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Elogiemos ahora a Azorín

Por: | 15 de abril de 2014

BarojayAzorinenToledoaprincipiosdelNovecientosTodos las celebraciones que dediquemos a Azorín por su prosa tersa, sin ornamentos, son merecidas. Sabía expresarse, sabía decir maldades bien envueltas, sabía describir y sabía reconocer lo externo, incluso las virtudes de otros. No le dolían prendas (signifique esto lo que signifique) a la hora de admirar la excelencia ajena. No le dolían prendas si consideraba posible escribir un elogio de un amigo, de Pío Baroja, por ejemplo.

La Universidad de Alicante, con edición de Francisco Fuster, publicó tiempo atrás un volumen recuperado en tapa dura que lleva por título Ante Baroja (2012). Azorín se rinde, en efecto, ante Baroja. No es cicatero, ensalza sus méritos y se siente expansivo, contentísimo de poder difundir la obra de un gigante, de un Baroja que crece y se enternece. A lo largo de los años, Azorín ensalzó la producción torrencial del amigo, pero supo hallar las razones objetivas que explicaran su dedicación y su admiración.

AzorinLeo ahora el volumen que la editorial Fórcola ha publicado bajo el título de  Libros, buquinistas y bibliotecas. Crónicas de un traseúnte: Madrid- París. Las garantía que el editor nos da son irreprochables El prologuista es Andrés Trapiello. A él le debemos esas primeras páginas, algo desmadejadas pero siempre ocurrentes. Como suele ser habitual, Trapiello nos proporciona una idea entre líneas, un hallazgo entre una prosa escueta y asfixiada. Les animo a encontrarla. Vale la pena.

Luego viene la introducción del responsable del libro, Francisco Fuster. Se nota su habilidad, su capacidad. Destaca lo fundamental y traza un panorama rápido y comprensible de las relaciones humanas en la Edad de Plata. A la vez piensa y reflexiona sobre el libro, sobre la fe que los modernos profesan a la letra impresa. Y detalla algunos episodios del lector transeúnte que fue Azorín. Una briosa introducción que nos deja con ganas de leer al autor de ‘La voluntad’ (1902).

La literatura de periódico es honor y prez de la prensa española de aquel tiempo, esa primera mitad del Novecientos. Azorín supo escribir algunas de las piezas más memorables de este pensamiento urgente y volandero que es el columnismo. ¿Se relame con su prosa famosamente poética? No es así.

Azorín no se abandona al cultismo, al culteranismo, al manierismo. Azorín sabe enfrentar la realidad para comprenderse a sí mismo. Y los libros no son algo ornamental ni adventicio. Son útiles, herramientas, instrumentos. Cuando encontramos una idea aperovechable, cuando hallamos una formulación exacta, cuando tropezamos con un enunciado bello y útil, Azorín nos llena. Y además nos conmueve. Un hombre solo que lee, que aprende y que se expresa con ironías sutiles. Un placer.

A finales de mes, el 30 de abril, a las 19 horas, tenemos la presentación en Valencia de este volumen. Será en la Librería Ramon Llull (en la calle del mismo nombre). Formaremos parte de la mesa Francisco Fuster, Javier Jiménez (editor de Fórcola) y yo mismo: un servidor tratará de ensalzar el libro pues tiene merecimientos más que sobrados. Además será una ocasión espléndida para encontrarnos amigos reales y virtuales. O sea, que no me falten…

Me congratulo de que mi padre me insistiera con Azorín. Yo no quería saber nada de esa “momia del franquismo” (así lo denigraba como un ignorante). Mi padre no se rindió. Tal vez porque pensaba que yo no estaba totalmente perdido para la excelencia, para el disfrute de la frase exacta. “Lee su prosa. Sus novelas, sus artículos. Y verás”, me exhortó.

Yo felizmente le hice caso y nunca le agradeceré bastante que me descubriera La voluntad (1902). Más tarde me sentí muy bien acompañado cuando Mario Vargas Llosa dedicó su discurso de la Academia de la Lengua a su particular descubrimiento de Azorín. Mi padre, que había sido un lector frecuente de Vargas Llosa, ya no estaba allí para celebrar dicha elección: la de un Azorín que regresaba en este caso por la puerta grande.

Elogiemos ahora a Azorín.

 

Hay 2 Comentarios

Leer a Azorín siempre es un acierto.

http://casaquerida.com/2014/04/15/actores-nada-memorables/

Querido Justo: gracias por la parte que me toca de esta argumentada y sentida reseña, por acordarte de mi edición de "Ante Baroja" y por sumarte generosamente a esa prometedora presentación del día 30 en la Librería Ramón Llull. Si algo que me gusta especialmente es que los lectores de Baroja, Camba o Azorín, me digan que estos autores les recuerdan a sus padres. Mi padre no ha sido nunca lector (sí, y mucho, mi madre) y no sé qué se siente, pero debe ser una sensación especial esa que describes con palabras cariñosas. Me enorgullece saber que disfrutas con la lectura de mis ediciones de Azorín y me alegra mucho descubrir que, de alguna manera, mi acercamiento - que también ha sido el tuyo - a estos autores de la Edad de Plata tiene ese recuerdo paterno como trasfondo. Sobre el nombre de Azorín cayó hace mucho tiempo la pesada losa de su vinculación real con la ideología conservadora y de relación - más discutible o matizable - con el franquismo. Eso hizo que muchos españoles de izquierdas lo condenaran a un olvido inmerecido del que, por suerte, parece ir saliendo poco a poco gracias, sobre todo, a que lectores generosos y sabios saben apreciar el valor literario de una obra por encima de las ideas personales de su autor.

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Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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