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Paul Preston

Por: | 23 de mayo de 2012

Uno. Paul Preston pronuncia una conferencia en Valencia. Siempre es una suerte contar con él: Columnaescuchar lo que dice o consultar lo que laboriosamente investiga. Ustedes no saben lo que cuesta escribir. A veces, lectores muy generosos me preguntan cuánto me lleva redactar una columna periodística, una columnita. Cincuenta y tantos años, respondo.

No es broma: para poder condensar en pocos caracteres con espacios una idea (o dos, como máximo) has de tener una larga experiencia. En esas líneas, además, ha de caber un dato erudito, una nota de actualidad y una broma. Sí, lo habrán adivinado: para escribir corto hay que emplear mucho tiempo.

Dos. Ahora imaginen a alguien nacido en una cultura ajena, nativo de otra lengua, instruido en referencias distantes. Imaginen a un lector que ha de hacerse una idea cabal de un país, de una historia, de una literatura, de un arte que no son los suyos. Imaginen, en fin, a alguien que ha de frecuentar archivos extraños, consultar documentos remotos, entender y transferir lo que otros escribieron décadas atrás. Ahí tienen a un hispanista, por ejemplo. Ahí tienen a un historiador que se interesa por aquello que en principio no le concierne. Ahí tienen a Preston.

PRESTONPaul es experto en la Guerra Civil y es sabedor de nuestra historia reciente. Pero, sobre todo, conoce como nadie a Francisco Franco. No lo trató personalmente, pero supo y pudo reconstruir su vida cotidiana, esas largas jornadas en El Pardo o de cacería, esas sesiones ministeriales o esas recepciones diplomáticas.

La biografía que Preston escribió sobre el Caudillo (1994) --traducida al español por Enrique Moradiellos-- le cambió la vida: tuvo que convivir con un espectro y tuvo que imaginar lo que había sido una España imperial y raquítica.

A mí, como lector, también me cambio la vida... académica: su libro me demostró que se puede investigar sin ser tedioso; que se puede analizar sin ser obvio; que se puede estudiar a un individuo repelente sin rematar al personaje, sin demostrar tu odio o tu ojeriza constantemente.

Tres. Preston escribió una biografía del Generalísimo. Era un volumen breve de mil páginas. Digo breve Francoporque la existencia da para mucho: y la de Franco duró años y años. El historiador británico la condensó en unas pocas planas (ya digo: unas mil) y nos reveló los personajes que el anterior Jefe de Estado había encarnado. Desde el héroe africanista hasta el anciano civil, desde el militar católico hasta el falangista espúreo, desde el estadista suspicaz hasta el abuelo anticomunista que no ceja en su empeño. Pero ante todo Preston supo mostrar la violencia de un Régimen afirmado y asentado sobre la Guerra.

Ahora, años después, vuelve sobre este asunto, el de la represión, con un volumen de muchas páginas y  título polémico (El holocausto español, 2011). No he podido leerlo aún, cosa que me disgusta. ¿Qué puedo decir? No sé: no se pierdan un libro de Preston. No pestañeen: en sus obras no hay tiempos muertos, no hay retórica. 

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Como señala Moa, Franco venció a la revolución, salvó a España de la guerra mundia, venció al maquis y al aislamiento y dejó un país próspero y reconciliado, gracias a lo cual tenemos democracia. Una democracia que atacan los antifranquistas (terrorismo, separatismo, corrupción, ataque a Montesquieu... Ellos son los que hacen a España raquítica y miserable

A Preston (y a Justo Serna) le ha dado unos cuantos repasos Pío Moa. Leer a los dos es una gozada. Preston no resiste dos críticas a Moa, que por algo es el mejor historiador español, y a distancia. Por cierto, acaba de sacar una novela muy recomendable: "Sonaron gritos y golpes a la puerta". No se la pierdan.

El viejo dictador murió en la cama, tras gozar durante varias décadas de un poder enorme. A su muerte no hubo movilizaciones generales y la pregonada huelga general que tumbaría el régimen nunca tuvo lugar. Tras ejercer una dura represión durante la posguerra, supo aprovechar en su beneficio la Guerra Fría. La expansión de las clases medias (tras las duras penurias de la posguerra, embelesadas por el consumismo) consolidó su régimen. Fue más hábil que otros dictadores mucho más dotados intelectualmente.

Estupendo, enhorabuena al articulista. Quién hubiera podido estar ayer escuchando a Preston. El mérito que tienen los hispanistas es que no parten de nuestros sesgos, de los vicios de haber crecido dentro de nuestra sociedad. Los más afilados observadores suelen ser los que están hibridados de alguna manera. Un claro ejemplo es Max Aub, que gracias a su mezcla pudo describirnos lo que veía y sentía mucho mejor que alguien criado en el ambiente castizo puro, que lleva en el subconsciente grabados a fuego ya mil sesgos. Los hispanistas anglosajones, además, con su empirismo y su capacidad fantástica para categorizar lo que ven y para argumentar, son amenísimos.
En esta dirección, de ver lo que dicen los de fuera, es muy interesante siempre leer a los corresponsales en países extranjeros, quienes no se han criado con la lengua y las costumbres locales, y con interés e inteligencia tienen que descifrar el país para sus lectores o espectadores. Siempre me han parecido interesantes los programas en algunas televisiones públicas (el Presseclub de la ARD alemana o la tertulia de corresponsales en la tarde del 24h de TVE), donde los corresponsales en un país cuentan como ven las cosas desde su óptica lejana y cercana. Como lo es en los nuevos tiempos leer los blogs y las crónicas de los corresponsales extranjeros en nuestro país (y viceversa). Para acabar, ayer Paul Ingendaay cerraba su crónica en la FAZ (http://faz-community.faz.net/blogs/sancho/default.aspx) sobre nuestro país con unas ingeniosas frases para quitar hierro a tanta noticia mala y a tanta mala noticia: "Quería dejar esta crónica para dar qué pensar. Todo sigue y continúa, a pesar de los indignados, la crisis, Bankia nacionalizada o la prima de riesgo. La riqueza sigue su camino. Y la estupidez perdura eternamente."

AES, el reconocimiento como historiador de que goza Preston por esos mundos de ahí, descalifica tu crítica por sesgada y hasta mentirosa. Si te fijas bien, te darás cuenta de que la mayor parte de sus detractores son españoles y escriben curiosos libros de pseudohistoria que suele alabar a los que ganaron y se mete con los que perdieron, incluso muchos antes de que perdieran. Te recomiendo que repases la bibliografía de cualquier obra de Preston y la compares con las de tus "historiadores".

Magnífica columna, don Justo. Yo que acabe de decidirme a estudiar Historia después de asistir a una conferencia de Hobsbawm y que después seguí enganchado a historiadores británicos como E.P. Thompson, Christopher Hill y a las publicaciones de Past and Present, admiro profundamente la obra de Paul Preston desde aquel bombazo suyo de 'La destrucción de la democracia en España', por ahí anda mi edición de Turner, bien gastada y anotada como le corresponde. Lo disfruté aprendiendo, igual que hice unos años más tarde con la biografía de 'Franco'.
Ya no hace tantos meses que terminé de leer el estremecedor 'El holocausto español' del mismo autor y todavía recuerdo sus palabras, las suyas don Justo, en su artículo 'La masacre y la matanza', las recuerdo porque me parecieron acertadas y claras, permítame citarle: "El holocausto español de Paul Preston, ese título tan polémico cuyo exceso y analogía me incomodan", a mi también me incomoda lo excesivo, lo tremendo y de la analogía a la que se refería ya ni hablemos, pero el autor ha dado sus razones, incluso las etimológicas y yo se las acepto humildemente aunque como usted también pienso que "Quizá Paul Preston podía haber titulado su obra así: La matanza española. Tendría una significación muy precisa, muy exacta, dolorosamente castiza." Además esa incomodidad en mi caso es algo menor, algo residual que desaparece nada más abrir el libro y empezar a leer .
Hay quien tacha a Paul Preston de ser un izquierdista que utiliza su sesgada ideología para hacer agitprop en vez de historia, incluso desde una incomprensible insolencia se atreven a dar diplomas de idoneidad a los buenos historiadores (y desde luego, para esa gente, Preston no lo alcanza). Absurdo e innecesario me parece el debate, tan sólo prefiero citar el final del prólogo de 'El holocausto español' y desear que ciertos comentaristas críticos decidan leer a Paul Preston, sencillamente que decidan leer: "Innecesario es decir que esta es una obra científica y que los hechos del pasado pertenecen a la Historia. La divulgación documentada y veraz de los innumerables casos mencionados de personas responsables de actos de violencia durante la represión no puede ofender el honor de los allegados, cuyos sentimientos respetamos. La misión del historiador estriba en buscar la verdad, con independencia de los sentimientos que su trabajo pueda despertar. Todos los allegados de unos y otros cuentan con nuestro respeto y nuestra comprensión."

Preston es, básicamente, un propagandista, más que un historiador, que escribe con un sesgo manifiesto, y dedica sus páginas a intentar confirmar ciertas ideas básicas de la izquierda española, logrando su beneplácito, y por ende, la venta de sus libros. El hecho de que sea extranjero simplemente ayuda, y es valor agregado para él, que así obtiene una venta que no lograría en un lugar donde ser historiador significa ser profesional, objetivo (cosa que Preston jamás ha sido), y reunir ciertos valores técnicos que Preston no alcanza, siguiendo aquel viejo principio de que mejor ser cabeza de ratón, en un entorno donde sabe que destacará, aún solo por su origen extranjero (como si el serlo invalidara la incompetencia, el sesgo, o la falta de idoneidad), y donde obtiene una fama lejos de sus capacidades. Para leer novela histórica, cualquier tontería sajona da lo mismo... Mil páginas de extensión no convierten a un panfleto en tratado científico.

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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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