamento esa colusión o coalición. Caído Camps, ¿cuánto le queda a Barberá? Mucho, dirán los acérrimos. No sé. Me da pena que el final de la alcaldesa de Valencia dependa de un presupuesto menguante. Cinco mil millones menos. Lástima que no esté José Luis Rodríguez Zapatero. Si esto lo hace el socialista, lo lapidan. O lo laminan, no sé.
Dos. ¿Acierta Fabra? Es un dolor y es un clamor. Los actuales responsables del Partido Popular de la Comunidad Valenciana deberían hincarse de rodillas, humillar la cerviz y pedir perdón. O vender la Ciudad de las Artes y de las Ciencias. Ya sé que el continente no tiene comprador. Ya sé que el recinto se ve de lejos, cosa que impide su aprovechamiento material: la venta de tickets, vaya. Pero podría comercializarse como un parque temático. Con atracciones.
Se lo dije a un amigo y me afeó la ocurrencia. Nadie va a comprar lo que no tiene precio. O es carísimo. O lo que no divierte. Don Francisco Camps nos vendió el producto. El Umbracle, por ejemplo, es una metáfora perfecta de lo que nos pasa en Valencia. Forma parte del recinto de la Ciudad de Santiago Calatrava. ¿Qué hay? Pues eso: luz externa y unas sombras interiores.
Sombrío tengo el ánimo...
Hay 3 Comentarios
Lorailo
Publicado por: Justo Serna | 14/03/2012 13:41:25
Ele.
Publicado por: Leda | 14/03/2012 13:23:19
Hace ocho años:
"...Las palabras no son inocentes y la retórica pública de nuestros representantes exige de ellos un cuidado exquisito, sabiendo qué hay detrás de cada voz, qué historia acarrea el léxico que emplean, qué concepto y qué acepciones incorpora. Es desolador que la principal defensa que Francisco Camps haga del presidente de la Diputación de Castellón sea la de amistad, como es también decepcionante que Eduardo Zaplana se refiera a Carlos Fabra arguyendo que cree que éste no habrá hecho nada que no sea honorable. Lo honorable no es lo legal, lo lícito. Hay, en efecto, en la sociedad comportamientos perfectamente honorables que, sin embargo, son conceptuados como delictivos, tal vez porque la ley lleva siempre algo de retraso frente al avance de la moral pública. Y hay conductas que no se reputan como delictivas por el ordenamiento quizá porque no figuran en la letra de la ley o quizá porque son invisibles, porque no se pueden probar. Por eso, es una triste, muy triste defensa, la que Eduardo Zaplana hace de la conducta legal o pública de su correligionario. Pero, más equivocada es, si cabe, la solidaridad mostrada por el Presidente de la Generalitat: argüir en política la amistad es, sin más, evocar las redes de favores, el ejercicio oculto de la influencia, el reparto de obsequios materiales o inmateriales, la gratificación personal y la prodigalidad. Si yo fuera Carlos Fabra pediría a mis conmilitones otra defensa: la invocación de la ley, de la trasparencia y de la publicidad de la gestión y no la honorabilidad y la amistad. La esfera pública democrática se basa en lo primero; en lo segundo se fundamentan la red clientelar que presta favores, la oligarquía, el caciquismo y la granjería".
http://elpais.com/diario/2004/01/19/cvalenciana/1074543482_850215.html
Publicado por: Justo Serna | 14/03/2012 12:03:00