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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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De padre y muy señor mío

Por: | 09 de junio de 2012

SigmundFreud1926por Ferdinand Schmutzer1. Sigmund Freud a escena. Empecemos con una trivialidad. El padre es uno de los personajes esenciales de la vida. Le debemos parte de la existencia. E incluso lo que literalmente no nos concedió. Con él, todo son deudas... O, como se dice en castizo, con él estamos entrampados. Y sí, menuda trampa: le debemos lo heredado y también lo que suponemos que nos dio. Esto es un lío de padre y muy señor mío.

En tiempos de Sigmund Freud --a finales del siglo XIX y principios del XX--, el progenitor era también la figura indiscutida de autoridad. La madre representaba la ternura, los afectos, el roce carnal, la succión y la nutrición. En cambio, el padre encarnaba otro papel: era un tipo distante, externo, incluso malencarado, con un rictus que expresaba permanente enojo. Solía vestir de oscuro, con aspecto grave. Hemos de admitirlo: era todo un personaje...  

2. Desde tu butaca gobernabas el mundo. En 1919, Franz Kafka escribió una Carta. Permaneció inédita: luego se publicó como Carta al padre. Su progenitor era un tipo al que temía. Un hombre gigantesco --precisaba-- y sobre todo alguien que "podía venir a mí casi sin motivo alguno, sacarme de la cama en plena noche y llevarme a la terraza". Kafka, incluso maduro, seguía temiendo al padre. "Me sentía ya oprimido por tu simple corpulencia", admite. "Yo, flaco, débil, esmirriado; tu, fuerte, alto, de anchas espaldas", reconoce. "Desde tu butaca gobernabas el mundo. Tu opinión era justa; cualquier otra era disparatada, extravagante, absurda", dice en 1919.

Kafka y nosotros nos medimos con el padre real, pero también con su aura, con su representación. Para Sigmund Freud, el progenitor no sólo es una presencial real. Es también --y sobre todo-- un espectro interior, una figura interna, todo lo que de él hemos fantaseado. Menudo acarreo, menuda carga. 3. De padre y muy señor mío. De eso, de todo eso, tratan tres artículos que publica este mes la revista Ojos de Papel. ¿Tres artículos sobre el padre, sobre la figura paterna y con referencias al psicoanálisis? Escribimos Alejandro Lillo, María Verchili y un servidor.

Telefreud1"Vaya, ya es casualidad", dirá el lector. No, no es producto de la chiripa. Todo es resultado de un interés común por el psicoanálisis, por la televisión, por el cine. Pero hay, además, hay una percha de actualidad. La reciente aparición de un ensayo breve de Jorge Carrión titulado Telefreud (2012), del que nos advirtió Rogelio López Blanco.

Este texto prolonga su libro Teleshakespeare (2011), que en mi blog discutimos con mucha energía meses atrás. La ficción audiovisual --concretamente la televisiva-- nos da pie a debatir con ardor, con entusiasmo, de cualquier cosa. Por ejemplo, de zombis: una, dos y tres veces.

Ahora, nos ponemos serios y severos, aunque con un puntico de zumba. Por orden de aparición en el sumario de la revista, los artículos son éstos:



¿Se los van a perder?

El País

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