Resulta todo tan extraño... Parecemos instalados en la ficción. Yo paso unos días de ajetreo por culpa de un libro que acabo de publicar. Analizo novelas y, claro, todo se pega. Vivo confundiendo lo real y su doble.
¿Novelas, ficciones, dobles? ¿Recuerdan la historia de Roald Dahl? Me refiero a Charlie y la fábrica de chocolate (1964), que en película interpretó Johnny Depp: encarnaba a Willy Wonka.
Wonka era el jefe de los Oompa Loompa, un ejército de trabajadores calcaditos, repetidos hasta el vértigo: dobles... La versión cinematrográfica de Tim Burton (2005) fue muy celebrada en mi casa por grandes y pequeños. Como la novela de la que procedía.
No sé por qué, pero la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia me recuerda a la Fábrica de Chocolates Wonka: todo es tan irreal; todo se duplica o multiplica, los efectos, los defectos o los presupuestos; todo es tan empalagoso. O doblemente empalagoso...
Según recoge El País, Santiago Calatrava dice que no cobró mucho por sus proyectos en Valencia, que sus honorarios como arquitecto fueron incluso modestos: así es, unos cien millones de euros no resulta gran cosa si pensamos en el genio o en el ingenio que han derrochado. ¿Quiénes? ¿Quiénes han derrochado?
Los Oompa Loompa eran los ayudantes de Wonka en la ficción de Dahl, aquellos que hacían el trabajo, el esfuerzo: todos iguales, todos calcaditos. A veces pienso que los valencianos que pagamos impuestos somos como los Oompa Loompa: tan feos y descerebrados, sometidos gozosamente a una esclavitud que no perciben.
Pues no, señores. No todos somos equivalentes. Dijo Aristóteles que es una injusticia tratar igualitariamente a los desiguales. Como es intolerable tratar desigualmente a los iguales. Yo quiero ser considerado como Calatrava: la pena es que no tengo mucho ingenio.
Pero genio...: o, mejor dicho, mal genio, tengo un rato.