Berna González Harbour

¿Nos miramos en el espejo irlandés?

Por: | 27 de junio de 2012

Isabelii
Foto: Paul Faith (AFP)

Cuando Martin McGuinness, uno de los exlíderes del IRA, se convirtió en ministro de Educación en el primer Gobierno compartido de Irlanda del Norte, la comunidad protestante no podía soportar la idea de que él estuviera al mando de los colegios en los que estudiaban sus propios hijos. Pronto logró aprobar los primeros presupuestos libres de la provincia para rehacer con ellos decenas de escuelas depauperadas. Aquello sentó bien.

Sabemos de sobra que cualquier paralelismo entre el conflicto irlandés y el vasco es terreno altamente poroso. Sabemos que el recuento de muertos católicos y protestantes y de los cientos de presos que sumaron los terroristas de ambos bandos conformaron una macabra balanza que no tiene equivalente en el caso español. Lo sabemos, sí, y, sin embargo, el conflicto norirlandés nunca ha dejado de ser el espejo en el que ETA y los abertzales encontraron un modelo en el que mirarse, en lo malo y en lo menos malo, y cuyo proceso de paz el Gobierno y la sociedad española miramos con sanísima envidia.

También hoy. Catorce años han pasado desde que los partidos de Irlanda del Norte, católicos y protestantes, firmaron un acuerdo de paz que —se lo aseguro— se siguió y celebró con más entusiasmo en España que en las islas de Gran Bretaña e Irlanda. En aquellos días de 1998 a 2000, la devolución de la autonomía a Irlanda del Norte no se acompañaba de declaraciones solemnes, ni de ceremonias, ni de apretones de manos siquiera. Los nuevos gobernantes, antes enemigos, simplemente echaban a andar mirándose de reojo, en el mejor de los casos.

La prensa —británica e irlandesa— destacaba los tropiezos, los palos en la rueda y todo lo que faltaba para que la paz fuera real. Los medios de Londres resaltaban los incidentes que aún se vivían en las noches de Belfast, con jóvenes católicos que aún atacaban tanquetas británicas, las nuevas pintadas que manchaban el nuevo escenario de paz y la lentitud del desarme. Y los medios irlandeses subrayaban las barbaridades que aún decía Ian Paisley, el reverendo radical protestante que tardó unos años más en apuntarse a la nueva era, y el aplazamiento de la desmilitarización. Todo parecía siempre a punto de descarrilar.

Las primeras peticiones de perdón por parte de los presos no eran publicitadas y los encuentros entre víctimas y verdugos tardaron en celebrarse y en salir a la luz.

Pero la paz, se ha dicho de sobra, se hace entre enemigos. El saludo que ayer se intercambiaron el mismo McGuinness y la reina de Inglaterra emerge estos días como otro ángulo del espejo en el que nos podemos mirar. ¿Podría ocurrir entre un exetarra reconvertido en gobernante y el Rey? Los paralelismos son porosos, sí, y el mundo abertzale vasco nunca ha tenido un liderazgo fuerte como el que representaron McGuinness y Gerry Adams para arrastrar a la banda armada al terreno de la paz. Aquí todo es más difícil de imaginar, pero los primeros pasos están innegablemente dados y ¿qué son al fin y al cabo 14 años?

Para la historia, son solo cinco minutos.

Cuidado con la postecnocracia

Por: | 17 de junio de 2012

 

Hay quienes culpan de lo que está sufriendo Grecia a sus propios engaños, al maquillaje con el que ocultaron sus agujeros Goldman Sachs mediante, y hay quienes culpan directamente a Merkel, a la austeridad y a los rígidos programas impuestos por la troika a cambio del rescate. Pero la tragedia que está viviendo Grecia no es solo resultado de ambas cosas, ambas caras de una moneda que aún está girando despistada y peligrosamente sin encontrar sitio en el suelo. Buena parte de la culpa hay que endosarla también a la ligereza con la que hemos asumido la victoria de la tecnocracia.

Que el Gobierno de tecnócratas encabezado por Lukas Papademos fue una salida digna a la crisis creada cuando el socialista Papandreu se vio obligado a dimitir en otoño es una realidad. Se trataba de un ex vicepresidente del BCE que pareció digerible al dividido Parlamento griego incapaz de llegar a otros acuerdos y homologable a unos socios europeos espantados entonces por la propuesta de un referéndum que querían evitar.

El problema vino después: ¿Qué puede llegar después de la tecnocracia? ¿Qué salida le queda a un pueblo que ha visto fracasar a sus políticos? ¿Qué capacidad de regeneración pueden tener los partidos que no han logrado evitar el abismo, que no han sido capaces de retener la soberanía para Grecia y de pilotar una salida de la recesión? Entre nula y escasa.

La voladura incontrolada del bipartidismo que vivió Grecia en las elecciones del 6 de mayo ha colocado a Europa ante un peligro mayor que el de la crisis: el de la democracia inservible. Fracasados los grandes partidos, los griegos probaron suerte con nazis, con la izquierda radical y otros antes marginales. El resultado de mayo fue una ingobernabilidad sin apenas margen para la vertebración y salvación del euro. El de este domingo está por analizar.

El camino que abrió Grecia continuó después en Italia. Mario Monti (ex comisario europeo y es asesor de Goldman Sachs) dirige la economía italiana con el permiso de unos partidos de izquierda y derecha suficientemente comprometidos con que no se hunda el país, pero suficientemente asustados, también, ante la idea de que en algún momento las urnas luego les pasen factura. ¿Y después qué?

Portugal y España tienen un activo: Sus políticas, aunque impopulares, están regidas por Gobiernos elegidos en las urnas y endosadas por sólidas mayorías parlamentarias e incluso por la oposición. Un valor que no sólo no se debe menospreciar, sino al que hoy debemos aferrarnos. El Partido Social Demócrata del primer ministro Passos Coelho (conservador), ligado con el CDS, sufre desgaste, pero no deslegitimación. En España, el Gobierno popular de Mariano Rajoy ha cometido graves errores e imprevisión y no debería usar la mayoría absoluta para eludir la transparencia y el control, pero no está en cuestión.

Los gobiernos de tecnócratas han sido una solución temporal y de emergencia ante la alternativa del caos institucional. Que puedan desembocar en una nueva etapa de confianza en la clase política, de validez de la ideología y que devuelva las riendas a las organizaciones democráticas que deben vertebrar nuestro sistema político es algo por demostrar. Cuidado, pues, con la postecnocracia.

 

Referéndum mejor griego, no alemán

Por: | 18 de mayo de 2012

La noticia insólita de que Angela Merkel ha propuesto al presidente griego la celebración de un referéndum sobre el euro paralelo a unas complejas elecciones que pueden confirmar un mapa de ingobernabilidad fatal en Grecia es una de las paradojas más descarnadas de todas las que rodean esta crisis.

Por algo no muy diferente, la propuesta de celebrar un referéndum sobre las condiciones del rescate, acabó cayendo en horas el último primer ministro elegido en las urnas en Grecia, el socialista Yorgos Papandreu, que sorprendió al regresar a Grecia tras una cumbre del G20 al sugerir la consulta ciudadana. La propuesta, y el hecho de que no la hubiera comentado con sus socios de la UE, generó una tormenta y un escándalo que derivaron en su dimisión y en la agónica elección de un nuevo primer ministro en las filas de la tecnocracia. Y ahí seguimos. El siguiente primer ministro, Panayotis Pikrammenos, el actual, tampoco ha salido de las urnas.

Sea o no sea verdad, el anuncio, realizado por la oficina de este primer ministro interino, coloca en un punto complicado la relación con Berlín, que ha tardado minutos en desmentirlo como "información incorrecta".

¿Ha sugerido Merkel al presidente griego la celebración de un referéndum? Asunto delicado, huele a intromisión de la poderosa Alemania en los asuntos internos griegos. No tardó mucho el nuevo partido estrella, el izquierdista Syriza, en acusar a Merkel de tratar a Grecia como un protectorado.

¿No ha sugerido Merkel al presidente griego la celebración de un referéndum? Asunto también complicado, al implicar que Grecia ha mentido sobre las presiones de Merkel.

La confusión es grande y añade minas al frente de batalla. No ayudará a la solución de la crisis que los griegos sientan la larga mano alemana en su política.

Lo cual no debe ocultar algo innegable: no habría estado mal un referéndum sobre el euro y las condiciones que se imponen para seguir en él. Pensado y organizado por Grecia. Imaginen. Si se hubiera celebrado en otoño. ¿Cuántos problemas nos habríamos ahorrado? ¿Y cuántos más estamos dispuestos a crear?

 

Rayos y truenos de una tormenta perfecta

Por: | 16 de mayo de 2012

Tres son los escenarios nuevos en los que la estrategia alemana del pacto de austeridad se hunde en el barro: 

1) Grecia, donde la ingobernabilidad ha ganado las elecciones; 2) Francia, donde la regia imagen de Hollande en su toma de posesión es todo un regalo de estabilidad institucional en medio de la tromenta y a pesar de los relámpagos que le hicieron regresar a París; y 3) Renania del Norte-Westfalia, donde el ascenso socialdemócrata marca una herida nueva para Angela Merkel. Aunque este sea el menos importante de los tres, paradójicamente es el que puede generar más cambios.

Y tres son los actores necesarios con los que la solución de la crisis debe empezar a contar:

1) La izquierda. El sonoro retroceso de la CDU de Angela Merkel en el land más poblado e industrializado del país impulsa a un nuevo actor en el escenario europeo: el SPD. El partido socialdemócrata alemán, desdibujado tras la última gran coalición en Alemania y castigado también por haber sido artífice de las impopulares reformas del canciller Gerhard Schröder, está recuperando una posición necesaria, urgente, en el debate europeo. Este martes, el SPD ha divulgado un programa en el que hace suyas las consignas de François Hollande para intentar fomentar el crecimiento: impuesto a las transacciones financieras; inversiones por parte del Banco Europeo de Inversiones; mejor uso de los fondos estructurales y bonos para financiar proyectos de expansión. El SPD, el socialista Hollande y la izquierda griega convertida en tercera fuerza con su discurso simple de "euro sí, pero estas condiciones para el rescate no" son nuevos personajes en el escenario con los que los líderes que han dictado las políticas hasta la fecha no pueden dejar de contar.

2) Los ciudadanos. Resolver crisis institucionales a base de soluciones tecnocráticas trabajadas en los despachos es una práctica que debe llegar a su fin. La elección de Papadimos en Grecia y de Monti en Italia sirvieron para apagar los fuegos que amenazaban con llevarse por delante ambos países el pasado otoño, pero la democracia puede más. Los ciudadanos han hablado en Grecia y han dado la espalda a los grandes partidos que pactaron las duras condiciones del rescate de su economía. El último intento del presidente Papulias de que el nuevo Parlamento atomizado e incapaz de gobernar elija un gobierno de notables ha fracasado. ¿Con qué argumentos iban los electos a explicar a sus votantes que ahora les gobernarán unos señores que no han pasado por las urnas?

3) Las instituciones comunitarias. ¿Quién dijo que no hay mimbres para una opinión pública europea? La gran noche electoral que vivió Europa el 6 de mayo ayuda a derribar el mito de una Unión sobre el papel que no sabe forjar una narrativa conjunta. Desde Sevilla a Estocolmo, los europeos estábamos atentos al veredicto de las urnas en Francia (presidenciales), Grecia (legislativas), Italia (municipales) y Alemania (regionales), conscientes de que en todos esos lugares también se estaba escribiendo nuestro futuro.

Estos días, el clamor en busca de una solución que apacigüe la inestabilidad del euro y la expectación ante los siguientes pasos que den todos los actores se han disparado en un termómetro único que no es de papel. El propio Parlamento Europeo, que ve cómo los líderes toman decisiones pasándose por alto las instituciones comunitarias, ha celebrado estos días un debate ardiente sobre su propia impotencia.

"Sufrimos un déficit de democracia grave. El Pacto fiscal ha sido aprobado por Gobiernos sin que pase por el Parlamento Europeo. No hay un control legislativo del ejecutivo", denunció Daniel Cohn Benditt en la sesión que intentaba celebrar el Día de Europa en la Eurocámara.  "La solución está en el compromiso solidario. Alemania ha tardado en comprender que su economía también depende de cómo le va a la zona euro, pero al fin ya es consciente y reaccion", dijo Pervenche Berès, socialista francesa y presidenta de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales de la Eurocámara.

El nuevo presidente del Parlamento Europeo, Martin Schultz, emerge en el mapa como un personaje interesante: socialdemócrata alemán, mantiene una interlocución privilegiada obvia con Berlín y un afán de devolver a Bruselas algo del fulgor perdido.

El propio Hollande ha defendido que el eje franco-alemán deje de ser un duopolio. Es hora de recuperar el espíritu comunitario de Bruselas frente al intergubernamental que impusieron Merkel y Sarkozy.

¿Será posible?

El rayo que ayer cayó sobre el avión de Hollande y le hizo regresar a París es la metáfora brutal de una Europa bajo una tormenta perfecta. Pero no ocultó otro rayo, uno de esperanza, la que Hollande quiso convertir en hilo conductor de su discurso y de una nueva era en Europa. Más nos vale apostar por éste.

 

 

Hollande ya ha ganado

Por: | 06 de mayo de 2012

Pase lo que pase hoy en Francia, el candidato socialista, François Hollande, ya ha ganado. La forma en que los líderes europeos se han ido sumando a su petición de que el crecimiento, la inversión y el empleo se sumen al pacto de austeridad firmado por 25 de los 27 países miembros de la UE para someter a control las cuentas públicas es ya un éxito que no morirá aunque Nicolas Sarkozy rompa los pronósticos que están dando todos los sondeos y gane.

Hasta hace bien poco hablar de crecimiento era casi un anatema en una Europa plegada al deseo alemán de austeridad a cualquier precio. Primero fue Mario Draghi, presidente del BCE, no en vano la institución más activa en el apagado de los incendios europeos en los dos últimos años. Después fue Mario Monti. El sábado ha sido Oli Rehn y, a lo largo de estos días, la filtración tan bien contada por Claudi Pérez de que Bruselas prepara ya una suavización de la exigencia de consolidación fiscal.

La sección de Internacional de EL PAÍS, incluidos los corresponsales y enviados especiales, está a punto de comenzar la larga noche electoral europea. Miguel Mora, Ricardo Martínez de Rituerto y Ana Teruel desde París; María Antonia Sánchez Vallejo desde Atenas; Pablo Ordaz desde Roma; y Juan Gómez desde Alemania. Por primera vez, y más que en unas elecciones al Parlamento Europeo, domina la sensación de que que no estamos hablando de unos comicios solo nacionales o locales. La crisis, las respuestas acuciantes a esta emergencia económica y el modelo de una Europa que, mal que bien, intenta navegar unida, han unido hoy a los ciudadanos en un mapa interactivo que nos afecta a todos. Lo que pase en Marsella o Alsacia nos afecta en Galicia. Lo que voten en Atenas importará a Holanda. Lo que elijan en Schleswig-Holstein será seguido en Nápoles.

¿Estará ahí el germen del relato que necesita Europa, de la nueva narrativa que logre amalgamar una nueva opinión pública europea y del que se habló en las jornadas europeas esta semana en Santiago?

Hoy, como nunca recordamos, todos los europeos miramos a las urnas de Francia, Grecia y un land alemán donde la CDU de Merkel puede perder su primacía.

Y sabemos que pase lo que pase, Europa ha empezado a cambiar.

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Actualizo esto cuando se conoce ya la victoria de Hollane y otros datos de esta noche electoral. La sensación es agridulce: la cara de las noticias esperanzadoras de Francia tiene su cruz en Grecia, donde los neonazis, la extrema izquierda y otros radicales serán claves en el Parlamento. Una Grecia ingobernable es una Grecia candidata abandonar el euro.

 

 

El pacto fiscal sí es negociable

Por: | 28 de abril de 2012

 

Sostiene Angela Merkel que el Pacto de austeridad fiscal no es negociable. Que ya ha sido firmado por 25 de los 27 Estados miembros de la Unión Europea y ratificado por dos de ellos, precisamente Grecia y Portugal, dos de las economías intervenidas. La tercera que cayó en ese abismo, Irlanda, se presenta rocosa con un próximo referéndum que será difícil. Recordemos las vueltas que dio la fallida Constitución europea hasta lograr el sí irlandés, ya en forma de tratado de reforma enormemente alejado de la ambición original.

Pues bien. ¿Qué ocurrirá si Francia se niega a ratificar el Pacto fiscal tal y como está? ¿Si no se le añade un anexo, como quiere François Hollande, que recoja mensajes más positivos para el crecimiento? Estamos hablando de un mayor papel del Banco Europeo de Inversiones, del impuesto a las transacciones financieras, de un reparto inteligente de los fondos estructurales y de otras medidas que empiecen a cambiar la dinámica de los recortes con cero inversiones.

No pasa nada. Europa se ha construido a base de idas y vueltas, de pasos al frente y hacia atrás, de correcciones, y nada es irreversible. La citada Constitución ya había sido ratificada por varios Estados miembros -entre ellos España en referéndum- cuando Holanda y Francia se plantaron con un "no" que puso el freno al proyecto de unidad política de mayor envergadura que había albergado la Unión Europea. Todo se renegoció, claro que se renegoció.

En aquella ocasión, el frenazo franco-holandés hizo dar marcha atrás a una mayor dosis de integración mientras marcaba los límites de la voluntad real de los europeos de a pie.

En esta ocasión, modificar el pacto fiscal en su estado actual (basado en las medidas procíclicas que acentúan la recesión) para añadirle el anexo del crecimiento (medidas anticíclicas) sólo puede mejorar la situación económica y, con ella, empezar a frenar lo que urge frenar: esa desafección creciente por este proyecto que los europeos están empezando a sentir como ajeno. Cierto que, a diferencia del caso anterior, este pacto fiscal solo requiere la ratificacion de doce estados para echar a andar. Pero ¿Alguien puede imaginar que Francia quede fuera, que se parta el eje que debe ser motor del funcionamiento europeo? No por casualidad España (que siempre suele situarse en primera fila) y la mayoría de los estados están esperando al resultado en Francia antes de iniciar sus procesos de ratificación. Aguardan calladamente que el pacto fiscal si se pueda renegociar.

 

 

 

La final para España se juega en Francia

Por: | 26 de abril de 2012

Este blog nació para contarles a ustedes cómo trabajamos, pero hoy escuché una conversación casual de unos estudiantes de Periodismo que me dio que pensar. "Estoy harto de este curso", decía uno a otro. "Hemos venido a estudiar periodismo y estamos en cada clase oyendo a los profesores hablar de la crisis del periodismo, en lugar de enseñarnos a hacer periodismo".

Cierto, nos pasamos el día hablando de nosotros mismos y de nuestra crisis. Así que vamos a cambiar el paso. El tema es otro.

No hay duda de que el cambio cultural que supone despojar al sistema sanitario de su carácter de derecho universal es la mayor historia que está viviendo España en estos tiempos turbulentos. Hay otras a la altura: la destrucción de nuestro esfuerzo en I+D y la masacre de la educación pública, por ejemplo.

Pero de este campeonato entre problemas y soluciones, la final, el partido definitivo, se está jugando en Francia.

Tras la primera vuelta de las elecciones francesas dos son las cuestiones que se han calentado hasta niveles de alarma en el país vecino:

- Una es la utilización del inmigrante como chivo expiatorio, el viejo deporte al que se ha sumado Sarkozy de forma irresponsable.

- Otra es el clamor que empieza a barruntarse en toda Europa en contra de los ajustes (véase artículo en WSJ) dictados bajo la batuta de Angela Merkel

Veamos el primer punto. La UMP, el partido de Sarkozy, anuncia por ejemplo que los imanes han ordenado a sus fieles votar a Hollande. Dos diputados aseguran que la orden ha salido de 700 mezquitas, sin aportar prueba alguna y sin que los que se han preocupado de buscar tal llamamiento lo hayan encontrado. No sólo vemos la sucia y vieja táctica de emborronar al contrario con falsedades sin demostrar, sino también cómo se azuzan los peores sentimientos xenófobos para descalificarle.

Otro ejemplo: "El Partido Socialista quiere dar derecho a voto a los extranjeros". Lo está repitiendo Nicolas Sarkozy y su equipo como acusación letal para Hollande.

Es peligroso. La vieja Europa de los derechos y libertades se arruga. En España, la nueva legislación sanitaria no sólo recorta los derechos, sino que lleva acoplada una asociación de fuerte contenido ideológico entre el inmigrante y el despilfarro. Los argumentos de barra de bar se han trasladado a la política y, por primera vez en España, el partido gobernante utiliza al enemigo exterior (y al interior: las comunidades autónomas) para ganar un poquito de calor popular en medio de tantos recortes.

La tarjeta sanitaria "corresponde a los españoles", dijo Ana Mato, la ministra de Sanidad, avalando esa nueva cultura que asocia el derecho al nacional, y no por ejemplo a quien trabaja o a quien enferma en nuestro país. No nos extenderemos más en ello.

El clamor contra estos recortes por fin ha explotado en Europa, y no precisamente porque a los mercados les preocupe el sufrimiento de un inmigrante irregular o de un parado español. Los presupuestos no van a funcionar, la larga recesión engulle a Europa y las protestas tienen tres palabras mágicas: políticas de crecimiento.

Hoy, desde los capitanes de la revolución de los claveles en Portugal hasta los ciudadanos holandeses que contemplan cómo la crisis económica  e institucional ya no es noticia de Grecia, sino de sí mismos. Desde los sindicalistas españoles hasta el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, o el ex primer ministro italiano Romano Prodi, todos empiezan a hablar del fracaso de los ajustes. Crecimiento es lo contrario.

Por ello, porque el partido se juega el 6 de mayo en Francia entre la esperanza que despierta Hollande, que promete plantarse ante Merkel, y el presidente Sarkozy, que se plegó ante Berlín, la final de este campeonato, también para la selección española, se juega en París.

 

 

Así era EL PAÍS en 2002

Por: | 21 de abril de 2012

Portadas-francia1

¿Cómo serán las elecciones francesas de 2017? ¿Y cómo será la cobertura de EL PAÍS? ¿Qué habrá ocurrido en el mundo, en Francia, en España y en el universo de la comunicación que las hará diferentes a 2012? ¿Habrá crisis? ¿Y habrá realmente una portada de EL PAÍS como la que abre este comentario o nuestra portada será solo web?

SiemprFrancia-3e que un editor se propone planificar la cobertura de unas elecciones, lo primero que suele hacer es buscar cómo se cubrió en ocasiones pasadas. El ejercicio es saludable y suele deparar sonrisas por alguna ingenuidad ya superada, nostalgia de viejas firmas tal vez desaparecidas y asombro ante un escenario cambiante que solo la foto fija extraída del pasado nos ayuda a dibujar.

En este caso hemos buscado qué hicimos en 2002 y en 2007 y lo que vemos, desde entonces hasta ahora, no es un simple remozado, es una transformación brutal entre la Francia más segura y la que hoy vive angustiada por la crisis. En lo que nos toca, y ya que este blog ha nacido para intentar explicar lo que hacemos en la sección de Internacional de EL PAÍS, lo ocurrido es la evolución de un periodismo sólo de papel, en el que disponíamos de 24 horas para planear el tiro, a uno orientado además a la cobertura online. La revolución, en suma.

Repasemos. A Francia y a EL PAÍS.

La Francia de 2002 sorprendió con la humillación y el hundimiento del líder socialista, Lionel Jospin, que no logró pasar a la primera vuelta frente a un rabioso Le Pen que convenció a más votantes. Joaquín Prieto, corresponsal de EL PAÍS, describió cómo el rechazo a Europa, la xenofobia, el odio al musulmán, el miedo a la inseguridad y la debilidad de Jospin convirtieron la segunda vuelta en un dramático intento de devolver a los corrales a Jean Marie Le Pen, el ultraderechista que con solo 17,07% de los votos dio la voz de alarma de una Europa que se empezaba a volver más compleja.

Portadas-francia2

Los socialistas iniciaron entonces una travesía en el desierto que sólo cerrarán si, como prevén las encuestas, Hollande se convierte en el futuro presidente de Francia. Léase "El socialismo francés queda a la deriva" o véase en la portada expuesta aquí arriba.

Francia-5La delincuencia era entonces la máxima obsesión de los franceses. Y esa voz de alarma era un preludio de una xenofobia que ha seguido cabalgando en Europa y que hoy, en plena crisis, se configura como una de las mayores amenazas a la convivencia en Europa.

EL PAÍS contó entonces con las sólidas crónicas de Joaquín Prieto, de Octaví Martí ("La izquierda plural estalla...", por ejemplo) y de Miguel Angel Bastenier (Un clamor pide la VI República) en París, análisis como éste de Lluís Bassets sobre la "lepenización de los espíritus" o El temible ideario de un viejo fascista. Carlos Yarnoz, entonces corresponsal en Bruselas, nos alertaba ya entonces de la derechización de Europa. Y no os perdáis una perla del querido José Vidal-Beneyto, una voz sabia que crecía en conciencia social cuanto más envejecía, si cabe: ¿Fascismo o ruptura política?

 

En 2007, la gran historia en las presidenciales francesas fue que por primera vez una mujer, Ségolène Royal, libraba la batalla desde la izquierda contra un Sarkozy que prometía el cambio, la nueva cultura del mérito y el aplauso a la Francia "que se levanta temprano".

Francia-7Francia estaba entonces en plena bonanza económica, Europa esperaba ansiosa un nuevo dirigente con el que encauzar un nuevo texto constitucional tras el fracaso en referéndum de la primera versión.

Había nubarrones, claro. La desafección de la banlieue era uno. Sarkozy había incendiado los suburbios cuando, tras la muerte de un muchacho, había visitado uno de esos barrios y había prometido "limpiar con la karcher esa basura". La consigna se convirtió en: Todo menos Sarkozy.

 

El miedo a la globalización era otro. Lo narró Guillermo Altares desde Clermont-Ferrand en Cuando Michelin tose, Francia se resfría. El terror a un mundo cuyas finanzas y comercio se globalizaban mientras las políticas seguían siendo locales recorrió Francia y alertó sobre el gran fracaso que se materializó años después con la Gran Depresión.

Entonces, José María Martí Font era el corresponsal de EL PAÍS en París (véase por ejemplo Sarkozy promete enterrar Mayo del 68), Octavi Martí le acompañaba, y firmas más jóvenes se incorporaron a la cobertura, como Altares como enviado especial y Ana Carbajosa como corresponsal en Bruselas (Europa espera a Sarkozy). Andréu Missé era el delegado en Bruselas (Un eje franco-alemán socialista). Joaquín Prieto no podía faltar y reforzó la cobertura en la segunda vuelta, con especial atención al histórico debate entre Royal y Sarkozy.

Francia-8También hay perlas para los nostálgicos de seres queridos como Carlos Mendo (Gallia est divisa...) y Peru Egurbide (Zapatero confía en Sarkozy para impulsar la UE)

Si el buen Peru levantara la cabeza, qué reflexión tan triste haría de un Sarkozy que hoy denigra a Zapatero en un ataque electoralista que no es propio de un jefe de Estado. ¿Y qué reflexión haría de ese impulso de la UE? Lo dejaremos para otro capítulo.

¿Y hoy, en 2012?

España y el resto de Europa estamos atentos a Francia, contemplando:

- Primero: Cómo el gran vecino puede prorrogar a un Sarkozy hiperactivo que no ha logrado cumplir sus promesas de cambio, o apostar por un Hollande que someta a revisión el fundamentalismo de la austeridad. Esta segunda opción es de vital importancia para España, que está comprobando cómo la era del recorte sin medidas de crecimiento nos ahoga hasta lo indecible.

- Segundo: Hasta dónde crecen y suman Marine Le Pen y unas opciones antisistema que han encontrado siempre en Francia un terreno muy abonado para prosperar.

Francia-9Todos contemplamos todo esto, y los periodistas contemplamos además nuestra propia crisis y nuestra revolución. Queremos contarlo bien y tenemos para ello nuevas herramientas fantásticas (la inmediatez, el espacio infinito de la web) y circunstancias adversas: la propia caída de nuestro negocio, que nos hace medir cada gasto, y la competencia con rivales que poco tienen que ver con la exigencia de rigor. ¿Cómo hacerlo?

En la cobertura de 2012, Miguel Mora es nuestro corresponsal en París. Ricardo Martínez de Rituerto, habitual corresponsal en Bruselas, es nuestro enviado especial. Ana Teruel, nuestra colaboradora. Joaquín Prieto, hoy editorialista, mantiene su presencia a través del blog Mayo francés. Lluís Bassets, Torreblanca, Christine Okrent, Andrés Ortega, entre otros analistas, y un gran equipo de Internacional en Madrid luchan estos días para mantener un gran nivel, en web y papel.

¿Alguien dijo que estábamos mal?

Disfrútenlo.

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La hipocresía de Europa

Por: | 30 de marzo de 2012

La fragata Méndez Núñez / Foto: MDF


Cuando Estados Unidos y Europa lograron el increíble éxito de que el Consejo de Seguridad de la ONU autorizara la operación en Libia, en un movimiento que aún guarda un coste monumental para la siguiente revolución (la siria), lo hizo con base a un elemento clave: los civiles. Esa fue la palabra mágica para que Rusia y China, los dos gigantes díscolos del club, tragaran con una intervención que realmente no querían. Fue así como, el 17 de marzo de 2011, el Consejo de Seguridad permitió "tomar todas las medidas necesarias" en Libia para "proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de ataques". Con esas pinzas diplomáticas se sostuvo frágilmente la operación militar que arrancó el 19 de marzo, dos días después, y que desbordó ampliamente la "exclusión aérea" aprobada con la excusa de proteger a los civiles por doquier. Muerte de Gaddafi incluida.

No pasó mucho tiempo más para que, el 26 de marzo, barcos de la OTAN, entre ellos la fragata española Méndez Núñez, recibieran una alerta para socorrer una barca cargada de refugiados que intentaban huir de la guerra libia. Unos setenta náufragos estaban en peligro, sin agua ni comida, y fueron muriendo sin socorro, sin que que nadie se tomara la molestia de movilizar sus helicópteros o barcos de salvamento para rescatarles, como ha reflejado la investigación del Consejo de Europa.

Cómo esos ciudadanos habían abandonado el estatus de "civiles" dignos de una intervención militar de la OTAN para pasar al de "inmigrantes", indeseados, a los que cerrar el paso e inmerecedores del movimiento de una fragata, es la pregunta que hoy debemos responder. La OTAN ya ha hablado y ha reconocido que alertó a los buques situados en la zona. El Ministerio de Defensa español lo niega. Unos y otros deben dar una explicación creíble si quieren borrar la sospecha de la gigantesca hipocresía europea ante la inmigración.

¿España es menú o es comensal?

Por: | 30 de marzo de 2012

Puertas-abiertas¿Recuerdan esos tiempos en que los analistas españoles viajábamos a lugares como Kosovo o Azerbaiyán para intentar comprender Estados en conflicto o en plena construcción? El modelo español era siempre una referencia bienvenida ante los nuevos países que se empezaban a formar tras la caída del muro y la disolución de los regímenes comunistas. Hoy, los analizados somos los españoles.

Lo contó Jordi Vaquer, director del Cidob, al presentar esta semana en Madrid el European Foreign Policy Scorecard 2012 (véase crónica de Andrea Rizzi). Se oyeron muchas cosas interesantes en ese acto en Madrid, y esta frase de Vaquer, también columnista de EL PAÍS, fue clarificadora: "Si no estás en la mesa, estás en el menú. Antes nosotros investigábamos a los demás. Ahora son los think tanks de China los que llaman a nuestra puerta para entrevistarnos, para investigar España e intentar comprender qué está pasando, qué está fallando".

Y lo que está pasando lo definió Javier Solana con la misma claridad: Si hoy contamos cuatro países europeos entre los diez países más ricos del mundo, en 20 años serán 2, en 30 años, uno, y en 40 ninguno. Eso es lo que está pasando. "¿Y qué hacemos con este dato? Podemos ponernos a llorar o podemos unirnos. Y solo entonces, si nos unimos, Europa seguirá estando entre las 10 primeras potencias mundiales dentro de muchos años".

El ex responsable de Política Exterior y Seguridad Común de la UE dio algunas claves para empezar a actuar, más allá de fortalecer la gobernanza del euro y el proyecto europeo global. A saber:

- Urge forjar unas sólidas relaciones con Polonia. Polonia entrará en el euro y ese día todas las relaciones cambiarán. Alemania será diferente. Europa será diferente.

- Relaciones nuevas con Turquía, la que dijimos que íbamos a tener. Turquía en política exterior es más importantes que la UE en su conjunto.

- Rusia: Se puede hacer más, mucho más, especialmente desde que está en OMC.

- Ciudadanía. Esa difícil tarea que es la conexión con la ciudadanía europea.

Hasta aquí, los consejos para los gobiernos. Interesantes. ¿Y para esos analistas que antes estudiábamos Azerbaiyán y que hoy repetimos curso, como alumnos malos, para empezar por analizar esa España que creíamos ya articulada y que se ha trabado como una asignatura imposible? Para nosotros también tuvo consejos Solana, que repartió estopa (cariñosa) contra esos artículos críticos con la Unión Europea de José Ignacio Torreblanca o Lluís Bassets, allí presentes, y apeló a un "apostolado" aún necesario. "Si tiramos piedras contra ese tejado que aún es frágil cometemos un gravísimo error. La solución es Europa, no el problema".

¿Somos menú o comensal? ¿Hacemos apostolado o una crítica exigente a Europa? Las preguntas quedaron flotando en una sala pequeña y a medio llenar. Y es que la distancia del público de las asignaturas pendientes nos deja en evidencia, a los analistas también.

 

 

Sobre la autora

Berna González Harbour es subdirectora de EL PAÍS, responsable del área Internacional. Antes estuvo a cargo de la sección de vida&artes, donde intentó reflejar las tendencias y debates que retratan esta sociedad. Ha sido redactora jefa de Internacional, corresponsal en Moscú y enviada especial en una veintena de países.

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